Pomona
En la mitología romana, era la diosa de la fruta, y por extensión de los árboles frutales (poma), los jardines y las huertas. Es una diosa únicamente romana, y se asocia generalmente con la abundancia, particularmente con la floración de los árboles, en oposición a la cosecha, y además de las frutas, también lo era del olivo y de la vid. El cuchillo de podar, o la hoz, era su atributo. Detesta la naturaleza salvaje y prefiere los jardines cuidados: ninguna deidad conoce como ella el arte de su cultivo y el de los árboles frutales. Pomona no siente ninguna atracción por los hombres, a pesar de ser requerida por todos los dioses campestres. El nombre de la diosa deriva claramente de pomum, fruta y es llamado por ello Patrona pomorum, "señora de los frutos". Ovidio la describe con una hoz la mano derecha y a veces con una jabalina como en el caso de otras divinidades. Le fue dedicado un bosque sagrado llamado Pomonal, situado al sur de la XII piedra millar de la Vía Ostiense, muy cerca del actual Castel Porziano. El culto de la diosa estaba a cargo de un flamine menor, el Flamen Pomonalis, que en el orden sacerdotal era el menos importante de todos. No tenía ninguna festividad, pero según el poeta Ausonio, Pomona tenía en tutela el mes de setiembre porque en él madura la fruta. Pomona tuvo en Roma un templo y dos altares y como divinidad de los frutos y de los jardines se la representaba sentada sobre una cesta llena de flores y frutos sosteniendo de la mano izquierda algunas manzanas y con la derecha un ramo. También se representa de pie, vestida de una ropa que baja hasta los pies y que ella recoge por delante para sostener manzanas y ramas de manzano. Los poetas la pintan coronada de pámpanos y racimos de uvas, sosteniendo con sus manos un cuerno de la abundancia o una cesta llena de frutos. Los etruscos veneraban especialmente a Pomona y la representaban con corona de mirto. Algunas veces suele confundirse con la diosa. Nortia. Los poetas le atribuyen aventuras amorosas; por ejemplo, la presentan como esposa del rey legendario del Lacio, Pico. Por su amor, éste habría rechazado la pasión de Circe, lo cual le habría valido ser transformado en pico. Ovidio la presenta como la esposa de Vertumno, quien, como ella, es una divinidad relacionada con el ciclo de las estaciones y la fecundidad de la tierra. Ver, Pico, Carpo.

