Demóstenes
(384-322 a.C.). Estadista ateniense y orador, muy admirado por su poder retórico. Su padre murió cuando él tenía siete años y le dejó una fortuna proveniente de sus negocios de cuchillería y fabricación de espadas. Pero los administradores de la herencia, Áfobo y Demofonte, que eran los hermanos de su padre y el amigo de éste, Terípides gestionaron mal el dinero, y cuando llegó a la mayoría de edad, solo le quedaba una pequeña porción de la herencia. Entablaron negociaciones con él durante tres años, mientras estudiaba retórica, probablemente con Iseo y Eubúlides, y se preparaba para el litigio. Superó con esfuerzo sus dificultades para la oratoria (dislexia, incapacidad de improvisación), por medio de ejercicios de declamación. Cuando cumplió los veintiún años, acusó a sus administradores con dos discursos, que se conservan (Contra Áfobo y Contra Onétor), pero tuvo que esperar dos años más para recibir lo que se le había dejado en herencia. Se preparó para ser escritor de discursos de tribunal y ayudante de la acusación en juicios públicos. Desde el 355, una vez terminada la Guerra Social, en la que Atenas había fracasado en su intención de imponer disciplina a sus aliados, Demóstenes optó por una mayor participación en política; esta actitud está reflejada tanto en sus discursos de tribunal como en los pronunciados ante la Asamblea ateniense. Argumentaba que Atenas debía esforzarse por mantener su independencia y su poder, y, por consiguiente, debía preparar reservas de cara a una guerra. Desde el 352, fecha en la que Filipo II de Macedonia atacó Tracia, el principal tema de Demóstenes fue la oposición a Filipo y al imperialismo macedonio. Sus primeros discursos de corte político fueron escritos para Diodoro: Contra Androción (355) y Contra Timócrates (353). El discurso Contra Leptines (354) fue pronunciado por él mismo. Los tres parecen haber sido escritos en oposición a la política de Aristofonte. En el 354 habló también ante la Asamblea, fue el discurso Sobre las simmorías, asociaciones de contribuyentes que debían equipar a las unidades de la flota. Su primera aproximación directa a la política exterior está representada por dos discursos del 352: En favor de los megalopolitas, que urgía a los atenienses para que apoyaran a Arcadia, cuya capital, Megalópolis, estaba en lucha con Esparta, y Contra Aristócrates, en el que Demóstenes argumentaba en contra de conceder honores a Caridemo por su labor en la reconquista del Quersoneso tracio mediante la negociación con Quersobleptes, príncipe de Tracia. Demóstenes se muestra poco realista en su apreciación del poder de Atenas en la región tracia; pero su motivo principal era atacar a Eubulo. Desde entonces, Demóstenes vio en Quersobleptes un peligro mayor que el de Filipo, temor que se reveló infundado en el 352, cuando Filipo atacó a los tracios y amenazó al Quersoneso. A partir de ese momento, Demóstenes organizó su propia cruzada contra la amenaza macedonia, que se convirtió en su principal preocupación. Compuso una serie de tres discursos, las Filípicas, en los que pretendía concienciar a los atenienses de lo que suponía la amenaza proveniente del norte. La Primera Filípica, pronunciada ante la Asamblea a principios del 351, reclamaba una acción más contundente para ayudar a Anfípolis, pero falló en su propósito; en su discurso En favor de la libertad de los rodios, que pronunció ante la Asamblea a finales de ese año, pedía apoyo para el partido democrático de Rodas frente al gobierno oligárquico sostenido por la monarquía caria. Con este último discurso tampoco tuvo éxito, porque sus argumentos eran demasiado débiles y el momento para una intervención de ese tipo no era el adecuado. Por aquella época Filipo estaba ocupado en el oeste, pero en el 349 volvió su atención hacia el sur e intervino en Tesalia; también estableció relaciones amistosas con Persia. Filipo asedió la ciudad de Olinto, y Demóstenes pronunció tres discursos motivado por este suceso: las Olintíacas; en ellas se exponía la