Lucrecio

(Titus Lucretius Carus) (ca.97-ca.53 a.C.). Poeta didáctico, autor del poema latino De la naturaleza de las cosas (De rerum natura). Su nombre era Tito Lucrecio Caro, pero no se sabe nada más sobre él o su vida con certeza. Ni siquiera Cicerón habló de su vida y solamente Cornelio Nepote lo alabó. Tampoco es mencionado por Virgilio u Horacio. Girolamo afirmó que enloqueció por causa de un filtro amoroso que le dio a beber una mujer y que en algún período lúcido escribió su obra. Lucrecio se impuso a sí mismo la tarea de exponer en hexámetros los Principios de la filosofía epicúrea, a pesar de que el propio Epicuro había rechazado la poesía como un vehículo serio para la exposición filosófica. Lucrecio siguió así el precedente sentado por los primeros filósofos griegos, Empédocles y Parménides, en especial el poema (perdido) del primero de ellos Sobre la naturaleza, para componer poesía didáctica que expusiera la filosofía de la naturaleza al tiempo que criticaba las doctrinas de estos. La fuente principal de que se sirve Lucrecio como material en su poema deben de ser las obras de Epicuro, en su mayoría perdidas; el título, de todas formas, recuerda el del tratado de Epicuro Sobre la naturaleza, perdido casi por completo, y hay un significativo parecido con la conservada Carta a Heródoto. La meta principal de Lucrecio al escribir su poema era evangelizadora: salvar a la humanidad de su temor irracional a los dioses y a la muerte por medio de una explicación cuidadosa de la verdadera naturaleza del universo en que vivimos, su condición material (principalmente que el alma es tan mortal como el cuerpo) y la ausencia de este mundo de lo sobrenatural (admite la existencia de un dios que no se interesa por la humanidad y que habita en los espacios entre los mundos). Al dedicar su poema a Gayo Memmio (un político y antiguo pretor desterrado en el 52 por prácticas corruptas que eligió después vivir en Atenas y a quien Cicerón apela para que no se destruyan los restos de la casa de Epicuro en esa ciudad), Lucrecio pudo haber dado un paso en falso y haber ofendido más de lo que se proponía: el poema es una clara condena de las actividades políticas, como las que condujeron a la injusticia de Memmio, aunque la caída de este debió de producirse después de la muerte de Lucrecio. Cicerón conocía bien el poema y lo admiraba: en una carta del 54 dirigida a su hermano alaba su hábil composición. Es difícil aventurar cuál era la posición social de Lucrecio; la historia, original de Suetonio y transmitida a través del erudito cristiano Jerónimo, que afirma que Lucrecio fue víctima de una poción amorosa administrada por su mujer, parece bastante fantasiosa. Según esta historieta, el filtro le habría vuelto loco, y Lucrecio, en sus momentos de lucidez, habría escrito el poema, que, según se dice, habría editado Cicerón, matándose finalmente. El poema, que es nuestra mejor evidencia del sistema físico epicúreo (a pesar de la auténtica intención de Lucrecio definida anteriormente), está dividido en seis libros, cada uno de más de 1.000 versos de extensión. Todos los libros van precedidos de un prólogo y todos acaban con una sección que se diferencia del cuerpo principal del libro. El argumento de cada libro está claramente indicado: el efecto general del poema es el de una diatriba, es decir, el de una contestación filosófica, casi religiosa, apoyada en los recursos de la retórica. Hay, por tanto, un fuerte componente satírico en el modo en que Lucrecio maneja este material, que surge de su evidente indignación ante los engaños que se difunden a su alrededor. Su estilo es áspero si se compara con la sofisticación de los poetas contemporáneos como Catulo, y está en deuda con los primeros poetas como Ennio y Pacuvio, con un marcado uso de la aliteración y la asonancia, formas arcaicas y palabras compuestas de su invención. El hexámetro a veces es torpe y monótono, pero es arrastrado por la fuerza del argumento. Es asombrosa la hazaña de Lucrecio al exponer la teoría atómica de la filosofía de la naturaleza en una lengua cuyas deficiencias siente muy intensamente, y hacerlo con convicción y pasión. Pero lo que se echa en falta en el poema es la exposición y discusión del sistema ético epicúreo. Los seis libros del poema están dispuestos por parejas: los dos primeros corresponden a la física atomista; el tercero y cuarto a la psicología y los dos últimos están dedicados a la historia del cosmos y de la humanidad. I. Los principios de