Pitón

Cuando Apolo decidió fundar un santuario al pie del Parnaso, cerca de Delfos, encontró cerca de una fuente un dragón, que exterminaba tanto a los animales como a los seres humanos. Se llamaba Pitón, y Apolo lo mató a flechazos. Hera había confiado la guarda de Tifón a este monstruo. Pitón pasaba por ser hijo de la Tierra, como la mayor parte de los monstruos, y, como hijo de la Tierra, pronunciaba oráculos. Por eso, antes de instalar su oráculo en Delfos, Apolo tuvo que eliminar a este rival. Higino nos ha referido una leyenda según la cual un oráculo había vaticinado que la serpiente Pitón moriría a manos de un hijo de Leto. Al saber Hera que ésta se hallaba encinta de Zeus, declaró que no podría dar a luz en ningún lugar iluminado por el sol. Pitón, por su parte, intentó dar muerte a Leto. Pero Posidón, a ruegos de Zeus, recogió a Leto y la ocultó en la isla Ortigia, que estaba entonces cubierta por las aguas, y allí, bajo una bóveda formada por las olas, al abrigo de los rayos del sol, acaeció el parto, según la voluntad de Hera. Tres días después de su nacimiento, Apolo dio muerte a Pitón. Encerró sus cenizas en un sarcófago y fundó en su honor unos juegos fúnebres: los Juegos Píticos. Se decía que Pitón estaba enterrado debajo del ónfalo del templo de Delfos. Ver, Delfine.
 
Volver