Lanuvium
o Lanivium. A poco más de 30 km de Roma, en las últimas estribaciones de las Colinas Albanas, surge la antiquísima ciudad de Lanuvio o Civitas Lavinia, fundada, según una tradición que se remonta al siglo IV a.C. por Lanoyo, compañero de Eneas o, como quiere el historiador Apiano, por Diomedes Tideo, señor de Argos. Las primeras huellas de asentamiento humano en el territorio de la ciudad se remontan al siglo IX a.C.. Se trata de un asentamiento latino, como lo atestigua la inclusión de Lanuvio en la lista de los treinta pueblos constituyentes de la Liga Latina. En la edad regia, entre los siglos VII y VI a.C., Lanuvio, como el resto del Lacio, estuvo sujeta al dominio etrusco. Tomo parte con otras ciudades albanas en la batalla del lago Regilo contra Roma, y fue finalmente vencida en el 493 a.C., siendo obligada a firmar el tratado conocido como Foedus Cassianum. En el 332 a.C. La ciudad fue adscrita a la tribu Maecia, y sus habitantes se convirtieron, a todos los efectos, en ciudadanos romanos. Los romanos, por su parte, incorporaron a su panteón a la diosa Juno Sospita, cuyo templo se alzaba sobre la acrópolis de Lanuvio. Esta ciudad es cuna de importantes personajes de la historia romana, como Elio Estilón Preconiano, Lucio Licinio Murena, Tito Annio Milón, o los mismos emperadores Antonino Pío y Cómodo. Son numerosos los testimonios del antiguo esplendor de la ciudad. Sobresale el templo de Juno Sospita, diosa políada de Lanuvio. El rasgo iconográfico más característico de la diosa es su original tocado de piel de cabra; sus representaciones la muestran con escudo y con la serpiente sagrada a sus pies. Quedan también en Lanuvio restos del teatro, construido en el siglo I a.C., así como de las termas y del foro; especialmente impresionante es la poderosa muralla de opus quadratum del siglo V a.C.. Ponía a la ciudad en contacto con Roma la Vía Apia, con Ardea la Vía Ardeatelanuviana y, sobre todo, con Satricum y el mar Tirreno, la Vía Astura. Hoy, Lanuvio.
)o( MITOLOGÍA.- El territorio de esta ciudad contenía un campo llamado Salonius Campus, en el cual había una serpiente, que cada año, a la vuelta de la primavera, venía en un día fijo a pedir su alimento, el cual no quería recibir sino de la mano de una hija de Lanuvium, que fuese aun virgen. La que se exponía a ello, sin tener derecho a hacerlo, era al instante devorada; a las otras al contrario, las llenaba de caricias y las volvía a sus padres. Este favorable augurio anunciaba al país la más abundante cosecha.

