Primer triunvirato
Por diferentes motivos, tres políticos veían en peligro sus respectivas ambiciones por la actitud del Senado. Dos de ellos, Pompeyo y Craso, estaban enemistados; entre ambos, César, debía cumplir el papel de mediador. EI acuerdo efectivamente se logró, dando vida al llamado "primer triunvirato". En sí, no era otra cosa que una alianza, una amicitia entre tres personajes privados, común en la praxis política tradicional romana. Los tres aliados eran desiguales en cuanto a los medios que podían invertir en la coalición: Pompeyo contaba con el apoyo de sus vetetanos; Craso, con su influencia en círculos senatoriales y, sobre todo, ecuestres, pero, sobre todo, con el potencial de su fortuna. César, aunque con menos seguidores, podía utilizar el poder que le otorgaría la magistratura consular. El pacto era estrictamente político y con fines inmediatos: César, como cónsul, debía conseguir la aprobación de las exigencias de Pompeyo y procurar facilidades financieras a Craso y a los publicani que lo apoyaban. Para conseguirlo, era necesario que César alcanzase la magistratura consular del 59. Tres años más tarde, César, una vez más, cumplió el papel de mediador para superar los malentendidos entre Craso y Pompeyo y renovar, así, la coalición del 59. El encuentro de los tres políticos tuvo lugar, en abril del 56, en una localidad de la costa tirrena, Lucca, donde se ratificó la alianza, con una serie de acuerdos, dirigidos a fortalecer un poder común y equivalente: Pompeyo y Craso debían investir conjuntamente el consulado del año 55 y, a su término, obtener un imperium proconsular, de cinco años de duración. sobre las provincias de Hispania y Siria, respectivamente: como es lógico. también el mando de César debía ser prorrogado por el mismo período. La preocupación conjunta por equilibrar la balanza del poder militar, el indispensable elemento de control político, era manifiesta. Efectivamente. Pompeyo y Craso obtuvieron su segundo consulado y, fieles a la alianza, materializaron los acuerdos de Lucca. Tras finalizar el período de magistratura, Craso marchó a Siria: Pompeyo, por su parte, prefirió permanecer en Roma, cerca de las fuentes legales del poder y gobernar Hispania a través de sus legados. Ver, Triunvirato.

