Mario
Gayo (Caius Marius) (ca.157-86 a.C.). General y estadista procedente de Cereatae, Arpinum, de una familia de labradores ligada con lazos de clientela con los Metelos, que llegó a ser siete veces cónsul. Participó en el asedio de Numancia en el 133 bajo el mando de Escipión Emiliano y, gracias a su apoyo, Mario fue elegido más tarde tribuno militar, y cuestor ca.123, y, con la ayuda de la familia de los Metelos, fue elegido tribuno de la plebe en el 119. Durante su tribunado propuso una ley, a la que se opusieron los Metelos, para que el voto en los Comitia fuera secreto. Mario amenazó a Metelo Delmático por su oposición, ganándose así la hostilidad de su familia, lo que le costó la edilidad. Se presentó a la pretura en el 115 y, a pesar de ser acusado de corrupción, se convirtió en pretor urbano. Al año siguiente sirvió como procónsul en la Hispania Ulterior y puso a prueba sus aptitudes para la guerra de guerrillas. A su vuelta se casó con una mujer patricia, Julia, la tía de Julio César. En el 109, el cónsul Metelo Numídico, que había sido el encargado de dirigir la guerra contra Jugurta (113-105) tras los fracasados intentos de los cónsules Lucio Calpurnio Bestia y Aulo Postumio en sofocar el conflicto africano, eligió a Mario como legado para su campaña contra Jugurta, en la que obtuvo un éxito moderado. Mario se distinguió en la batalla de Muthul, la toma de Sicca Veneria y el Kef. Mario decidió presentarse al consulado y pidió su consentimiento a Metelo, pero se encontró con un insulto. Mario se convirtió en el líder del partido popular y tuvo éxito al solicitar ayuda entre el orden ecuestre y las grandes circunscripciones en Italia y África, de modo que venció en las elecciones del 107. Una vez en el puesto, Mario aprobó una ley por la que tomó el mando de Metelo; abolió también el sistema de reclutar soldados únicamente de entre las clases propietarias, enrolando un gran ejército de voluntarios de entre los proletarios, la clase más pobre, formada por los ciudadanos que no tenían ninguna propiedad. La guerra continuó infructuosamente durante dos años hasta que Sila, el cuestor de Mario, capturó a Jugurta por medio de la diplomacia y la astucia (Ver, Bocco), poniendo fin así a la guerra. La amenaza de una invasión germana de Italia y la derrota de los romanos bajo el mando de Cepión a manos de los cimbrios y teutones cerca de Orange unió a los romanos detrás de Mario: lo eligieron cónsul todos los años desde el 104 al 101. Celebró su triunfo sobre Jugurta el 1 de enero del 104. Mario heredó de su enemigo Rutilio Rufo un ejército mejorado y procedió a perfeccionarlo todavía más por medio de la instrucción, un mejor equipamiento y organización. En el 102, Mario se enfrentó y derrotó a los teutones y a sus aliados cerca de Aix-en-Provence, y en el 101, él y su colega del año anterior, Catulo, derrotaron decisivamente a los cimbrios en Vercellae, cerca de Rovigo, en el valle del Po. Ambos celebraron un triunfo conjunto; Mario se presentó a su sexto consulado en el 100 y derrotó a Metelo Numídico con el apoyo de muchos nobles, de los caballeros y del pueblo. Mario se encontraba ahora en la cima de su prestigio, pero mantenía una ambigua relación con el ambicioso y violento tribuno Lucio Saturnino, que lo había apoyado en el 103 legislando a favor de proporcionar tierras a sus veteranos de la guerra de Jugurta. En el 100, Saturnino repitió su legislación para los veteranos de Mario de su campaña germana y lideró un movimiento para desterrar a Metelo, el enemigo de Mario. Los partidarios que Mario dirigía en ese momento eran muy diversos, incluyendo la mayor parte de los intereses más poderosos de Roma, pero Mario había empezado a perder