Laocoonte

Laocoonte, hijo de Capis, según una conjetura poco verosímil, o, más probablemente de Antenor, como atestigua Tzetzes, es el sacerdote de Apolo Timbreo, en Troya. Su esposa es Antíope, la cual le dio dos hijos, Etrón y Melanto, o bien Antífantes y Timbreo. Laocoonte se atrajo la cólera del dios al unirse con su mujer ante la estatua consagrada, lo cual constituía un sacrilegio. Cuando los griegos desembarcaron en Troya, los troyanos habían lapidado al sacerdote de Posidón con el pretexto de que no había sabido obtener, mediante sacrificios, la protección de este dios, ni tampoco impedir la llegada de la flota enemiga. En el momento en que los griegos simularon el reembarque dejando un caballo de madera en la playa, los troyanos encargaron a Laocoonte que ofreciese un sacrificio a Posidón con el ruego de que acumulase tempestades en la ruta de las naves enemigas. Pero cuando el sacerdote se disponía a inmolar al dios un toro gigantesco, dos enormes serpientes salieron del mar y se enroscaron en sus dos hijos. Laocoonte corrió en su auxilio, pero los tres perecieron ahogados por los monstruos, los cuales fueron luego a enroscarse al pie de la estatua de Atenea, en el templo de la ciudadela. Ante este prodigio, los troyanos recordaron que Laocoonte se había opuesto a que se introdujese en la ciudad el caballo abandonado por los griegos, había aconsejado quemarlo e incluso había disparado contra él una jabalina, que, al hacer resonar el vientre de la estatua, había revelado que era hueca. Creyeron que la muerte de Laocoonte era un castigo por este acto sacrílego, cuando, en realidad, aunque ellos no podían saberlo, Apolo vengaba otro sacrilegio: la profanación de su templo. Ya no se dudó en consagrar el caballo a la divinidad, y ello como se sabe, originó la ruina de la ciudad. La tradición ha conservado el nombre de las dos serpientes. Se habrían llamado Porce y Caribea. El conocido grupo de Laocoonte que se conserva en el museo Vaticano fue descubierto en Roma, en el año 1506, en las termas de Tito. Pertenece a la primera mitad del siglo I a.C., según se cree hoy.
 
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