necesidad de una ayuda urgente a Olinto y se proponía como medida de emergencia suprimir la práctica de ceder el dinero sobrante de las partidas presupuestarias al Fondo de Espectáculos, gracias al cual se entretenía al pueblo ateniense en el teatro. Se autorizó el envío de tres fuerzas expedicionarias, pero no llegaron a tiempo y, en el verano del 348, Olinto fue tomada por Filipo. Demóstenes entró en conflicto con el partido de Eubulo, que apoyaba una intervención en Eubea; esta intervención fue desastrosa, fracasó, costó a Atenas la pérdida de la isla y permitió a Filipo desplazarse hasta las Termópilas y amenazar Beocia. Después de este fracaso, Demóstenes proclamó, probablemente de forma injustificada, que solo él se había opuesto a la intervención en Eubea. Atenas estaba ahora aislada y debilitada, y resultaba evidente, tanto para Demóstenes como para sus oponentes, que la única esperanza consistía en firmar la paz con Filipo y en poner fin a la Guerra Sagrada, que había ido progresando en Grecia Central desde el 355. Demóstenes estableció una alianza temporal con sus oponentes y en el otoño del 348 defendió a Filócrates, un partidario de Eubulo, cuando fue acusado de proponer de forma ilegal la negociación con Filipo. En el 347-346, Demóstenes fue miembro del Consejo y formó parte de la embajada que se envió a Filipo y que condujo Filócrates hasta Pela a principios del 346; el resultado fue la Paz de Filócrates, en términos favorables para Atenas. Demóstenes fue presidente de la Asamblea que debatió la propuesta de paz; no habló y su silencio supuso la decisión de aceptar. Formó parte también de una segunda embajada a Pela en mayo, encargada de tomar juramento a Filipo en relación con el tratado. Filipo pronunció su juramento en julio, mientras convocaba a sus fuerzas con la intención de poner fin a la Guerra Sagrada contra Fócide. Por dos veces solicitó Filipo la ayuda de sus nuevos aliados atenienses para que enviaran tropas para atacar Fócide, pero por consejo de Demóstenes no fueron enviadas; afirmó que Filipo tomaría a los atenienses como rehenes. Filipo conquistó Fócide sin la ayuda ateniense y no invadió el Ática, como temía Demóstenes. Este habló a finales del verano en favor de la conciliación con Filipo, después de que los atenienses rechazaran que Filipo presidiera los Juegos Píticos de Delfos. Pronunció su discurso Por la paz a finales del 346 y en él proponía respetar el tratado; pero también atacaba al principal promotor de dicho tratado, Esquines, e intentó que Timarco lo acusara de traición. Esquines, sin embargo, se anticipó al ataque y a su vez acusó con éxito a Timarco de inmoralidad a principios del 345. En el 344, Demóstenes fue enviado en una embajada, que resultó contraproducente, a Argos, Arcadia y Mesene, para ofrecer oposición a la influencia de Filipo en el Peloponeso; esto desembocó en las protestas de Filipo y en el fortalecimiento de su poder en dichos Estados. Envió una propuesta a Atenas en la que se exponía que el tratado debía convertirse en una paz común. En respuesta, Demóstenes pronunció su Segunda Filípica, en la que denunciaba a Filipo como hostil e indigno de negociación; afirmaba que este había podido tomar Fócide porque había sobornado a los enviados atenienses. En el 343, Hipérides acusó con éxito a Filócrates, defensor de Filipo, y Demóstenes consiguió que se multara a Próxeno. Después renovó sus ataques a Esquines con su discurso Sobre la embajada infiel, en el que acusa a su oponente de corrupción en las negociaciones con las embajadas enviadas a Filipo. Esquines, aun contando con el apoyo de Eubulo y Foción, estuvo a punto de no librarse de la pena de muerte. En el 342, Filipo adoptó una política más agresiva en relación con Grecia al fracasar su propuesta de una paz común a causa de la intransigencia ateniense, intransigencia a la que había contribuido Hegesipo. Demóstenes fue enviado, junto con Hegesipo, en una embajada a los Estados del Peloponeso y a otros sitios en los que se podía encontrar