Dionisio I

o Dionisio el Viejo o Dionisio el Antiguo (ca.432-367 a.C.). Tirano de Siracusa. Comenzó su carrera en un puesto del gobierno y apoyó a su suegro, el estadista Hermócrates, en su intento de regresar a Sicilia desde el exilio el año 408. Dionisio mostró talento como demagogo y en el 405, tras el fracaso por parte de Siracusa en su intento de deshacer el asedio cartaginés a Acragante, convenció a la Asamblea para que eligiera un nuevo cuadro de generales, en el que se incluyó él. En el plazo de un año había expulsado y eliminado a sus colegas, poniendo así fin al período de democracia en Siracusa. Se convirtió en general con plenos poderes (estrategós autokrátor), puesto para el que iba a ser periódicamente reelegido hasta su muerte. Se casó con la hija de Hermócrates. A finales del siglo V, Cartago aprovechaba las disensiones entre las ciudades griegas para reanudar su expansión en Sicilia, detenida después de la victoria de Gelón en Himera en 480. Las tropas púnicas tomaron por asalto a Selinonte e Himera en 408, tomaron Agrigento y la arrasaron, ocuparon Gela y amenazaron Siracusa. La peste, que había penetrado en el campo de los púnicos, los obligó a tratar. Dionisio aceptó reconocer la posesión de Cartago sobre la mayor parte de Sicilia (404). Había sufrido dos reveses al combatir a los cartagineses y al sofocar una revuelta popular, que reprimió con dureza. Fortificó la llanura de las Epípolas, que dominaba Siracusa y extendió sus fortificaciones hasta el punto de hacer de ella la mayor ciudad del mundo helénico. Convirtió la isla de Ortigia en su fortaleza particular, protegida por sus tropas mercenarias, constituyó un parque de máquinas de guerra y construyó una flota de 300 navíos, no solamente trieras, sino también buques de cuatro y cinco filas de remos. Destruyó la ciudad de Naxos, que se oponía a Siracusa. Contrató a un gran número de mercenarios; estableció a sus partidarios en Catana y Leontinos, y atacó de nuevo a los cartagineses, esta vez con éxito. En el 398 se apoderó de Motya después de un largo asedio, pero la contraofensiva púnica del 397 supuso un duro golpe, ya que la escuadra siracusana fue derrotada y Dionisio se vio obligado a refugiarse en Siracusa, que fue sitiada. La suerte le favoreció de nuevo, pues Esparta envió una flota en su ayuda al mando de Farax, una epidemia diezmó al ejército cartaginés y Dionisio pudo obtener una victoria, que se completó con la destrucción de la flota púnica. En el 392 fue rechazado un nuevo ataque cartaginés y ello permitió a Dionisio alcanzar una paz ventajosa, Sicilia aparecía de hecho dividida en dos mitades, la cartaginesa y la siracusana, separadas por el río Mazaro. Lo siguiente que hizo Dionisio fue invadir Italia, y en el 388, junto con sus aliados lucanios, ganó la batalla del río Eléporo frente a un ejército combinado de Estados griegos de Italia, destruyó Caulonia e Hiponion (388). Conquistó todo el Brucio y en 387 tomó la estratégica ciudad de Regio, cuya posesión le aseguraba el control de la otra orilla del estrecho. Por entonces ya era el gobernante más poderoso de la Magna Grecia, la región grecoparlante del sur de Italia y de Sicilia. Se alió con la colonia espartana de Taranto (Tarento) y ejerció su influencia hasta el Adriático, en donde se unió a los de Paros para colonizar las islas de Isa y Faro (Vis y Hvar, en Croacia). Su flota dominaba el mar Jónico y permitía a los mercaderes siracusanos penetrar hasta el fondo del Adriático, donde instalaron factorías en Lissos, en Iliria, en Adria, en el delta del Po y en Ancona, excelente puerto en la costa italiana. Dionisio intervino también en el Egeo, generalmente en apoyo de Esparta: en el año 393 recibió una embajada remitida por el ateniense Conón, pero años después ayudó decisivamente al espartano Anntálcidas con una flota (387/86). También se alió con Alcetas, rey de los molosos del Epiro, que estaba exiliado, y lo restableció en el trono. Arrasó Agila, en Etruria, y obtuvo un magnífico botín. Reanudó la guerra con los cartagineses en el 382, pero hacia el 375 sufrió una seria derrota en Cronion y tuvo que ceder el territorio al oeste del río Halico. Llevó a cabo un tercer ataque en el 368, en el que tomó Selinunte, Érice y Entela, y asedió Lilibeo. La tregua se concluyó en el 367 e inmediatamente después moría Dionisio después de un reinado de treinta y ocho años, según se decía de emoción por haber ganado un concurso de tragedias en Atenas. Tras el suicidio de su primera esposa, en el 405, se había casado en bigamia con Aristómaca, hermana de Dión y madre de Hiparino, y con la locria Dóride; de la que tuvo una hija y el que sería su heredero, Dionisio el Joven. Prototipo de tiranos, sirvió de modelo a la descripción que de este tipo de gobierno hizo Platón, cuya estancia en la corte de Dionisio fue decepcionante. Su tiranía tenía carácter popular: Dionisio se presenta como defensor del demos y enemigo de los ricos, cuyos bienes confiscó con frecuencia y a cuyos esclavos liberó transformándolos en ciudadanos (néopolítai) para asegurar una mayoría en la asamblea. Pero los fundamentos de su poder descansaban en su fortaleza de Ortigia, así como en su ejército y en su flota, que estaban formados por un selecto cuerpo de mercenarios, bien pagados y bien armados. Fue un manipulador sutil e inteligente, que aprendió cómo controlar al pueblo desarmándolo y teniéndolo permanentemente supervisado. Desplazó a poblaciones enteras y fue el causante de la pérdida de las lealtades tradicionales entre las ciudades de Sicilia y el sur de Italia. Promovió el desarrollo de la industria de armamento y de la artillería, sobre todo catapultas y máquinas de asedio. Se apoyaba en la guerra y en las incursiones de piratas para mantener la lealtad de sus mercenarios. Fue un soldado de éxito, pero las campañas contra Cartago, su principal enemigo, quedaron en empate, aunque logró salvar a la isla de la conquista cartaginesa. Trajo prosperidad a Siracusa y probablemente se hizo popular para la mayoría de los ciudadanos conforme pasaba el tiempo. Tuvo la originalidad de organizar, el primero en esta realización, el primer gran Estado en el que griegos de todo origen, bárbaros sículos o italiotas, soldados de fortuna y mercaderes venidos de todas partes, vivieron unos al lado de otros bajo su autoridad personal, en una situación que era más de súbditos que de ciudadanos. Ciertamente, no consiguió fundir estos elementos disparatados en una verdadera unidad política, pero sacudió profundamente los viejos cuadros de la ciudadanía griega. Isócrates, que soñaba con ver a los griegos unidos contra el peligro persa, pensó un momento que Dionisio podría realizar este gran designio. Tenía ambiciones como poeta y escribió una tragedia, El rescate de Héctor, que ganó un premio en el festival ateniense de las Leneas del año 367; sin embargo, mucha gente ridiculizaba sus obras. Compró reliquias de Esquilo y Eurípides y erigió una estatua de él mismo como Dioniso, dios del teatro. Le sucedió su hijo Dionisio II.
 
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