Anales

Redactados para los reyes egipcios desde la invención de la escritura, en la época que precedió a las dinastías tinitas, fueron continuados hasta el final de la realeza indígena. Pero como seguramente no comprendían más que un único ejemplar escrito en el frágil papiro, fueron desapareciendo con las sucesivas tormentas que sacudieron las capitales egipcias. Sin embargo subsisten tres testimonios de ellos. La piedra llamada de Palermo, que contiene nombres de reyes y extractos de hechos notables de su reinado tocante a lo religioso, desde el período tinita hasta la Dinastía V; estos fragmentos debían de pertenecer a una capilla menfita. En la Dinastía XVIII, Tutmosis III mandó grabar unos extractos del relato de sus campañas militares en Asia alrededor del santuario de la barca de Amón en Karnak. Algunos reyes, en ciertas ocasiones, mandaron erigir estelas conmemorativas de hechos salientes cuyo contenido fue sacado de los anales de su reinado: estela de Amenofis II, estela de Israel, estela de Piankhi.
 
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