Dinastía Atálida

Durante la guerra entre Lisímaco y Seleuco, Filetero, gobernador de Pérgamo nombrado por el primero, se pasó al bando de Seleuco con los tesoros de su señor, guardados en su ciudad. Bajo el gobierno de Seleuco, Pérgamo mantuvo su autonomía, que convirtió en independencia plena cuando Eumenes I, sobrino de Filetero, se proclamó rey de Pérgamo, luchando contra Antíoco y venciéndolo en Sardes. Esto le permitió aumentar considerablemente el territorio de su ciudad, al ocupar completamente el valle del río Caico y ambos lados de su desembocadura. En principio, la base territorial de este reino se limitaba a la chora dominada por esta importante ciudad minorasiática con un amplio contingente de población griega. Una hábil política de relaciones diplomáticas permitió a los atálidas aumentar considerablemente su territorio a costa de los de las ciudades vecinas. El reino de Pérgamo, constituido formalmente en 263 por Eumenes I, experimentó un fuerte impulso con su primo y sucesor Átalo I, que encabeza la llamada Dinastía atálida. Durante las luchas entre Antíoco Hierax y Seleuco, Pérgamo, ya bajo el reinado de Átalo I, se negó a pagar a los gálatas el tributo a que estaba sujeta la ciudad desde las invasiones de los mismos a Macedonia, en el año 279, derrotando a algunas tribus que Antíoco había apoyado, enfréntandose abiertamente a éste y venciéndolo, con lo que le arrebató la costa de Frigia y Lidia. Átalo I fomentó e incrementó la helenización de su reino mediante la celebración de juegos, construcción de monumentos, afirmación de los lazos económicos con el mundo griego y la oposición firme a todo lo oriental. El reino se convirtió de hecho en un "Imperio" gracias a la intervención romana en Oriente. El Senado romano prefirió mantener la alianza con los pergamenos a su anexión, por lo que no dudaría en "donar" a éstos los territorios que le pertenecían por derecho de conquista. De este modo, ya a comienzos del siglo II, Eumenes II de Pérgamo llegó a controlar casi todas las satrapías seléucidas de Asia Menor, situación que el poderoso Antíoco III de Siria tuvo que aceptar tras la Paz de Apamea (188) con los romanos. A esta posición contribuyó la alianza con Roma, realizada por Átalo II, sucesor de su hermano Eumenes II. Los beneficios que recibió Pérgamo con este tratado le permitieron convertirse en árbitro de la zona. Con Átalo III, hijo de Eumenes II, Pérgamo inició su decadencia. A su muerte, el reino fue entregado en herencia a Roma, que lo convirtió en la provincia romana de Asia. Cuando Roma recibió este legado, no hacía sino recuperar los territorios "cedidos" por el Senado romano a su predecesor.
 
Volver