Lex Manilia

(66 a.C.). Tras el fracaso de la tercera guerra mitridática, los agentes de Pompeyo y los muchos intereses de grupos políticos y económicos, aprovecharon la magnífica ocasión que ofrecía este fracaso. Un tribuno de la plebe, Cayo Manilio, presentó, en enero del 66, una ley por la que se encargaba a Pompeyo la conducción de la guerra contra Mitrídates VI. Esta ley contenía un potencial de autoridad muy superior al otorgado por la ley Gabinia, con una concentración de poderes insólita y al margen de la constitución. Aunque la facción más recalcitrante del Senado se opuso con todas sus fuerzas, algunos jóvenes senadores, como César y Cicerón, que contaban con medrar a la sombra del poderoso Pompeyo, apoyaron el proyecto. La ley fue finalmente aprobada.
 
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