Astronomía egipcia

Aun cuando no nos ha llegado ningún documento escrito puramente astronómico, podemos formarnos una idea de los conocimientos egipcios por los textos religiosos consagrados a las constelaciones, a los decanes y a la cosmología. Muy tempranamente, los egipcios supieron determinar el norte geográfico, como lo demuestra la notable precisión con que está orientada la gran pirámide. Habían observado también el movimiento de los astros alrededor del polo, y conocían cierto número de estrellas circumpolares, las cuales llamaban las Imperecederas. En los tiempos de Heracleópolis habían dividido el círculo del Ecuador en treinta y seis décadas, cada una de las cuales era presidida por una constelación o estrella, llamada decan. Habían adoptado muy temprano un calendario solar, pero siempre dejaron que se interfirieran los calendarios lunar y solar, tal vez por razones religiosas. Tuvieron que examinar el cielo para conocer la hora exacta de las ceremonias y de los tiempos sagrados. Observaban la salida de las estrellas mediante un instrumento doble: en la azotea del templo, un sacerdote sostenía una plomada provista de una regla; otro dirigía la vista a la estrella polar a través de una mira provista de una rendija; la línea entre la mira con la plomada y la estrella polar determinaba el meridiano. Era fácil entonces observar la culminación de las estrellas, es decir, el momento preciso de su paso por el meridiano. Desde el Imperio Medio se utilizaron los relojes de sol, así como seguramente las clepsidras, las cuales son bien conocidas en la Dinastía XVIII. Como los egipcios dividían los días y las noches en horas de igual longitud, un personaje llamado Amenemes, al principio de la Dinastía XVIII, inventó una graduación variable todos los meses para los relojes de agua. Pero todo esto no nos da el punto exacto al que habían llegado los egipcios en astronomía.
 
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