Adriano
Publio Elio (Publius Aelius Hadrianus) (76-138). Emperador que reinó del 117 al 138. Adriano nació el 24 de enero del 76 en Hispania, probablemente en la colonia de Itálica, en la provincia de la Bética. Pertenece a la dinastía de los Antoninos. Hijo de Publio Elio Adriano Afer y de Domicia Paulina. Su familia se había establecido en Hispania 200 años antes, siendo originarios de Hadria, en el Piceno. Estaba emparentado por matrimonio con el futuro emperador Trajano: su abuelo se había casado con la tía de Trajano. Cuando el padre de este murió, Adriano se convirtió en pupilo de Trajano y de Aciano, Publio Acilio. Adriano pasó los seis años siguientes en Roma, pero a los quince años regresó a Hispania para unirse al ejército. En el 93, Trajano lo llamó a Roma y dispuso que Adriano fuera tribuno militar de la Segunda Legión Adiutrix en Aquincum (Budapest), en Pannonia, en el 95, y en la Quinta Macedónica en Mesia en el 96. En el 97 fue enviado a la Germania Superior para felicitar a Trajano, por entonces cónsul y gobernador de esa provincia, por su adopción por parte del emperador Nerva, permaneciendo allí como tribuno de la Vigésimo Segunda Primigenia bajo el mando de su cuñado Julio Urso Serviano. Trajano se convirtió en emperador en el 98, y en el 99 volvió a Roma con su pupilo Adriano, con quien casó a su sobrina nieta Vibia Sabina en el 100, con la entusiasta aprobación de su esposa Plotina, que parece haber sido una firme defensora de la sucesión de Adriano. A partir de entonces, Adriano emprendió una carrera principalmente militar, aunque incluyó los más importantes cargos civiles y sacerdocios: fue cuestor en el 101, participó en la campaña de Dacia del 101 al 102, fue tribuno de la plebe en el 105, estuvo de nuevo en Dacia del 105 al 107 al mando de una legión, fue pretor en el 106 y gobernador de la Baja Pannonia en el 107. Adriano desempeñó un consulado suplente en junio del 108. En el 111 fue nombrado arconte de Atenas, una ciudad que amó y embelleció (en su juventud había sido apodado Graeculus, el "pequeño griego", por su devoción por la cultura griega), y desde el 113 asistió a Trajano en sus campañas contra los partos. En el 117, Trajano lo nombró gobernador de Siria, importante estratégicamente para la guerra parta, pero en agosto de ese año, tras abandonar la guerra por enfermedad, Trajano murió sin hijos en Selino, en Cilicia. Adriano, que estaba cerca, en Antioquía, anunció el 9 de agosto que había sido adoptado por Trajano y el 11 que el emperador había muerto. Hubo muchos dispuestos a desacreditar su afirmación de haber sido adoptado, pero Adriano había sido indudablemente muy honrado por su predecesor y había recibido con anterioridad muchas muestras de favor. Ni la condición de "adoptado" de Trajano ni el apoyo del influyente Acilio Atiano fueron suficientes para que Adriano fuera aceptado emperador por el Senado sin reservas, a pesar de que Adriano les había escrito comprometiéndose a respetar sus derechos. No obstante, bajo la tutela de Trajano, Adriano había realizado una densa carrera política desempeñando con eficacia cargos administrativos (cuestura, tribunado, pretura) y militares (tribuno, legado legionario, cónsul) con una importante actuación política como gobernador de Pannonia y Siria al frente de las legiones orientales. Fuera o no cierta la adopción de éste por Trajano pocos días antes de su muerte, es indudable que Adriano era uno de los más firmes candidatos al trono imperial por varias razones. En primer lugar, su ascendencia hispana como hijo de un senador de la Bética emparentado con el emperador, quien había acogido como tutor a Adriano y procurado su formación. En segundo lugar, la figura militar de Trajano reclamaba un sucesor similar, capaz de mantenerse en el difícil equilibrio político de controlar el ejército y gozar del apoyo del Senado. En tales circunstancias, Publio Elio Adriano reunía casi todas las condiciones para ser proclamado optimus princeps. Sin embargo, las relaciones del nuevo emperador con estas dos importantes instituciones de la vida política romana se deterioraron pronto. El ejército lo aclamó como emperador. Adriano era