Jeroboam I
(siglo X a.C.). Hijo de Nebat y de Seruah, y primer rey (931-910) del Reino del Norte o Israel. Fue coetáneo de Roboam, Abiyyah y Asá de Judá. Por su capacidad manual (era de origen proletario) pronto fue nombrado por Salomón inspector de las obras que se efectuaban en Jerusalén. Se ignora cómo pudo hacerse luego jefe de las tribus del norte y sublevarse contra Salomón, cuya política respecto a las tribus septentrionales era de desprecio. Cierto día, Jeroboam fue abordado por el profeta Ajías el silonita, que, tras quitarle el manto nuevo que llevaba y rasgarlo en doce jirones, declaró que Dios le haría rey de diez de las doce tribus de Israel. Jeroboam tomó parte en una conspiración contra el linaje de Salomón y tuvo que huir a Egipto, donde fue recibido por el faraón Sheshonq I, enemigo de Salomón. Una vez muerto Salomón, Jeroboam regresó justo a tiempo de asistir al momento en que los israelitas interrogaban a Roboam sobre el trato que tenía intención de darles. La dureza y la insensibilidad de sus respuestas dieron lugar a una revuelta y al nombramiento de Jeroboam como rey sobre todo el territorio israelita, estableciendo su capital en Tirsah, a excepción de las tierras de Judá y Benjamín, que permanecieron del lado de Roboam. Aunque Israel era el mayor y el más fértil de los dos reinos, la ciudad santa de Jerusalén quedaba fuera de su territorio. Por esta razón, Jeroboam creó dos nuevos centros cultuales en Betel y Dan, dos localidades situadas en los extremos sur y norte del país respectivamente: un acto que guardaba cierto paralelismo con la recaída en el culto al becerro de oro que tanto indignó a Moisés en el desierto del Sinaí. Los más celosos guardianes del judaísmo nunca perdonaron a Jeroboam y a sus sucesores la creación de estos dos competidores de Jerusalén y la división del reino de David y Salomón. La historia de los reinos de Israel y de Judá fue narrada por cronistas partidarios de Judá, que atribuyeron todos los problemas de Israel al carácter pecaminoso de sus monarcas, empezando por el propio Jeroboam. Éste se vio obligado a mantener luchas contra los reyes de Judá, entre ellos Abiyyah, quienes le arrebataron algunos enclaves. Coincidiendo con esta guerra civil, los egipcios penetraron una vez más en Palestina, tomando numerosas ciudades, tanto de Israel como de Judá, donde saquearon el Templo de Jerusalén. Israel fue un estado dotado de cierta importancia geoestratégica debido a que diversos tramos de la ruta costera que unía Egipto con Siria, prolongándose luego hacia el Éufrates, cruzaban su territorio o pasaban cerca de él. En contraste, Judá era un reino sin salida al mar, ya que su acceso a la costa estaba bloqueado por las ciudades de los filisteos, y que sólo ocasionalrnente podía tener algún peso en las alianzas políticas. Fuera debido a su carácter pecaminoso o a otras causas, lo cierto es que la historia de Israel fue caótica. A diferencia de Roboam, Jeroboam no fundó una dinastía duradera. Su hijo Nadab, que no debe confundirse con Nebat, el padre de Jeroboam I, tan sólo reinó dos años y su linaje se extinguió tras la matanza perpetrada por Baasa (rey ca.900-877), cuyo hijo, así como el resto de su familia, serían a su vez masacrados por Zimri, el cual, tras reinar durante una semana, moriría asesinado por Omrí. Jeroboam II, rey de Israel hacia el 786-746, era un biznieto de Jehú y no guarda parentesco alguno con Jeroboam I. Ver, Cronología de Israel.

