Khepesh

En numerosos relieves del Imperio Nuevo aparece una imagen característica del nuevo énfasis militar en la iconografía del poder real: el dios Amón, a menudo presentado como padre del rey, entrega al faraón un peculiar emblema de poder, una espada curva o sable de bronce, el khepesh: que alude así explícitamente a la importancia de la función o faceta defensiva del poder real. Otras ocasiones, en la tradicional escena del rey sacrificando prisioneros, muta la tradicional maza, sustituyéndola por este tipo de sable. Ya Richard Burton, en su historia de la espada de 1.884, insistía en el carácter primitivo de este tipo de espada pura y unicamente tajante, como un hacha, capaz de asestar el tipo de golpe más natural pero también más primitivo, frente al golpe de estoque o punzante. Se trata de un modelo importado del Próximo Oriente, como tantas otras armas, cuya peculiar forma los egipcios asociaron a los cuartos delanteros de un animal, de ahí su denominación egipcia. Se trata de armas sólidas fundidas en una sola pieza de bronce, con la empuñadura regruesada con cachas de madera, asta o marfil. La empuñadura se prolonga en una hoja recta en un tramo de entre un medio y un tercio de su longitud total, que luego se curva en un arco de círculo, a veces casi un semicírculo, con el filo en el lado convexo. La hoja es gruesa y pesada, con marcadas acanaladuras, con una capacidad notable como arma de corte e incluso como maza. El tipo está bien documentado en la costa de Siria-Palestina desde antes de comienzos del Reino Nuevo (Gezer, Sejem, Biblos, Ugarit), apareciendo incluso en Anatolia. Se menciona, además, como hoz en los archivos palaciegos del Próximo Oriente, por ejemplo en Ugarit, aunque en muchos menos casos que, por ejemplo, el arco. No es hasta avanzado el segundo milenio cuando la espada en forma de hoz comenzó su evolución. En los prototipos proximo-orientales de la primera mitad del segundo milenio, la parte recta de la hoja es más larga que la parte curva; en Egipto, hacia la segunda mitad del siglo XVI a.C., la proporción se invierte. Por tanto, los tipos primitivos se aproximan en su función al hacha de ojos, y sólo los más evolucionados son verdaderas cimitarras. Esta arma se convirtió en un verdadero icono en la Dinastía XVIII. Dos de ellas aparecieron en el Anejo de la tumba de Tut-anj-Amón, y una de ellas es una versión de pequeño tamaño (cuarenta cm en total), obviamente pensada para un niño. Además, en el suelo de la misma estancia se hallaron dos amuletos de oro en forma de khepesh. No era sin embargo el arma más habitual en Egipto (la lanza y las hachas se representan más a menudo), ni tampoco exclusiva: los relieves hititas de Yazilikaya muestran hileras de dioses armados también con esta espada falcada. Avanzado el Reino Nuevo, tanto en el Próximo Oriente como en Egipto aparecieron verdaderas espadas de hoja recta, como muestran las representaciones de los mercenarios Shardana, y poco a poco el khepesh se extinguió derrotado por los nuevos y más eficaces tipos de verdaderas espadas, aunque todavía se representa en relieves de fines del Imperio Nuevo y es, quizá, citada en textos bíblicos.
 
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