Antípatro de Sidón

(siglo II a.C.). Poeta y epigramatista. Según Cicerón, Craso dice a Lutacio Cátulo, nacido hacia el 150, que conoció a Antípatro el sidonio. Parece que pudo morir en los alrededores del 125. Meleagro le atribuye noble familia y habla de Fenicia y Tiro en relación con él, pero los autores latinos y algunos de sus epigramas sitúan su nacimiento en otra ciudad de aquel país, Sidón. Plinio, Valerio Máximo y Cicerón, cuentan una curiosa historia según la cual sucumbió siendo ya viejo, a consecuencia del ataque de una fiebre que le acometía anualmente el día de su cumpleaños. Su homonimia respecto a Antípatro el tesaloniceo, epigramatista más tardío y mejor escritor, plantea problemas de autoría. De los 195 epigramas referidos con dudas o no a Antípatro, solamente 46 se inscriben como del sidonio y 35 como del tesaloniceo, y en relación con el resto hay que deducir la paternidad o no declararse por ninguno de los dos. Cicerón le describe como hombre ingenioso e improvisador, lo cual puede explicar la baja calidad de algunos de sus versos. Algunos poemas indican también preciosismo y afán de variación posiblemente ideada de repente. Por lo demás, se trata de un autor erudito, con interés por la Literatura y por la Filosofía, frío, retórico, de lenguaje embrollado con muchos compuestos y palabras nuevas. Elude en general el tema amoroso y sus inscripciones sepulcrales son pocas y siempre ficticias. Nada original, toma asuntos de otros, rara vez para mejorarlos. A veces, sin embargo, alcanza algún acierto poético, incluso algunas imitaciones, ofrecen un cierto encanto sensual y muy atractivo.
 
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