Período protodinástico y tinita

Además del protodinástico (3.200-3.065), incluye la Dinastía I (3.065-2.890) y la II (2.890-2.686) egipcias. La cultura farónica está profundamente enraizada en el continente africano. Su lengua pertenece al grupo de lenguas afroasiáticas y contiene, no sólo elementos formativos semíticos del Próximo Oriente, sino también vocablos de las lenguas norteafricanas. Desde finales del IV milenio a.C. está documentada a través de jeroglíficos y es el símbolo claro de que Egipto era un enlace entre las culturas del Próximo Oriente y África. La historia del Egipto Antiguo es una página viva de la historia humana, debido a que durante tres milenios su civilización y su cultura pudieron evolucionar libremente. La protección de los desiertos y el mar y el fértil valle del Nilo permitieron el florecimiento de un imperio único e irrepetible, que convirtieron al país de los faraones en la más admirable enciclopedia ilustrada del mundo antiguo. Ya hacia 3050 a.C. la región aparece como un área centralizada bajo el cetro de un soberano llamado "Rey del Alto y del Bajo Egipto", lo que supone que el valle y el delta del Nilo eran considerados desde entonces una unidad incuestionable. Egipto, por su posición geográfica, puede aprovechar controladamente las influencias de culturas extranjeras e influir también sobre los países vecinos. En este proceso recíproco, Egipto siempre entregó más de lo que absorbió, y así lo prueban griegos y romanos, que lo consideran origen indiscutible de sus respectivas culturas. La "estatua de un mono", una de las esculturas egipcias más antiguas en piedra de gran tamaño, cristaliza los rasgos fundamentales del arte de la zona. La estatua del mono es el arquetipo cifrado de una dignidad inaccesible, la de un dios o, más probablemente, de un rey (el jeroglífico del mono sirve a menudo para connotar la palabra "rey"), cuyo nombre mítico "Narmer", esta inscrito en la parte frotal de la estatua. Ver, Período Tinita.
 
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