Juegos Píticos

o Juegos Pitios. En Delfos, fueron instituidos en honor de Apolo, después de la primera guerra sagrada, en 582 a.C.. Pausanias cuenta que los juegos Píticos fueron instituídos por Jasón o Diomedes, rey de Etolia. Los anfictiones gozaban en los juegos píticos del título de jueces o de agonotetas. Se enriquecieron poco a poco de las mismas pruebas atléticas que en Olimpia. Su originalidad consistió en conceder un lugar considerable a los concursos musicales, cuya tradición era muy antigua en Delfos. Se contaba que Homero y Hesíodo habían querido los dos tomar parte en el concurso, y que habían sido descalificados ambos, el primero por ser ciego y no poder tocar la cítara; el segundo, porque, por buen poeta que fuese, no era suficiente buen tocador de cítara. La anécdota, recogida por Pausanias, es evidenternente apócrifa, pero enseña bien que Apolo, dios de las artes, concedía tanto interés a las composiciones musicales como a los concursos atléticos. Las fiestas tenían lugar cada cuatro años, el tercer año de cada Olimpíada, por lo tanto dos años después de los Juegos Olímpicos, hacia el fin del verano (agosto-septiembre). Algunos días antes los delfianos enviaban delegaciones, los teores (o teares, como se decía en Delfos), a las diversas regiones del mundo griego para anunciar oficialmente la próxima apertura de los Pitia. En el curso de su embajada religiosa, esos teores eran recibidos y alojados en cada ciudad soberana por corresponsales oficiales encargados de facilitar su misión y que se llaman teodorocos. La lista de esos teodorocos ha sido grabada en varias ocasiones en el santuario y se ha conservado un fragmento de finales del siglo V, un texto muy extenso del final del siglo III y otros fragmentos de la mitad del II. Estos documentos son muy instructivos para la geografía histórica y la onomástica. Como en Olimpia, el premio de cada competición era una simple corona de hojas. Estaba trenzada con laurel, el árbol favorito de Apolo, cortado en condiciones particulares, que respondían a exigencias religiosas: un niño, cuyos padre y madre fuesen todavía vivientes, debía ir a buscar las ramas en el valle de Tempe, en Tesalia. El prestigio de Apolo, el renombre de su oráculo se añadían a los atractivos de los Juegos y llevaban a Delfos multitudes comparables a las que afluían a Olimpia. Ver, Juegos Panhelénicos, Antigua periodos, Ver, Fiestas griegas.
 
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