Liga del Peloponeso
Desde mediados del siglo VI a.C. en el mundo de la "polis" se acusa una profunda transformación. El panorama de estados aislados, políticamente autónomos y económicamente autosuficientes deja paso al de las organizaciones supraestatales, en las que las "poleis" pierden en autonomía lo que ganan en protección frente a la posible injerencia de otros estados vecinos en sus asuntos internos. Por otra parte, la experiencia política de las "tiranías" de época arcaica había revelado la necesidad de intervención, directa o indirecta, de un estado fuerte como Esparta para erradicar estos regímenes autoritarios y reponer la constitución, si bien ésta en la mayoría de los casos se adecuaría a un régimen de "aristocracia moderada" y, en menor medida, a "plutocracias" u "oligarquías". No obstante, aunque Esparta no conoció regímenes tiránicos, la "polis" espartana estaba amenazada interiormente por los grupos no privilegiados de su sistema sociopolítico, especialmente los ilotas mesenios y laconios sometidos a un status de dependencia y al margen, por tanto, de cualquier tipo de consideración "política". Por esta razón Esparta era la primera interesada en contar con apoyo militar exterior ante una potencial rebelión interna en el Peloponeso que minaría las bases económicas de su peculiar sistema político. Hacia finales del siglo VI los espartanos estrecharon lazos con "poleis" próximas a Laconia como Tegea (en Arcadia), las ciudades del Istmo (Corinto, Mégara), las de la Argólida, excepto Argos, (Trecén, Epidauro) y estableció con ellos una alianza militar (symmachía). Quizá por estas fechas Esparta estableció también relaciones similares con otros estados del área como Elis, Sición, Micenas, Tirinto e incluso la isla de Egina, pero fracasó en cambio con Helice, en Acaya. Esta situación se corresponde bien con la idea de una "hegemonía" espartana en el Peloponeso que Heródoto erronéamente adscribe a mediados del siglo VI, pero que difícilmente pudo existir hasta finales del siglo, cuando ya Esparta había renunciado a nuevas anexiones territoriales en favor de una política de alianzas interestatales. A este momento corresponden también los primeros testimonios de la intervención militar de Esparta en Ática. Es significativo que entre 510 y 502/01 se produjeran al menos tres, si no cuatro, de estas intervenciones. Las dos primeras enfrentaron a los peloponesios con la caballería tesalia con desigual fortuna: en la primera Anquimolio fue derrotado; en la segunda, en cambio, el rey espartano Cleómenes logró su objetivo de imponerse a los aliados tesalios y derrocar al tirano Hipías en 510 a.C., obligado a buscar refugio en Sigeo. Desde este momento Atenas se vinculó a Esparta mediante una alianza que no rompería hasta 462 a.C. La tercera intervención espartana, probablemente en 506, fue realizada a instancias de Iságoras, el oponente político de Clístenes, a quien Cleómenes pretendió convertir en cabeza de una "oligarquía" ateniense; pero la reacción del Consejo y la oposición del "demos" abortaron la tentativa. En fin, la cuarta se produjo al cierre del siglo, quizá en 502/ 501, cuando la reforma democrática clisteneana fue puesta en práctica. En esta ocasión tampoco los espartanos consiguieron su objetivo; un contingente peloponésico atravesó el Istmo al mando de los reyes Cleómenes y Demarato; pero tomada la ciudad de Eleusis el grupo corintio de la expedición se amotinó argumentando que era injusto atacar a Atenas. La disensión entre los reyes llevó asimismo a la deserción de Demarato, por lo que Cleómenes se vio obligado a retroceder aunque la "invasión" había sido meticulosamente planificada: los peloponesios atacarían por el sur, los beocios por el norte y un contingente de Calcis por el este hasta conseguir un completo bloqueo de la ciudad. En este momento la llamada "Liga del Peloponeso" debía ya estar formalmente constituida, dado que Corinto y Mégara permitieron el paso de la expedición por sus respectivos territorios. Sin embargo, del relato se deduce que los espartanos no tenían todavía autoridad suficiente para obligar a sus presuntos aliados; en 491, según Heródoto, los eginetas rechazaron una petición de Cleómenes arguyendo que no obedecerían órdenes espartanas si no se hacían en nombre de los dos reyes. Probablemente el caso de la deserción corintia se incluye en un contexto similar, cuando el Consejo espartano decidió asignar la dirección de las expediciones militares a uno solo de los reyes para evitar disensiones, por lo que el relato de Heródoto respecto a Egina no correspondería a 491, sino que se refiere a una situación política anterior en diez años al menos. De todos modos el liderazgo de Esparta en la naciente Liga, que los antiguos sólo denominaron "Los Lacedemonios y sus aliados", no era discutido, dada la extensión de su dominio territorial así como la probada experiencia en "dirigir" las guerras y la nada despreciable capacidad diplomática de sus "reyes" y "éforos". Hacia el 500 la Liga había adoptado ya su estructura federal característica en este tipo de organizaciones supra-estatales, pero a diferencia de otras "Ligas" o federaciones similares como la beocia o la tesalia, la de los Lacedemonios no se basó ya en la afinidad étnica o la pertenencia a un ámbito regional determinado, sino que su configuración obedeció a razones exclusivamente políticas. Los tratados bilaterales defensivo-ofensivos que Esparta había concertado con cada uno de los estados-miembros serían integrados en un tratado multilateral que estipuló los derechos y obligaciones de los coaligados. Estos enviarían representantes o "delegados" al Congreso federal reunido en Esparta, donde se deliberaría acerca de las medidas a tomar, y cada uno de ellos pondría a disposición de Esparta una parte de su contingente.

