Lupercos

o Luperces o o Lupércalos. Los lupercos (Luperci) son una cofradía de sacerdotes que, en Roma, celebraban el culto de Fauno Luperco o Pan Luperco en las fiestas llamadas Lupercalia. Era una procesión que se verificaba el 15 de febrero de cada año, en el curso de la cual los lupercos, desnudos, daban la vuelta al Palatino provistos de correas hechas con la piel de una cabra que acababan de inmolar, y azotaban con ellas a las mujeres que encontraban. De este modo creían volverlas fecundas. Estaban divididos en dos colegios. Los Quintilianos y los Fabios, jefes, el uno del partido de Rómulo, y el otro del de Remo. Antes de comenzar la procesión y después de haber inmolado la cabra, era necesario que dos jóvenes de las ilustres familias se pusiesen a reir a carcajadas, mientras que uno de los lupercos les tocaba la frente con un cuchillo sangriento, otro se lo limpiaba con lana mojada en leche. En este momento, los lupercos debían prorrumpir en una carcajada de ritual. Generalmente, el sacrificio exigía también la inmolación de un perro. César añadió, o mejor, dejó crear por sus amigos en su honor un tercer colegio llamado de los Julios, y Suetonio insinua que este paso fue una de las cosas que le hicieron más odioso, así como estas ceremonias, que hacían el divertimento de la plebe. Este sacerdocio no disfrutaba de gran honor en Roma. Cicerón trata el cuerpo de los lupercos de sociedad agreste, anterior a toda civilización, y echa en cara a Marco Antonio el haber deshonrado al consulado, subiendo a la tribuna perfumado de esencias y ceñido el cuerpo de una piel de oveja, para hacer con bajeza la corte a César. El día en que se celebraba la ceremonia se llamaba februatis dies y el vellón con que se cubrían los lupercos, februa, de donde proviene el nombre del mes de febrero. El santuario de Fauno Luperco era la gruta del Lupercal, situada en la ladera noroeste del Palatino. En este lugar, según la tradición, la loba había amamantado a Rómulo y Remo. A esta cueva sagrada, cuna de Roma, le daba sombra una higuera, la Higuera Ruminal (Ver sin embargo, Rómulo), y de ella brotaba una fuente. Fue "restaurada" por Augusto, al mismo tiempo que era reorganizado el culto de los lupercos. Ver, Hirpi Sorani, Sacerdotes, Sacerdotes romanos. )o( NOTA.- Los lupercos Quincianos tenían un rango superior a los Fabianos, y lo prueba la leyenda que atribuye la creación de los primeros a Rómulo y la de los segundos a Remo. Los Fabianos pertenecían a los romanos de la colina, como se ve por el lugar de sus sacrificios, el Quirinal. Las inscripciones llaman al luperco palatino Quinctialis: Lupercus Quinctialis Vetus. Por lo demás, se comete una falta grave y frecuente escribiendo, como los autores antiguos, Lupercus Quinctilianus o Quinctilius. El Colegio de los Lupercos no pertenecía a los Quintilianos, gens relativamente moderna, sino a la de los Quincianos, infinitamente más antigua. En cuanto a si los Quincianos o Quintilianos debían colocarse entre las familias albanas, conviene preferir la segunda opinión, y no ver en la palabra Quincti más que un modo de escribir paleorromano.
 
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