Sócrates
(ca.470-399 a.C.). Filósofo griego, de recia personalidad, que perfilará la figura del filósofo en su más noble definición: rectitud moral e intelectual. Con Sócrates primero, y con Platón y Aristóteles después, la filosofía griega se afianza definitivamente y se ofrece fecunda y perenne hasta nuestros días. Fue hijo de Sofronisco, probablemente escultor, y de Fenareta, que al parecer ejercía como comadrona. Fue al principio escultor como su padre, y entre sus obras artísticas se cita con especialidad un hermoso grupo de las Cárites; fue después discípulo de Anaxágoras y de Arquelao, y se entregó con el mayor ardor al estudio de la filosofía. Sirvió algún tiempo a su patria con las armas, distinguiéndose en el sitio de Potidea (431), en la batalla de Delio (424) y Anfípolis (422). La paz le devolvió a sus estudios y a sus discípulos. Con el valor que había mostrado en el ejército, el desinterés y hasta la gloria que manifestó al volver a su antigua vida, tuvo los sufragios de sus conciudadanos para las grandes magistraturas de la república, en las cuales desplegó altas virtudes políticas. Era presidente del Consejo de Estado y, por consiguiente, portavoz de la Asamblea, el día en que los generales victoriosos de las Arginusas comparecieron para ser juzgados (406). Los generales fueron acusados de no haber rescatado a los supervivientes de las naves hundidas y de no haber recogido los cadáveres de los marineros atenienses muertos tras la batalla naval. Pese al clamor popular, él rechazó exponer a votación una moción ilegal para juzgarlos en masa. En el 404-403 desafió una orden del gobierno oligárquico de los Treinta Tiranos para arrestar a un hombre, León de Salamina, al que pretendían ejecutar de forma ilegal. Rasgos de su personalidad aparecen en varias fuentes: capacidad de resistencia física (hiciera frío o calor, llevaba siempre el mismo vestido) y de poder de concentración (fue capaz de pasar todo un día y una noche abstraído, en plena campaña militar, reflexionando sobre un problema, sin importarle el peligro). En los años de juventud, se había ocupado de la filosofía de la naturaleza de los jonios, dirigido probablemente por Arquelao. No formó escuela. Su "aula" era la calle. Hablaba con quien encontraba al paso. A su interlocutor le preguntaba qué opinión tenía de sí mismo; qué era para él, por ejemplo, la verdad, el valor. Así establecía su arte, la mayéutica, el arte de dar a luz, que decía haber aprendido de su madre. A quienes se pavoneaban de sus conocimientos, les hacía caer en el ridículo de su ignorancia; era la ironía, otro de sus métodos de conocimiento. La completa ignorancia, de la que Sócrates hace gala, le hace más sabio que otros hombres; su amigo Querefonte, declara él en la Apología, preguntó al Oráculo de Delfos si había algún hombre más sabio que Sócrates; Sócrates aseguró que la respuesta de que "nadie era más sabio" era una referencia a la inconsciencia que tienen los demás de su propia ignorancia. Afirmaba que a veces escuchaba una voz interior que le advertía contra cierto tipo de actos; fue esta voz la que lo previno de entrar en política. Condenó muchas cosas en los mitos tradicionales y en la religión, incluyendo la inmoralidad de los dioses de Homero. Estaba, ante todo, interesado por la ética, y perseguía cuestiones como las de "qué es la virtud" y "qué es la justicia", en lugar de otras como la naturaleza del universo, con las que se habían comprometido sus predecesores. Si por un lado se ganaba la admiración de los bien dispuestos, por otro se veía blanco de las críticas de los reaccionarios defensores de la antigua filosofía. Sostuvo sus decisiones en todo momento, aun a riesgo de su propia vida. Sus enemigos arreciaron en diatribas y acusaciones, hasta que lo procesaron por impiedad, porque introducía, según los acusadores, nuevos dioses, y por corromper a la juventud. Encarcelado, se negó a aceptar la ayuda de sus amigos para huir. Se le encontró culpable y se le condenó a muerte por una mayoría de 60 de entre un jurado de 501 ciudadanos. Después de dejar pasar un mes a causa de un festival religioso en Delos, él mismo tomó cicuta mientras, serenamente, departía con sus incondicionales sobre la inmortalidad del alma. El trasfondo de la acusación fue probablemente un deseo de venganza por parte de algunos demócratas sobre alguien a quien ellos hacían responsable de ideas relacionadas con los