Salustio

(siglo IV) (Saturninius Salustius Secundus). Nació en Galia, hacia principios de siglo. De elevada formación cultural y sentido de la justicia. El César Juliano encontró en este hombre casi el único elemento de confianza entre los funcionarios que le asignó Constancio, y pasó por ser su cerebro gris. Cuestor de la Galia. Amiano narra las intrigas que acabaron con su traslado forzoso: Juliano se opuso a suscribir un impuesto extraordinario que pretendía el prefecto de la Galia Florencio, y que, al parecer, escondía además ciertas malversaciones del propio prefecto. Ante la negativa, Florencio escribió Constancio, acusando a Salustio de excitar a Juliano contra él. Los espías de la corte desplegaron su celo para conseguir el cambio de Salustio, lo que era un golpe dirigido en realidad contra Juliano para dejarle desasistido de su mejor ayuda. Esta maniobras ocurren durante el invierno de 358-9 y, seguramente, en la primavera del 359, es cuando se produjo el llamamiento de Salustio. Marchó a Iliria, a reunirse con Constancio que estaba en Sirmium, y después a Tracia. Una vez elegido emperador, Juliano lo nombrará prefecto de Oriente, y Salustio será también el encargado de presidir el polémico tribunal de Calcedonia que juzgó a los presuntos criminales del anterior régimen. Según algunos, la influencia de este hombre habría sido fundamental a la hora de evitar una sangrienta persecución contra los cristianos. Salustio intervino en la expedición contra los persas y, pese a su edad, tomó parte directamente en la pelea, de la que escapó por poco. Tras la muerte de Juliano, el ejército, unánimemente, le ofreció el imperio. Salustio lo rechazó por su edad y mal estado de salud. El nuevo emperador Joviano le envió a concertar la triste paz que puso fin a la expedición contra los persas y a la muerte de Joviano, se le volvió a ofrecer el poder supremo que de nuevo rechazó. Confirmado por Joviano y también por su sucesor Valentiniano, ambos cristianos, como prefecto de Oriente, lo que demostró su ascendencia tanto como su ecuanimidad, debió de ser pieza clave a la hora de moderar los intentos de persecución contra los amigos de Juliano de que nos informa Amiano. En 365 cesó en este cargo y se pierde el rastro de su vida, aunque Valentiniano y Valente no olvidaron sus servicios y le erigieron en Roma una estatua de oro, después de haberlo nombrado sucesivamente gobernador de la provincia de Aquitania, Magister Memoriae, procónsul de África, cuestor y miembro del Consistorio imperial con el título de Conde del primer rango. La enorme talla política de Salustio se completa con la visión más personal que ofrecen las respuestas de Libanio a sus cartas y con su actividad administrativa parcialmente conservada en el código de Teodosio. Interesa mucho recordar la única obra suya que nos ha llegado, "De los dioses y del mundo", cuyo objetivo era ni más ni menos que contribuir a la reforma religiosa de Juliano.
 
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