dos importantes pilares de su apoyo: el partido de Saturnino, que planeó una conspiración en compañía del pretor Gayo Glaucia, y la antigua nobleza, resentida por el rechazo de Mario a aprobar la vuelta de Metelo. Mario actuó con firmeza contra el primero (cuando Saturnino fue demasiado lejos y organizó el asesinato de Gayo Memmio, candidato al consulado del año siguiente) y unió a la muchedumbre urbana con la aristocracia para aplastar el creciente poder de Saturnino aprobando una "resolución extrema" para salvar la república. Como cónsul, Mario se sirvió de sus veteranos para rodear el Capitolio. Tras garantizarles un lugar seguro en la casa del Senado, Mario los abandonó a la muchedumbre, que procedió a asesinarlos. Mario no estaba satisfecho con su posición ambigua, y cuando no pudo evitar por más tiempo la vuelta de Metelo, desistió de lograr mayores avances políticos y marchó al este para enfrentarse a Mitrídates VI del Ponto, cuyas tropas habían llegado a Epiro, la región más occidental de la Grecia continental. La ley aprobada por Saturnino en el 100 supuso el nombramiento de Mario para solucionar la amenaza de los piratas y de Mitrídates, pero al carecer de un cargo oficial, todo lo que Mario pudo hacer fue avisar a este. Mario regresó a Roma: había sido elegido augur durante su ausencia, por la actitud que había adoptado con Mitrídates, y se pasó los siguientes años defendiendo a sus antiguos amigos de los ataques de sus enemigos en los tribunales, Aquilio, Norbano y T. Matrino, cuya ciudadanía había conseguido Mario. En el 92 procesó a Rutilio Rufo con el apoyo de los caballeros, y en el 91 se opuso a las propuestas de M. Livio Druso para conceder la ciudadanía a un amplio espectro de aliados itálicos de Roma. En el 90, tras unas cuantas derrotas sufridas por los ejércitos romanos en las guerras sociales, Mario trabajó duramente para restablecer la situación asumiendo el mando de un general muerto, Rutilio Lupo; pero al no recibir ningún mando oficial, se retiró de la guerra. En el 88, cuando el Senado nombró a Sila comandante contra Mitrídates, Mario fue nombrado para el mismo puesto por el tribuno Sulpicio Rufo, que aprobó las leyes necesarias a través de la Asamblea del pueblo. Sila huyó de Roma con sus legiones a Campania, y muy pronto marchó hacia el norte y puso sitio a Roma, con su ejército acampado en Nola, y tomó la ciudad dispuesto a controlar la situación política por la fuerza de las armas. Mario y sus partidarios fueron declarados hostes publici y anuladas las medidas de Rufo. Tras ocultarse algún tiempo en los pantanos de Minturna, Mario huyó a Cercina, una colonia de sus veteranos en el norte de África. En el 87 regresó a Etruria para unirse con muchos de sus veteranos a Lucio Cinna, adversario de Sila elegido cónsul para el 87 junto con Cneo Octavio, en su saqueo de Ostia y su asalto a Roma. Mario procedió a vengarse con saña de todos los que no le habían apoyado y muchos nobles fueron masacrados por sus hombres. Mario y Cinna se nombraron cónsules para el 86 y se votó que Mario reemplazaría a Sila en su mando en el Este. Pero Mario murió de pleuresía, por exceso de bebida o dándose muerte, al inicio de su último consulado, antes de que pudiera partir. Brillante general mientras estuvo en la flor de la vida, Mario fue una figura controvertida que participó deliberadamente en el juego de intrigas y alianzas propio de la antigua nobleza romana, sin gran éxito. A pesar de su espectacular carrera, Mario fracasó al creer que una poderosa reforma del ejército le daría un mando triunfante y popular. En todo caso, Mario no tenía una ideología clara para las reformas políticas, reaccionando sobre la marcha de los sucesos.

