Censatario
Se atribuye a Servio Tulio, la división de los ciudadanos en cinco clases "censatarias". La primera comprendía a los ciudadanos más ricos, la última a los más pobres. Cada clase, a su vez (salvo la última, cuyos miembros estaban exentos del servicio militar), estaba dividida en un número variable de centurias. Esta división en centurias tenía un carácter esencialmente militar y correspondía a una especialización de los ciudadanos dentro del ejército. Así hubo centurias de caballeros, reclutados entre la aristocracia y entre los ciudadanos de la primera clase, los únicos bastante ricos para soportar la compra y el equipo de un caballo. Todas las clases, salvo la quinta, proporcionaban también centurias de soldados de infantería, cuyo armamento variaba según la fortuna. Además, el rey formaba centurias de soldados de "ingeniería", obreros especialistas en madera o en hierro, para el servicio del ejército, e incluso centurias de tocadores de cuerno y de trompeteros. La división en centurias fue adoptada además con ocasion del ejercicio del voto, y esto tuvo por resultado práctico dar dentro de la ciudad la preeminencia a la aristocracia de la fortuna. En ocasión de las votaciones, en efecto, cada centuria contaba con un solo voto, de modo que en las centurias que agrupaban el mayor número de ciudadanos (las de las clases más pobres), la voz de cada individuo pesaba menos que en las otras. Además, y sobre todo, las operaciones comenzaban por las centurias de la primera clase y cesaban cuando había sido obtenida la mayoría. En forma tal que las centurias de las últimas clases no votaban nunca. Este sistema censatario persistió hasta el fin de la República y sobrevivió incluso bajo el Imperio. Los comicios centuriatos, es decir, el pueblo convocado en sus cuadros militares, continuaron eligiendo, aun bajo la República, a los magistrados superiores y votando ciertas leyes importantes. Ver, Constitución centuriada.