los seres, la materia y la vida. II. Los átomos. III. Naturaleza mortal del hombre. IV. Teoría del conocimiento. V. Cosmología y origen de las civilizaciones. VI. Fenómenos naturales (meteorología y epidemias). Es un total homenaje a Epicuro, como lo demuestra al comienzo de cada libro. Lucrecio adopta a la diosa Venus como destinataria dramática de su prólogo en el libro 1, concibiéndola como una fuerza de la vida. A continuación describe la naturaleza física del universo según los términos de la teoría atómica. Nada puede surgir de la nada: los átomos de distintas formas y tamaños son los únicos elementos estables e inmutables y cambian sus posiciones relativas en el vacío a causa de la alterabilidad del mundo visible. Tras refutar los sistemas descritos por los filósofos presocráticos Empédocles, Heráclito y Anaxágoras, Lucrecio demuestra lo infinito del universo en relación con el vacío y los átomos que contiene. El libro 2 desarrolla su descripción del sistema atómico y discute el movimiento de los átomos, evitando el determinismo absoluto de Demócrito, mediante la postulación de las desviaciones impredecibles en el movimiento de los átomos y diferenciando entre las cualidades primarias, que son inherentes a los átomos, y las cualidades secundarias, como el color, la temperatura y el olor, que son accidentales y surgen de la combinación de los átomos. Además del nuestro hay muchos otros mundos en el universo, todos susceptibles de nacimiento y muerte. En el libro 3, tras un poema de alabanza sobre Epicuro, Lucrecio discute el tema del alma, argumenta que está compuesta de finos y ligeros átomos y que por tanto es mortal junto con el cuerpo. Muestra además cómo las enfermedades del cuerpo son paralelas a las enfermedades de la mente y avanza una serie de "pruebas" de la mortalidad del alma: por tanto es una tontería y está injustificado el temor a la muerte. El libro 4 retoma el poema con un prólogo similar al del libro 1, y los restantes libros tratan en detalle los temas que surgen de las premisas sentadas en los anteriores. El libro pasa a discutir la percepción y otras cuestiones psicológicas como la sensación y el proceso del pensamiento. Lucrecio considera la falibilidad de los sentidos, pero argumenta en contra del escepticismo. Finaliza el libro con una condena de la pasión amorosa. En el libro 5, tras un nuevo encomio de Epicuro, Lucrecio regresa al tema de la mutabilidad del mundo y ofrece un relato racional de su comienzo y desarrollo inicial, discutiendo el origen de la vida, recorriendo desde las plantas hasta el hombre. A continuación describe el proceso de creación de la humanidad y su progreso hacia la civilización. El libro 6 trata varios fenómenos atmosféricos como el sistema del tiempo y las tormentas, y fenómenos de la Tierra como los volcanes, los terremotos y el Nilo. Continúa con las enfermedades y las plagas y termina con una gráfica descripción de la peste de Atenas descrita en la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides. Existen dudas sobre si el poema que tenemos es la obra completa; el final es demasiado brusco y es posible que haya una contaminación en el texto. Además de la división de la obra en dos grandes secciones, sugerida anteriormente, se podría considerar que el poema está dividido en tres partes: los primeros dos libros se referirían a la teoría atómica; los intermedios, al ser humano, y los dos últimos, a toda la amplitud del mundo en su conjunto. Luchó contra la religión oficial, que no dejaba renovarse al hombre, utilizando un lenguaje vigoroso y denso. Además de ser admirado por Cicerón, el poema de Lucrecio fue alabado por Virgilio, Estacio y Ovidio, pero ignorado durante el Bajo Imperio y la Edad Media, y, al igual que la obra de Catulo, se conservó por casualidad en un único manuscrito. Poggio Bracciolini lo redescubrió en 1437. Marsilio Dicio lo conoció y lo combatió y el humanista Michelle Marullo imitó y publicó su obra. Tanto Giordano Bruno como Gassendi estudiaron a través de su obra el epicureísmo. Lucrecio fue reconocido en el Renacimiento como un importante pensador por su racionalidad, y Milton lo imita en su Paraíso perdido. Esta obra influyó en pensadores políticos como Hobbes, Vico y Rousseau, ofreciéndoles un relato de la evolución de la sociedad humana desprovisto de dogmas religiosos. Actualmente, se le reconoce como una de las voces más auténticas y profundas de toda la poesía clásica.
 
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