Asclepio
Los griegos, en caso de enfermedad, se dirigían, naturalmente, a sus dioses. El dios local, fuese el que fuese, representaba un primer recurso. Pero Apolo, más especialmente, aparecía como salutífero y muchos de sus epítetos cultuales hacen alusión a esta cualidad, tales: Paean, Epikurios, Alexikakos, Akesios. Ciertos héroes jugaron también ese papel. Había en Ática, en el siglo VI, el "Héroe Médico", que no era conocido más que con ese nombre. A partir del siglo V, la boga de sus curaciones fue eclipsada por una divinidad especializada en ese oficio, Asclepio, el Esculapio de los latinos, es a la vez el héroe y el dios de la Medicina. El éxito del nuevo dios se echa de ver por el ejemplo de Sófocles, que era sacerdote de un héroe salutífero, muy poco conocido entre nosotros, que se llamaba Alcón, o acaso Aminos, pero después fue un propagandista del culto de Asclepio; compuso un peán en honor de ese dios y albergó en su casa su estatua cuando en 421 los atenienses la hicieron venir de Epidauro, antes de instalarla en un santuario situado cerca del teatro de Dionisios, en el flanco sur de la Acrópolis. De esta manera ya en esta época Asclepio se encontró promovido al rango de los dioses. Hijo de Apolo, las leyendas relativas a su nacimiento varían de un modo considerable. La más corriente (y es la versión seguida principalmente por Píndaro) cuenta que Apolo había amado a Corónide, hija del rey tesalio Flegias, a la que hizo concebir un hijo. Pero durante este embarazo, Corónide había cedido al amor de un mortal, Isquis, hijo de Élato. Advertido de su falta por la indiscreción de una corneja (o tal vez por sus dotes adivinatorias), Apolo dio muerte a la infiel y, en el momento en que su cuerpo era colocado sobre la pira para quemarlo, el dios arrancó de su seno al niño, vivo aún. Tal fue el nacimiento de Asclepio. Según otra tradición destinada a explicar por qué Asclepio era el gran dios de Epidauro (Peloponeso), Flegias, un gran ladrón, había ido al país a fin de ver qué riquezas contenía y estudiar la manera de apoderarse de ellas. Lo acompañaba su hija, y esta, en el curso del viaje, había sido seducida por Apolo y dado a luz en secreto a un niño, en tierras de Epidauro, al pie de una montaña llamada Mirtio; después lo había abandonado. Pero una cabra amamantó al niño, y un perro lo guardó. El pastor Arestanas, a quien pertenecían estos animales, encontró a la criatura y quedó admirado de la aureola que la envolvía. Comprendiendo que en ello se encerraba algún misterio, no se atrevió a recoger al niño, el cual siguió solo su divino destino. Otra versión daba a Asclepio por madre a Arsínoe, hija de Leucipo. Era la tradición mesénica, que se trataba de conciliar con las otras afirmando que el niño era hijo de Arsínoe, pero que había sido criado por Corónide. Asclepio fue confiado por su padre al centauro Quirón, quien le enseñó la Medicina. Muy pronto el joven adquirió una gran habilidad en este arte, hasta el extremo de descubrir la manera de resucitar a los muertos. Efectivamente, había recibido de Atenea la sangre vertida de las venas de la Gorgona; mientras las del lado izquierdo habían esparcido un veneno violento, la sangre del lado derecho era salutífera, y Asclepio sabía utilizarla para devolver la vida a los muertos. El número de personas que resucitó de este modo es considerable. Entre ellas se cuenta a Capaneo, Licurgo (probablemente durante la guerra contra Tebas, en la que dos héroes de este nombre figuran entre las víctimas), Glauco, hijo de Minos, y el más citado de todos, Hipólito, hijo de Teseo (Ver, Fedra). Zeus, ante esas resurrecciones, temiendo que Asclepio desbaratase el orden del mundo, lo mató de un rayo. Para vengarlo, Apolo abatió a los Cíclopes (Ver, Apolo). A propósito de él, el poeta tebano formuló la admirable máxima: "No aspires, ¡oh alma mía!, a una vida inmortal, pero agota el campo de lo posible". Después de su muerte, Asclepio fue transformado en constelación y se convirtió en el Serpentario. Algunos testimonios tardíos presentan a Asclepio participando en la cacería de Calidón y en la expedición de los Argonautas, pero no es citado ni por Apolonio ni por Apolodoro. En general, queda al margen de los ciclos legendarios. Se le atribuyen dos hijos los médicos Podalirio y Macaón ya citados en la Ilíada. Luego, las crónicas posteriores de la leyenda le confieren una esposa, Epíone, y varias hijas: Aceso, Yaso, Panacea, Egle y Higía (Ver estos nombres). Venerado en Epidauro, en Argólida, en un santuario de Apolo, Asclepio pronto ocupó en él el primer lugar y en él se desarrolló una verdadera escuela de medicina, cuyas prácticas eran sobre todo mágicas, pero que preparó el advenimiento de una medicina mas científica. Este arte era practicado por los Asclepíadas, o descendientes de Asclepio. Su nombradía creció gracias a curaciones espectaculares. Es entonces, durante los treinta últimos años del siglo V, cuando la medicina clínica se constituyó gracias a Hipócrates de Cos. De Epidauro, el nuevo culto se extendió por el mundo griego con una asombrosa rapidez: en Atenas y en el Pireo (donde Aristófanes en el Plutos, representado en 388, sitúa la curación de Plutos, ciego); en Delfos, en Pérgamo, en Cirene (donde el Asclepión de Balagre fue fundado hacia el siglo IV); en Cos, la patria de Hipócrates, donde se desarrolló una importante escuela de medicina. Epidauro, el santuario de origen, siguió siendo el más célebre y el más frecuentado: un bello templo, una misteriosa rotonda debida al arquitecto Policleto el Joven, un teatro construido por el mismo arquitecto y numerosas instalaciones de culto, testimonian su prosperidad en el siglo IV. La fe de los peregrinos y sus esperanzas se reforzaban con la lectura de las curaciones milagrosas realizadas por el dios, como las que eran recordadas por inscripciones del siglo IV, que fueron vistas por Pausanias y que han sido encontradas en parte. Sesenta y seis milagros de Asclepio nos han sido de esta manera relatados con detalle, yendo de la curación de una muchacha muda o el parto de una mujer encinta desde hacía cinco años, a la evacuación de un cálculo o de una solitaria. Se ve al mismo dios llevar su benevolencia ¡hasta reparar milagrosamente un vaso roto en una caída!. Pocos textos son más evocadores de la sencilla piedad griega que esas historietas edificantes redactadas por un funcionario desconocido, que las saca de los archivos del santuario o las glosa a partir de ofrendas antiguas de las cuales no siempre comprende el sentido. El principal atributo de Esculapio era un bastón con una o varias serpientes enroscadas en él (el caduceo, símbolo de los médicos, que aparentemente representa, en los puntos de encuentro de las serpientes, los nodos, o "chakras", del cuerpo). El gallo, emblema de la vigilancia, y la serpiente, símbolo de la prudencia, estaban consagrados a Esculapio. Piñas, coronas de laurel, un perro y a veces una cabra eran sus atributos. Asclepio es también el nombre dado a uno de los tratados herméticos conocidos con el nombre de Corpus Hermeticum.

