Creso
o Kroísos (siglo VI a.C.). Último rey de Lidia (561-546), antes de la conquista de este territorio por los persas en el 546. Con Creso el reino lidio alcanza su máximo poder, pero también su final. Nació ca.595, hijo de Alyates, de la dinastía mermnada, y tuvo que luchar contra un hermanastro para conseguir el trono. Se convirtió en rey en el 561. Llevó a cabo una importante reforma monetaria, convirtiendo su capital, Sardes, en el centro económico y de intercambio más importante de la época. Fue proverbialmente rico e hizo ofrendas en Delfos para contrarrestar la opinión que Grecia tenía de él. Sin embargo, conquistó las ciudades griegas de la costa de Asia Menor, comenzando por Éfeso, por lo que su gobierno se extendió a toda el Asia Menor al oeste del río Halis, excepto Licia y Cilicia. Creso se alarmó por la conquista persa del imperio medo en el 549 y buscó ayuda en Egipto, Babilonia y Grecia. Para anticiparse a Ciro, invadió Capadocia en el 546, siguiendo el consejo del Oráculo de Delfos; sostuvo una batalla no decisiva contra Ciro en Pteria, y luego se retiró a Sardes para conseguir refuerzos. Aquí lo atacó Ciro y lo sorprendió desprevenido, tomó Sardes e hizo prisionero a Creso. El destino final de Creso es incierto: se conoce una historia según la cual fue condenado por Ciro a arder en una pira, pero fue salvado por la intervención divina de Apolo. Baquílides dice que él mismo se prendió fuego para evitar ser capturado por Ciro. Ctesias no hace mención alguna de la pira y transmite, en cambio, que Creso fue designado por Ciro para gobernar una provincia de su imperio en Media, hasta su muerte ca.525. Creso admiraba la cultura griega y, además de adoptar muchas de sus costumbres, ayudó a restaurar el templo de Artemisa en Éfeso y donó muchos bienes al templo de Apolo en Delfos. Ver, Batalla de Pteria, Reyes de Lidia.
)o( MITOLOGÍA.- Queriendo experimentar este príncipe la verdad de los oráculos, envió diputados a los más celébres tanto de Grecia como de Asia, con orden separada de informarse de lo que hacia Creso en cierto día, y a cierta hora que les señaló. Sus órdenes fueron exactamente ejecutadas, y solo se encontró verdadero el oráculo de Delfos. He aquí lo que éste dijo: Yo conozco el número de los granos de arena que hay en el mar y la medida de su vasta extensión. Entiendo al mundo y al que no sabe hablar aún. Hieren mis sentidos el olor fuerte de una tortuga cocida con carne de oveja, con cobre encima y cobre debajo. En efecto habiendo imaginado el rey una cosa que no fuese fácil de adivinar, se ocupaba en cocer por sí mismo en el día y hora señalada una tortuga con una oveja en un puchero de cobre, que tenía un cobertor del mismo metal. Creso, admirado de la exactitud del oráculo, envió a Delfos los más ricos presentes. Luego los diputados tuvieron orden de consultar el oráculo sobre dos artículos: primero, si Creso debía pasar el río Halis, para marcha contra los persas, y segundo cuanto duraría su imperio. Sobre el primer artículo, el oráculo le respondió que si pasaba el río Halis aruinaría un gran imperio. Sobre lo segundo, que su imperio subsistiría hasta que se viese un mulo sobre el trono de Media. Este último oráculo le hizo conjeturar que, vista la imposibilidad de la cosa estaba en plena seguridad. El primero le hizo esperar que derrotaría los medos. Pero cuando vio que las cosas habían ido de otro modo, mandó hacer grandes reproches al oráculo de que a pesar del gran número de regalos que le había hecho, le hubiese tan indignamente engañado. El dios no tuvo mucha dificultad en justificar sus respuestas. Ciro era el mulo de que había hablado el oráculo, porque descendía de dos pueblos diferentes, de los persas por parte de padre, y de los medos por la madre. En cuanto al imperio que debía arruinar no era el de los medos sino el suyo propio. Ver, Lidia.