aliados y apoyo frente a Filipo. Se establecieron muchas alianzas, aunque Esparta permaneció aislada y Tesalia no ofrecía esperanza. Filipo avanzó a través de Tracia para amenazar el suministro de grano de Atenas, que era enviado por barco desde Crimea pasando por los estrechos. Se produjo un enfrentamiento entre Diopites, el comandante ateniense en la región del Quersoneso, y los macedonios en la ciudad de Cardia. Demóstenes pronunció dos discursos de gran fuerza: Sobre la situación en el Quersoneso y la Tercera Filípica, en los que acusaba a Filipo de agresión. En estos dos discursos se declaraba abiertamente preparado para la guerra con Filipo, aunque el pretexto para declararla era débil, pues la agresión de Cardia había partido de Diopites. También pronunció la Cuarta Filípica, cuya autenticidad se acepta actualmente; en ella exigió la alianza de Atenas con Persia para poder continuar la guerra contra Filipo. Demóstenes era el líder indiscutible de Atenas. Logró alianzas seguras con Bizancio y Abidos, e Hipérides consiguió otras con Rodas y Quíos. A Diopites se le dieron fuerzas de apoyo y Atenas consiguió después éxitos en Mégara y Eubea. En marzo del 340, en una asamblea de Atenas y sus aliados, se tomó la decisión de reunir hombres y dinero para la guerra y se votó conceder a Demóstenes una corona de oro por sus esfuerzos. En el verano del 340, Filipo respondió a la beligerancia ateniense atacando Perinto y Bizancio, y luego denunció las transgresiones de la paz por parte de Atenas. La Asamblea ateniense respondió rompiendo el tratado de paz. El asedio a Bizancio por parte de Filipo fracasó por la eficaz intervención de Atenas. Demóstenes empleó su propio dinero en favor de la causa y fue nombrado jefe de la flota. En el 339 tuvo éxito en convencer al pueblo para que el dinero que se destinaba al Fondo de Espectáculos se empleara en usos militares. El mismo año, Filipo fue elegido jefe de las fuerzas de la Liga Anfictiónica. Como Tebas había expulsado de Nicea, cerca de las Termópilas, a una guarnición macedonia, Filipo tenía ya la excusa para intervenir en Beocia, y a finales de año avanzó hasta Elatea. Atenas respondió formando una alianza con Tebas, que estaba muy alarmada por la presencia de Filipo en Beocia. En la primera mitad del 338 se produjeron distintas maniobras militares y diplomáticas, pero Demóstenes mantuvo a los atenienses plenamente convencidos de la guerra y fue coronado en el festival de las Dionisias en marzo. Durante el verano, Filipo tomó Anfisa y obligó a los aliados a retirarse hasta Queronea, en donde se produjo una batalla decisiva, probablemente en agosto. Filipo obtuvo una rotunda victoria y Demóstenes abandonó el escenario de la batalla antes de que esta terminara para organizar la resistencia en Atenas. Esquines lo acusó de haber abandonado la batalla, pero Demóstenes ya se había asegurado de la defensa de Atenas y realizó un viaje para asegurar también el suministro de grano. Permaneció siendo lo suficientemente popular como para ser elegido para pronunciar el discurso funerario en honor de los caídos en Queronea. Los términos de la paz, que fueron negociados por otros con Filipo, permitían la existencia de un Estado ateniense debilitado, aliado de Macedonia y miembro de una nueva Liga Griega. En el 337, Demóstenes era elegido comisario jefe del Fondo de Espectáculos y había logrado reforzar El Pireo. En el 336, Ctesifonte propuso que Demóstenes recibiera una corona de oro en el festival de las Dionisias, pero fue acusado por Esquines de ilegalidad. A petición de Filipo y por consejo de Foción, Atenas envió un contingente para combatir contra Persia. Después del asesinato de Filipo, Demóstenes vio la oportunidad de reafirmar la independencia de Atenas, pero el hijo de Filipo, Alejandro III Magno, marchó rápidamente hacia el sur y aplastó a la oposición. Demóstenes fue designado miembro de un grupo enviado a Alejandro para pedir disculpas por la falta de interés de Atenas en los momentos posteriores al asesinato de