Agalma

Estatuas de culto y en general imágenes ofrendadas a la divinidad, entre los griegos. El término significa literalmente "adorno". Se suponía así que el objeto en cuestión constituía una gloria o una delicia para los dioses a causa de su elevada cualidad artística y podía de este modo propiciar la concesión a los fieles de su contraprestación correspondiente por parte de la divinidad. Muy pronto, la idea de la divinidad se asoció estrechamente a la estatua de culto. Encontraba en ella el sólido soporte del que tenía necesidad. Ninguna religión ha dependido tan rigurosamente del simulacro, que los griegos designaron, en el uso habitual, si no constante, de la lengua con una palabra particular "agalma". Comprenden por ella la imagen divina, por oposición a la representación de un mortal, eikón. Por un cambio semántico muy tardío, el icono ha acabado por significar, en griego bizantino, la imagen sagrada, al revés del sentido que daba de ordinario a esa palabra la lengua clásica. El agalma es, a la vez, la representación del dios y el signo de su presencia. La estatua es el dios, sin que, no obstante, éste se confunda enteramente con ella. Sin duda la naturaleza divina desborda ampliamente el simulacro; el fiel admite sin dificultad la pluralidad de las imágenes de un mismo dios y considera que todas participan en la esencia de la divinidad, que se manifiesta de esta manera en cada una de ellas.
 
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