Meleagro
(siglo II-I a.C.). Se poseen un buen número de testimonios biográficos sobre él, entre ellos un epigrama tardío, poco interesante; el prólogo y epílogo de La guirnalda, dedicados a Diocles de Magnesia, y cuatro epigramas autobiográficos, de los que los tres primeros son autoepitafios y el otro una adivinanza propuesta ante la tumba del propio escritor, quien se simboliza en el héroe Meleagro. Al parecer los tres epitafios corresponden a tres épocas distintas: cuando se escribió el primero, Meleagro no tenía relación con Cos; cuando el segundo, todavía cifraba su mayor orgullo no en los epigramas, sino en su obra en prosa. Los datos que de ellos se desprenden, aparte del nombre de su padre Éucrates, son: nacimiento en Gádara, al este del Jordán. Formación juvenil en la misma Gádara, a la que exalta como capital de la cultura. Influencia de la obra de Menipo y de sus sátiras de corte cínico, que habría imitado Meleagro en Las Gracias (Ateneo le llama cínico y se refiere a una obra desconocida llamada El banquete). Pasó luego a la gran ciudad fenicia de Tiro. Allí habría conocido a Antípatro el sidonio. Vejez en Cos. Ambiente de cosmopolitismo, no sólo lingüístico, en que el escritor se movió a lo largo de su vida. Floreció en la época de Seleuco VI Epífanes Nicátor. Su vida habría de ser situada quizás entre el 140 ó 130 y el 70 ó 60. Por lo que toca a su poesía, aparte del mérito contraído como crítico literario por la preservación de tanta joya, resulta ser uno de los más señalados epigramatistas de La guirnalda. Esta obra constituye la base de la Antología Palatina, recopilada en Constantinopla en el siglo X. La poesía que nos ha llegado de él es por entero erótica, tanto heterosexual como homosexual, y su estilo es rico y simple. No es original en la mayor parte de su obra, ni podía serlo dada su fecha: a cada momento le vemos copiando o dejándose influenciar por Leónidas, Asclepíades, Posidipo, Calímaco, Erina, Pánfilo, Teodóridas, Faeno, Riano, Dioscórides, Mosco, Antípatro, Polístrato y otros. Su interés radica precisamente en el modo inteligente, gracioso y atrevido en que innova sobre sus modelos o, no rara vez, los mejora. Gran poeta Meleagro, capaz de caer en embarullado preciosismo o chato pedestrismo cuando su Musa le abandona, pero también de escribir con inspiración bellísimos versos.