Filipo. Sin embargo, el orador no pudo continuar con el grupo y regresó de su misión. Alejandro perdonó a Atenas y partió para el norte con intención de asegurar los Balcanes. Un rumor sobre la muerte de Alejandro impulsó a Demóstenes a negociar con Darío III de Persia la concesión de 300 talentos para armar a Atenas contra los macedonios; también promovió el retorno de los exiliados tebanos y la expulsión de la guarnición macedonia que estaba en Tebas. Tras el regreso de Alejandro y la destrucción de Tebas, Alejandro pidió la entrega de Demóstenes por haber soliviantado a Tebas, y solo la intervención de Foción salvó al orador de la muerte. Demóstenes continuó, en vano, poniendo sus esperanzas en la victoria de Persia para que Grecia se liberara de Macedonia. En el 330, Esquines reavivó su ataque a Demóstenes mediante el encausamiento de Ctesifonte, acusándole de haber propuesto la coronación del primero. Demóstenes replicó en defensa de Ctesifonte con su discurso más famoso, Sobre la corona; Esquines perdió el caso de forma tan rotunda que partió para un exilio permanente. Demóstenes desempeñó un papel destacado pero ineficaz en los asuntos de Atenas durante el gobierno macedonio, hasta el incidente de Hárpalo en el 324, que supuso su caída definitiva. En el verano del 324, durante los Juegos Olímpicos, Nicanor proclamó el regreso de todos los exiliados; este era un asunto de principal interés para Atenas, que había expulsado a los samios en favor de los colonos atenienses, y temía ahora que los samios los desplazaran. Por otra parte, había numerosos exiliados entre las tropas mercenarias de Alejandro, algunos de los cuales fueron traídos de vuelta por Hárpalo. Demóstenes protestó públicamente por esta decisión en una embajada que llevó hasta Olimpia. En ese mismo año, cuando Alejandro pidió la aquiescencia de los Estados griegos para que se le rindieran honores divinos por los servicios que había prestado al vengar a los griegos ante Persia, Demóstenes ridiculizó su petición. Después llegó repentinamente Hárpalo, infiel amigo de Alejandro, que buscaba refugio en Atenas y traía consigo una gran suma de dinero procedente de su mala administración de las finanzas de Alejandro. Demóstenes propuso que se guardara el dinero en la Acrópolis, pero parece que se apropió de una parte, posiblemente con propósitos políticos. Junto con otros ocho, incluido Demades, fue acusado por Hipérides ante el tribunal del Areópago de apropiación indebida de veinte talentos, por lo que se le condenó a pagar cincuenta. Demóstenes huyó primero a Egina y luego a Calauria, una isla cerca de Trecén. Tras la muerte de Alejandro, en el verano del 323, Demóstenes apoyó los planes de Hipérides de resistir a los macedonios, lo que condujo a la Guerra Lamíaca. Fue llamado a Atenas y su multa fue pagada por el Estado. Tras la derrota naval en Amorgos y la terrestre de Cranón (322), Antípatro amenazó con atacar Atenas, a menos que le fueran entregados los líderes de la oposición. Demóstenes huyó una vez más a Calauria, en donde se suicidó ingiriendo veneno en el templo de Posidón, anticipándose así a la sentencia de muerte pronunciada por la Asamblea a instancias de Demades para aplacar a Antípatro. Demóstenes fue una figura compleja y ambigua, que a menudo estaba dispuesto a aceptar aquello que desaprobaba sólo para mantenerse en la cima de la política. Fue un hombre típico de la ciudad-estado democrática, una institución condenada a morir ante el advenimiento de las poderosas monarquías que rodeaban al mundo griego. Es recordado por sus poderosos discursos, que fueron compuestos con una claridad de estilo que no tiene parangón entre sus rivales. Además de discursos políticos pronunciados ante la Asamblea ateniense y de discursos de tribunal sobre asuntos públicos, escribió también muchos discursos legales privados sobre temas civiles: herencias, custodias, seguros, violaciones de la propiedad privada y casos cuasicriminales de fraude y asalto. Se han conservado unos setenta discursos suyos.

