Ratumena

Ratumena es un etrusco, protagonista de una leyenda romana. Antes de su expulsión, Tarquino el Soberbio había encargado a unos modeladores de Veyes un carro de terracota destinado a coronar el templo de Júpiter Capitolino, entonces en construcción. Y he aquí que estando en el horno, el carro de arcilla, en vez de secarse, como normalmente hace la tierra cuando cuece, creció de modo tan extraordinario, que hubo que derribar el horno para sacarlo. Los adivinos declararon que este prodigio prometía la prosperidad y el poder al pueblo que poseyese el carro. En consecuencia, los de Veyes resolvieron no entregarlo a los romanos, pretextando que Tarquino, que lo había encargado, ya no era rey, y así el carro pertenecía a los Tarquinos y no a los romanos. Pero el cielo halló el modo de hacer respetar su voluntad. Algunos días después, durante unos juegos que se celebraban en Veyes, Ratumena, que guiaba un carro, había conseguido el premio de la carrera. Cuando fue coronado, sus caballos emprendieron el galope y lo arrastraron sin pararse, irresistiblemente, hasta Roma, donde entraron por la puerta que más tarde se llamó Porta Ratumena. En este lugar, el auriga fue lanzado del carro y se mató. Sin embargo, los caballos se precipitaron hacia el Capitolio y no se detuvieron sino ante la puerta de Júpiter Tonante, a quien parecieron ofrecer su victoria. Los de Veyes, aterrorizados, entregaron espontáneamente el carro de arcilla, obra de sus artistas y garantía de la grandeza de Roma.
 
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