muy consciente del peligro que suponían para el imperio las amenazas de rebelión en Mauritania, Britannia, Dacia y Mesia, por lo que emprendió la labor de resolver la situación, retirándose de la mayor parte de las conquistas orientales de Trajano (principalmente Armenia, Asiria y Mesopotamia), excepto de Arabia, y destituyendo de su cargo al gobernador de Judea, Lusio Quieto. Adriano pasó gran parte de su vida viajando por las provincias fronterizas y reorganizando el ejército. Fue cónsul en el 118 y volvió a Roma en julio, después de haber pacificado la frontera del Danubio. Aun ausente de Roma, el Senado hizo responsable al emperador de la ejecución sumarísima por el prefecto del pretorio Acilio Atiano de cuatro "consulares", asiduos colaboradores de Trajano: Lusio Quieto, A. Cornelio Palma Frontoniano, L. Publilio Celso y C. Avidio Nigrino. Además, la ejecución sin juicio previo violaba la normativa vigente y sentaba un peligroso precedente contra los privilegios de la institución senatorial. Para acallar las protestas del Senado, Adriano se vio obligado a destituir a Atiano, pero más tarde le otorgó el honor del rango senatorial. Buscó el apoyo general reduciendo los impuestos y ofreciendo espléndidos espectáculos de gladiadores y generosas distribuciones de dinero al pueblo. Adriano celebró un triunfo en nombre de Trajano por las victorias de este en Oriente. En el 121, Adriano dedicó a Venus y Roma un templo diseñado por él mismo en el Foro Romano. Ese mismo año marchó a la frontera germana para encargar una nueva obra de defensa, el limes, que recorría el tramo del Rin al Danubio; desde allí marchó a Britannia en el 122, donde comenzó la construcción de la muralla de Adriano desde el Solway a la desembocadura del Tyne. Por alguna oscura razón, Adriano despidió de su servicio a Suetonio Tranquilo, su secretario de Estado, y al prefecto Septicio. Adriano cruzó entonces la Galia camino de Hispania y fundó un templo en Nîmes en honor de Plotina, la mujer de Trajano, que murió en el 123. Pasó el invierno en Tarragona, donde proclamó que desde entonces su título sería simplemente Adriano Augusto. En esta época se aplastó una rebelión en Mauritania, que Adriano no llegó a visitar. En el 123 navegó desde Hispania al este, haciendo escala en la Cirenaica para fundar una ciudad, Adrianópolis, para los refugiados de Palestina, y marchó hacia la frontera con Partia para firmar un tratado de paz. Adriano viajó por Asia Menor y en el 124 llegó a Grecia: en esas provincias orientales alentó los programas edilicios, y en Atenas su patronazgo embelleció la ciudad. Fue iniciado en los ritos mistéricos de Eleusis. En el 125, Adriano volvió a Roma vía Sicilia; permaneció en Italia hasta la primavera del 128 y dividió el país en cuatro provincias para ser gobernadas por ex cónsules. Tras aceptar el título de Pater Patriae (Padre de la Patria), Adriano partió para África, donde estableció una obra de defensa en Mauritania. Visitó Roma en su viaje a Grecia, donde pasó el invierno del 128-129 en Atenas. Aquí Adriano ordenó la restauración del templo de Zeus Olímpico, siendo recompensado con el título de Olímpico y adorado en Grecia y en Oriente dentro del culto de Zeus Panhelénico. Adriano pasó el 129 en Asia Menor y Siria, y visitó Palmira antes de viajar a Egipto atravesando Arabia y Judea. En esta última provincia, Adriano refundó Jerusalén como Colonia Aelia Capitolina, dedicó un templo a Júpiter en el lugar del templo judío y prohibió la práctica de la circuncisión, enfureciendo a los judíos y provocando finalmente su sublevación en el 132. En el 130 realizó un recorrido por los lugares antiguos de Egipto y allí perdió a su favorito Antínoo, ahogado en el Nilo. Adriano fundó la ciudad de Antinópolis y estableció un culto en su honor. En el 131 marchó hacia Atenas atravesando Licia, en el sur de Asia Menor: en esta ciudad fundó un consejo de todos los Estados griegos, el Panhellenion, y dedicó el templo de Zeus restaurado por él. En el 132 comenzó la rebelión de los judíos encabezada por Bar Kochba, que duró hasta el 135: Adriano llamó a Sexto Julio Severo desde Britannia para que se encargara de los insurrectos, con