Circumcelliones
o Circunceliones. Durante el siglo IV, África fue una región especialmente conflictiva. Aún no se había resuelto la confrontación religiosa entre donatistas y católicos cuando surgió el problema de los circumcelliones, un movimiento de carácter social protagonizado por grupos de campesinos descontentos que, en expresión de Agustín, "merodeaban las haciendas rurales" (circumiens cellas rusticanas). A estos "circunceliones", a los que la corriente donatista sirvió de base ideológica, se sumaron luego grupos de pequeños campesinos libres, colonos y esclavos fugitivos que reforzaron el contingente del grupo rebelde inicial. Agustín los presenta a todos ellos unidos contra los intereses de la Iglesia (católica) y de los grandes propietarios rurales: incendian iglesias, destruyen santuarios, asaltan las villae y, en fin, agreden a sacerdotes y obispos católicos. Sin embargo, el origen del conflicto fue político, tras la masacre de dos funcionarios imperiales en Bagai, al sur de la provincia de Numidia, en 347. La reacción imperial a cargo del comes Africae Taurino sofocó eventualmente la revuelta. Pero es probable que los circunceliones o parte de su séquito apoyara la fallida usurpación de Firmo en 372-373 y, desde luego, éstos se sumaron a la causa del rebelde Gildo contra Roma en 397. A partir de este momento los datos sobre los circunceliones son confusos. Mientras que una constitución de Honorio del 412 los considera un "ordo" junto con senadores, decuriones y comerciantes (negotiatores) o plebeyos (plebei), si bien el "ordo circumcellionum" ocupa el último lugar de la escala, en otra constitución tan sólo dos años posterior ya no son mencionados, lo que se corresponde bien con la afirmación de Agustín en el sentido de que en su época (ca.420) eran ya "pocos". Para este autor no hay duda de que se trata de un movimiento instigado por la secta donatista. Sin embargo, todo parece indicar que se trata de una de las muchas revueltas protagonizadas por un sector oprimido del campesinado contra los grandes dominios, civiles y eclesiásticos, existentes en territorio africano. Ahora bien, la identificación de la condición social de los insurgentes es muy problemática porque los textos contemporáneos dan noticias contradictorias. En la versión agustiniana del movimiento los circunceliones son trabajadores "desocupados" (otiosi) y "errantes" (vagantes), sin residencia fija, por lo que se ha pensado que podría tratarse de los jornaleros estacionales utilizados en la cosecha del olivo. Otras interpretaciones identifican a los insurrectos como campesinos privados de sus tierras e incluso como colonos y esclavos fugitivos de los dominios imperiales. Sin embargo, la documentación jurídica de la época no permite dudar de su condición de propietarios, a los que el Estado amenaza con la confiscación de sus "propiedades" si se unen a la corriente donatista africana. Por otra parte, la legislación los considera "libres", no colonos ni esclavos, e incluso constituyendo uno de los ordines civitatum, pero de condición un poco inferior a la de los "plebeyos", por lo que también se ha visto en el contingente circunceliónico la presencia de elementos urbanos, lo que se correspondería bien con la configuración de otros contingentes rebeldes de la época que, como los bagaudas, no fueron exclusivamente campesinos. De todos modos, la naturaleza campesina de este movimiento no permite su reducción a un conflicto de carácter religioso aunque los agonistici donatistas hayan podido ser, como lo afirman Agustín y Optato de Mileve, el brazo espiritual de los circunceliones. Si posesiones y representantes de la Iglesia fueron dañados lo mismo que los bienes de las aristocracias locales fue sin duda porque los insurrectos consideraban a ambos los auténticos responsables de su precaria situación. Una proclama de estas características debería haber concitado a la masa descontenta en todas las provincias africanas, pero no hay datos fehacientes de que los circunceliones actuaran fuera de Numidia, aunque Agustín afirmaba que "recorrían toda África", lo que debería restringirse sólo a algunas provincias africanas, excluidas con seguridad Mauretania Cesariana y Tripolitania. En este contexto de descontento generalizado de un amplio sector del campesinado, los pequeños propietarios, a los que pudieron unirse colonos arruinados y esclavos fugitivos, representan tan sólo el exponente de otras revueltas campesinas de menor alcance ocurridas en el Occidente del Imperio durante la segunda mitad del siglo IV y la primera del V. Ver, Sínodos de Cartago.