oligarcas, muchos de los cuales, como Alcibíades o Critias, estuvieron una vez entre los compañeros de Sócrates. Sus conciudadanos, es decir, el jurado que lo procesaba, podían haber aceptado una disconformidad religiosa, pero lo que provocó la decisión de condenarlo fue la afirmación de Sócrates de que él no había enseñado nada que ellos no hubieran creído. No obstante, a los ojos de muchos jóvenes griegos que eran afines a sus ideas y que estaban impresionados por sus debates, su muerte fue un martirio en aras de la libertad del individuo y del derecho a dejarse guiar por el propio intelecto. Muchos de los seguidores de Sócrates abandonaron Atenas después del juicio, bien por desacuerdo o por miedo. En Sócrates empieza una nueva época de filosofía griega, pues todas las escuelas posteriores, por divergentes que parezcan, emanan de él. No fundó sistema alguno, antes bien fue antagonista declarado de la sofística, y en general de toda especulación, mirando como temeraria e inútil la ciencia que traspasa los límites de la conciencia y no tiene por objeto la perfección moral del hombre. Su obra consistió en provocar al hombre a la observación de sí mismo, y en hacer del alma humana el principal objeto de la filosofía. Fue el fundador de la moral, el primero que sospechó su existencia, y sentó las bases del derecho natural. La filosofía de Sócrates no solo fue una ciencia, sino también un arte; realizó cuanto pudo en su vida lo bueno y lo bello que enseñaba en sus lecciones. Maestro de los hombres, soldado intrépido y magistrado recto, cumplió fielmente los deberes de su vida civil y privada. Su lucha contra los sofistas y la franqueza de su enseñanza moral y política le acarrearon muchos enemigos. Aristófanes empezó a ridiculizarle en sus comedias, y con esto dio el primer golpe a su popularidad. Melito, Anito y Licon le acusaron de que corrompía a la juventud y desconocía a los dioses nacionales introduciendo divinidades nuevas. Sócrates no dejó nada escrito. Todo cuanto conocemos sobre él lo debemos a testimonios antiguos, principalmente a Platón, que fue discípulo directo suyo, a Jenofonte y a algunas referencias de Aristóteles. También aparece en la comedia Las nubes (423), de Aristófanes, pero este último testimonio no es muy de fiar por su estilo caricaturesco. De hecho, según las fuentes a que nos atengamos, obtendremos distintas imágenes de Sócrates. En todo caso, el conocimiento más sugestivo lo debemos a Platón, si bien resulta muy difícil discernir las doctrinas de uno y otro. Según Aristóteles, las dos contribuciones más valiosas de Sócrates a la filosofía fueron: el procedimiento inductivo y la definición universal. Pero la enseñanza de Sócrates más característica se cimenta en la moralidad. Las fuentes antiguas coinciden en atribuir a la moral socrática una doctrina positiva de la virtud: aquella que afirma que la virtud es conocimiento, de donde deriva que toda mala acción es fruto de la ignorancia y, por lo tanto, involuntaria. La denominada paradoja socrática consiste en considerar que conocer la virtud es ser virtuoso, del mismo modo que conocer las matemáticas es ser matemático. La otra doctrina fundamental de su ética es la del cuidado de sí mismo como auténtico sentido de la vida humana. El conocimiento de sí como cuidado del alma se convierte en sophrosyne, o templanza y se opone a la akrasía, o carencia de dominio del propio sí corpóreo, que se produce cuando el alma incumple los deberes para consigo misma, no realizando, por tanto, su propia función. Si bien es cierto que Sócrates se muestra poco interesado por la metafísica y que ni siquiera construye él mismo un sistema filosófico, no se le puede negar la enorme influencia que ejerció sobre Platón y, por consiguiente, sobre Aristóteles. Existieron otras fuentes de información sobre Sócrates: seguidores suyos como Esquines de Esfeto, Fedón de Élide y Antístenes escribieron diálogos en los que él figuraba, aunque solo nos han llegado unos pocos fragmentos. No conservamos nada de las obras de Cebes y de Aristipo. Una fuente muy importante es Aristóteles, que, aunque nació bastante después de la muerte de Sócrates, tenía abundante información sobre él, pues conoció a muchos de los que frecuentaron su círculo. Deja bien claro que Sócrates no jugó ningún papel en una especulación metafísica como la de la teoría de las ideas, que es fundamental en las obras del período intermedio de Platón.

