Samaritanos

Nombre dado a los habitantes de Samaria. La ciudad de Samaria fue mandada construir por el rey de lsrael Omrí para hacerla su capital. Su toma por Sargón de Asiria en el año 722 a.C. fue el suceso que marcó la extinción del reino de Israel. La ciudad sería repoblada por los asirios; conquistada por Alejandro Magno; integrada en el imperio creado por sus sucesores, los Seleúcidas; tomada por Pompeyo y, finalmente, restaurada a su antiguo esplendor por Herodes el Grande, que estableció en ella su capital, rebautizándola con el nombre de Sebaste. Los samaritanos, que se tenían a sí mismos por un remanente de las diez tribus de Israel perdidas tras la debacle del año 722 a.C., constituían una secta aparte dentro del judaísmo, de cuya rama principal se habían desgajado en el siglo V a.C., cuando se produjo el regreso a Jerusalén de los exiliados judíos de Babilonia (Ver, Esdras, Nehemías). Una de las consecuencias del retorno fue, precisamente, el antagonismo surgido entre los que habían regresado y los que no habían sido deportados ni a Nínive ni a Babilonia. Estos últimos deploraban la superioridad moral y el exclusivismo del que hacían gala los primeros, a la vez que se oponían a la estricta prohibición de los matrimonios con extranjeros por la que abogaban insistentemente Esdras y Nehemías. Los samaritanos sólo aceptaban los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, y sus diferencias con los judíos ortodoxos se acentuarían y se agriarían de forma considerable durante el período de los Macabeos. En Nablús (la antigua Siquem), aún sobrevivía una pequeña comunidad samaritana entrado ya el siglo XX. Ver, Samaritano (El buen), Samaritana (La).
 
Volver