Heráclito

(ca.540-ca.480 a.C.). Filósofo, de sangre real, nacido en Éfeso. Los datos de su vida se confunden con la leyenda de hombre aristocrático y extravagante. Era hijo de Blosón, y habría rechazado el título honorífico de rey en favor de su hermano. Según la tradición, escribió un libro exponiendo sus creencias, libro que depositó en el templo de Ártemis de Éfeso y al que debe su fama de pensador enigmático y oscuro, por el estilo y el propio contenido, ambiguos y paradójicos. Fue uno de los primeros griegos que escribieron en prosa, y su estilo es tal y como él mismo describe que eran las respuestas del Oráculo de Delfos: "no revelan ni ocultan nada, sino que apuntan". Los fragmentos que nos han llegado indican que, lejos de ser un conjunto sistemático de un sistema filosófico, su libro estaba compuesto de una serie de aforismos crípticos, de ahí que a él se le conociera como "el oscuro". Reaccionó contra la creencia establecida de que la realidad del mundo es permanente y única, aunque esté disfrazada por los cambios aparentes y superficiales. Su punto de vista consistía en que todo está envuelto en un proceso de constante cambio y nueva disposición, un eterno estado de flujo y de conflicto de opuestos, que él expresó de una forma muy colorida diciendo que "nadie se baña dos veces en el mismo río", "la guerra es la madre de todas las cosas" y que "todo cambia y nada permanece". Ha sido considerado a partir de Platón como el filósofo del devenir, del todo fluye, contrapuesto a Parménides, el filósofo del ser, de la identidad y de la inmovilidad. Estaba en contra de la doctrina de Anaximandro de que los elementos están regidos por una "ley" (dike), y respondió que la ley es más bien un principio de desorden. Contempló el universo como compuesto de tres elementos: tierra, agua y fuego, que están en constante cambio unos con otros, pero que siempre permanecen en las mismas proporciones en el universo. Para él, el fuego era el elemento supremo y dador de vida, y le atribuyó un cierto poder de control o logos, como el poder de la ley. Su teoría filosófica afirma que el universo es eterno y no creado por dioses ni hombres, y que consiste en un fuego siempre vivo "prendido según medidas y apagado según medidas". En relación con la psique humana o "espíritu", postuló que, durante la vida, el logos, que está emparentado con el fuego, gobierna al "espíritu", pero que en la muerte es dominado por el agua. De esta manera, la sequedad del espíritu y su control por parte del ardiente logos convierten a una persona en sabia y moderada. Heráclito no se sentía afín a ciertos elementos de la religión popular griega, especialmente al culto a Dioniso, y se oponía firmemente al exceso y a la intemperancia. Sus puntos de vista políticos eran aristocráticos y apoyó el gobierno de la ley. Su originalidad fue el indagar en la naturaleza del discurso humano, especialmente en lo que se refiere a su empleo de los opuestos, y explicar su lógica. Debido a su despreció hacia la vida política, se retiró a las montañas donde dedicó su vida a la meditación. Heráclito se ubica dentro de la evolución de la filosofía presocrática, entre Pitágoras y Jenófanes de un lado, y Parménides por otro. Visionario genial, su concepción del devenir ha llegado, a través de Hegel, hasta nuestros días. Su idea del eterno retorno ha ejercido también evidente influencia sobre Nietzsche.
 
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