Tercera guerra macedónica

Roma declaró la guerra a Macedonia en 171 a.C.. Sin embargo, las tropas con las que el estado romano inició la ofensiva fueron facilmente vencidas por Perseo, que se apresuró a iniciar tratos de paz, sobre condiciones más propias de un vencido que de un vencedor. Las conversaciones, sin embargo, fue abortadas en su inicio, mientras Perseo se limitó a mantenerse a la defensiva. La paradójica situación llevó a otros estados, como Epiro e Iliria, a abrazar la causa macedonia o a mantener una equívoca postura en espera de los acontecimientos siguientes. Ni siquiera Rodas y Pérgamo pudieron sustraerse a esta compleja situación e intentaron pasos de reconciliación entre ambos contendientes, que el estado romano calificó de abierta traición. En el 168, la dirección de la guerra fue encomendada al cónsul Emilio Paulo, que forzó a Perseo a la batalla definitiva en Pidna, donde el ejército macedonio fue aplastado. Ver, Perseo, Pidna.
 
Volver