Monstrum

Entre los romanos, un hijo que desobedecía a su padre o le pegaba, era un monstrum, un prodigio contrario al orden natural. Su acto debía ser expiado religiosamente para que este orden fuese restablecido. La expiación, por lo ordinario, consistía en la muerte del culpable, que era declarado sacer; por ello pertenecía a los dioses y dejaba de participar en la comunidad humana. Su lugar ya no estaba en la ciudadanía, ni tampoco en ningún lugar sobre la tierra; debía desaparecer. Ver, Sacer.
 
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