Prosérpina

En Roma, Prosérpina es la diosa de los Infiernos. Desde muy pronto fue asimilada a la Perséfone griega, y parece que debe a esta asimilación su carácter infernal. En su origen fue sin duda una divinidad agraria, que presidía a la germinación. Su culto fue introducido oficialmente, junto con el de Dis Pater (asimilado a Hades), en el 249 a.C.. Entonces se celebraron en su honor "Juegos Tarentinos", llamados así más que por la ciudad de Tarento, por un lugar del Campo de Marte conocido por Tarentum. Sobre este lugar se contaba la siguiente leyenda: durante una epidemia, los hijos de cierto Valerio fueron atacados por el morbo. Su padre preguntó a los dioses qué debía hacer para salvarlos. Los dioses le respondieron que debía descender, con sus hijos, por el curso del Tíber, hasta llegar a "Tarentum", y allí darles a beber agua del altar de Dis y Prosérpina. Valerio comprendió que el oráculo le ordenaba trasladarse de Roma a Tarento, viaje que le resultaba muy fastidioso. No obstante, se puso en camino, y la primera noche acampo junto al recodo del Tíber. A la mañana siguiente preguntó a los habitantes de la comarca cómo se llamaba el lugar y le respondieron: "Tarentum". Comprendiendo entonces el sentido del oráculo, Valerio cogió agua del Tíber, la dio a beber a sus hijos, y éstos quedaron curados. Agradecido, quiso levantar en el lugar un altar a Dis y Prosérpina, pero al cavar el suelo para poner los cimientos, descubrió una piedra en la que había una inscripción en honor de estas dos divinidades: era el altar de que había hablado el oráculo. Este altar del Tarentum tenía un papel particularmente importante en la celebración de los Juegos Seculares. Se tenía la creencia de que nadie podía morir sin que Prosérpina por sí misma, o por el ministerio de Átropo, hubiese cortado un cabello fatal del cual pende la vida. Antes de sacrificar a sus víctimas solía cortarse de sus frentes un mechón de pelo que se le ofrecía como primicia, rito que se aplicó a los seres humanos antes de morir. Se cuenta también que Júpiter, bajo la forma de un dragón, había tenido comercio con Prosérpina, su propia hija. Sicilia tributaba a la reina de los infiernos un culto solemne. Le atribuía el derecho de hacer nacer a su gusto la esterilidad o la abundancia, y los sicilianos juraban por esta diosa el cumplimiento de sus promesas. Inmolaban en honor de Prosérpina perros, y becerras estériles. En Italia hacían derivar el nombre de Prosérpina de serpens. También esta diosa era la divinidad tutelar de los habitantes de Sardes. Una medalla acuñada bajo el reinado de Gordiano representaba en el anverso una cabeza de mujer coronada de torres y en el reverso la figura de Prosérpina. Los galos la invocaban como madre suya y le habían edificado varios templos. Esta diosa es comúnmente representada al lado de su esposo en un trono de ébano y llevando una antorcha que despide una llama mezclada de un humo negruzco. La representan también al lado siempre de Plutón, en un carro tirado por dos caballos negros. Su atributo ordinario es el pavo real y lleva con frecuencia en la mano flores de narciso, porque según Sófocles era la flor que cogía cuando fue arrebatada. La pintan finalmente algunas veces con una medida en la cabeza. Este jarro o cesto (calato), semejante a los que servían a los griegos para coger flores es el que tenía Prosérpina cuando fue trasladada a los infiernos.
 
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