Guerra social romana
o Guerra mársica (bellum marsicum) o Guerra italiana (bellum italicum) en los textos antiguos, "Guerra de los aliados" (socii), propiamente dicha, o "Guerra Social" en la historiografía moderna. Constituye la primera de una serie de "guerras civiles" (94-31) que, de forma intermitente, enfrentaron a los romanos con los itálicos, primero, y posteriormente a las diversas facciones políticas de la sociedad romana dirigidas por sus respectivos líderes en una lucha incesante por el control del poder durante el último siglo de la República: Sertorio (82-72) contra Sila y Pompeyo; César contra Pompeyo (49-48) primero y cesarianos contra pompeyanos después (48-45); en fin, Marco Antonio contra Octavio (36-31 a.C.). Pero también estos enfrentamientos eran la consecuencia de la propuesta de alternativas políticas diferentes emanadas de la nobilitas senatorial y encaminadas a salvar la respublica iniciándose así un proceso que no concluirá hasta la instauración del "principado" por Augusto en el año 27 a.C. y, por tanto, cada una de estas guerras marca una fase en la progresiva quiebra del régimen republicano. Si Mario había basado su autoridad en el control del ejército, éste tardó poco en tomar conciencia de su potencial político. Hasta ahora el exercitus estaba integrado por cives romani organizados en legiones e "itálicos" en calidad de aliados (socii) de los romanos; pero unos y otros habían participado de forma similar en el proceso de conquistas que permitieron a Roma el dominio del Mediterráneo. Sin embargo, los "italicos" estaban discriminados políticamente, dado que no gozaban generalmente de los privilegios de los ciudadanos romanos. La causa "itálica" había sido defendida ya por algunos líderes populares, como Cayo Graco y Mario, pero la nobilitas se oponía a una ampliacion del cuerpo cívico que incluyera a todos los itálicos. En la década siguiente el predominio de los equites propició cambios sustanciales. En efecto, en 91 el tribuno de la plebe M. Livio Druso, iunior, hijo del homónimo tribuno y adversario de Cayo Graco en 122-121, puso en práctica una política diletante destinada a recuperar la línea social gracana (mediante una nueva lex agraria basada en fundaciones coloniales en Sicilia e Italia y la rehabilitación de la lex frumentaria con distribuciones de grano a un precio módico), pero devolviendo el control del poder al Senado (mediante la separación de los equites de los jurados en los procesos de repetundis). En la misma línea de conciliacion se inserta la medida más progresista y ambiciosa de Druso: extender el derecho pleno de ciudadanía romana a los aliados itálicos, lo que provocó inmediatamente la reacción del grupo más conservador del Senado. No obstante, Druso, con el fin de asegurarse la votación, pretendió pasar sus "tres leyes" en bloque convocando también a latinos e itálicos a la Asamblea. El Senado rechazó las propuestas arguyendo defecto de forma. En la confusión suscitada murió Druso y los "aliados" declararon formalmente la guerra al Senado. La situación se agudizó con la represalia itálica en Asculum contra la ciudadanía romana existente en la ciudad, en la que murió el propretor Servilio. Una "Lex de maiestate" propuesta por el tribuno Vario consideraba alta traición al Estado romano instigar la revuelta de los itálicos. Pero poco después, en el 90, los "aliados" se habían organizado ya en un "estado paralelo" al romano. En un primer momento se constituyó una Liga llamada "Italia", con capital en Corfinium, que incluía dos frentes: uno al norte, compuesto por los marsos (o mársicos), sabélicos, picenos y pelignos, entre otros; otro al sur, formado por samnitas, oscos, lucanos y frentanos. Posteriormente se organizó un senado federal de 500 miembros, se eligieron dos "cónsules" y doce "pretores" como estrategia política para enfrentarse al Senado. En cuanto "cónsules" de "Italia", el marso Pompedio Silo dirigiría las operaciones militares del frente norte y el samnita Papio Mutilo, las del frente sur. Contra Silo fueron enviadas dos legiones al mando del cónsul Rutilio Lupo, mientras que el otro cónsul, L. Julio César, se encargaría de sofocar la rebelión de los pueblos del sur. No obstante, ya en el 90 se vislumbró la solución de un conflicto que era perjudicial para ambas partes. Dos leyes de civitate casi simultáneas, debida una al cónsul L. Julio César (Lex Iulia) y la otra a Cn. Pompeyo Estrabón (Lex Pompeia) otorgaban la ciudadanía romana a los "socii" itálicos bajo determinadas condiciones: fidelidad a Roma, deserción del ejército de la Liga o hacer la paz con los romanos. Los nuevos ciudadanos serían inscritos en diez nuevas tribus, por lo que su voto quedaría así minimizado. A esta última disposición se opondría más tarde el tribuno del 88, P. Sulpicio Rufo, logrando que los itálicos fueran repartidos entre todas las tribus. Pero desde el punto de vista militar las fuerzas del Senado se impusieron claramente a las de los coaligados: Pompeyo Estrabón recuperó Piceno y Asculum; Porcio Catón, Nola y Pompeya; en fin, el consulado de Sila en el 88 dio un giro al conflicto con la ayuda de Metelo Pío. A partir de esta fecha la guerra quedó virtualmente terminada, aunque persistieron reductos rebeldes todavía hasta el 83 en algunas regiones, como Campania. El resultado fue una mayor cohesión del ejército romano, pero también mayor presión de los grupos sociales intermedios en la Asamblea, lo que exigirá el ensayo de nuevas alternativas políticas. Esta guerra se cobró 300 000 muertos. En el 49, la Traspadana obtuvo la ciudadanía completa. Desde entonces se unificó todo el territorio italiano. En el 42, la Cisalpina se volvió a anexar a Italia. Ver, Lex Pompeia de Transpadanis.