bastante éxito al principio. A causa de la revuelta, el propio Adriano pasó algún tiempo en el Este, principalmente en Antioquía; en el 134 volvió a Roma enfermo y vivió en su inmensa nueva villa cerca de Tíbur (Tivoli). Adriano calmó Judea expulsando a los judíos de su país y dedicando su templo a Júpiter: apostó allí dos legiones romanas para asegurar la calma. En el 136, Adriano planeó su sucesión: sin hijos legítimos, decidió seguir el precedente sentado por Augusto y elegir su propio heredero por medio de la adopción. En primer lugar adoptó a Lucio Ceyonio Cómodo Vero, cónsul en el 136, que tomó el nombre de Lucio Elio César; sin embargo, este murió el primer día del 138. El viejo estadista Lucio Julio Urso Serviano, cónsul del 134, que se había casado con la hermana mayor de Adriano, Paulina, pudo haber expresado su recelo y sugirió el mayor derecho de su nieto Fusco Salinator: el emperador mandó matar a ambos, quizá por medio del suicidio. Adriano eligió entonces a un pariente de su mujer, Arrio Antonino, personaje ya maduro, con experiencia en el gobierno y en la administración, con el nombre de Tito Elio Adriano Antonino. Antonino tampoco tenía hijos y, por ello, Adriano le obligó a adoptar a su vez a Marco Annio Vero (el futuro emperador Marco Aurelio), sobrino de Antonino, y al hijo de Elio César, Lucio Ceyonio Cómodo II (el futuro emperador Lucio Vero). Adriano murió en Bayas o Baies a los 63 años el 10 de julio del 138, pronunciando su famoso verso dedicado a su alma, Animula Vagula Blandula. Fue enterrado en uno de sus grandes edificios, el mausoleo que hoy es conocido como Castel Sant'Angelo, a orillas del Tíber, y fue divinizado pese a que muchos senadores no estaban dispuestos a votar por este honor, hasta tal punto Adriano era impopular en Roma. Aunque Adriano visitó con frecuencia los frentes de su ejército, su política militar fue menos agresiva que la de su predecesor, pero mantuvo los territorios anteriormente conquistados; incluso en Mauritania y Britannia al principio, y en Judea al final de su reinado, hubo guerras que ponen en entredicho el pretendido "pacifismo" de este emperador. Es cierto sin embargo la intensa labor jurídica y administrativa de Adriano: reorganizó el consilium principis, dividió Italia en cuatro circunscripciones territoriales bajo el mando de otros tantos senadores de rango consular, codificó las normas de aplicación judicial más frecuentes de la legislación imperial (el llamado "edicto perpetuo", que sería cursado a los gobernadores provinciales y magistrados con funciones judiciales), promulgó una ley para fomentar el cultivo de los campos no explotados (Lex Hadriana de rudibus agris), regularizó el cursus ecuestre y amplió la civitas romana otorgando derechos de ciudadanía (latium minus) a muchos municipios o elevando el rango de éstos a colonias. En fin, descentralizó la recaudación de ciertos impuestos a nivel provincial nombrando funcionarios encargados de tales cometidos. Pero aparte de todo ello Adriano sobresale en la evolución imperial por dos aspectos peculiares de su política: uno es su acusado filohelenismo y su devoción por las costumbres y tradiciones orientales; el otro, su carácter de "emperador itinerante", preocupado por supervisar personalmente los proyectos y obras imperiales, lo que implicaba pasar gran parte de su reinado (casi 12 de 24 años) fuera de Roma. Estas dos facetas serían suficientes para justificar su actitud en política exterior: menos beligerante, más defensiva, pero en absoluto "pacifista", como se ha sostenido en ocasiones. De hecho, respecto a Trajano, se observa una cierta continuidad también en la política interior: "alimenta", obligaciones senatoriales, funcionarios financieros, etc.. Incluso el problema sucesorio fue resuelto de forma peculiar por Adriano. Su reforma de la recaudación de impuestos trajo beneficios para su programa de construcción y de instituciones de caridad. En Roma restauró el Panteón de Agripa, construyó un templo en honor de Trajano y de Plotina y reconstruyó buena parte de la ciudad y de Ostia. En Atenas construyó un nuevo barrio cerca del antiguo mercado de la ciudad antigua.

