Euripo
Los romanos dieron el nombre de "euripos" a los largos estanques en forma de canales que comenzaron a instalar a partir del siglo I a.C. en las villas y residencias privadas donde se disponía de suficiente espacio y de los medios necesarios. La palabra derivaba del griego: en efecto, entre Beocia continental y la isla de Eubea, el Euripo constituye un estrecho en el que el mar parece apresarse a sí mismo y cuyas aguas cambian de dirección hasta diez veces al día, siendo difícil de cruzar por estas corrientes alternativas. En todo tiempo ese flujo y reflujo llamaron poderosamente la atención: Aristóteles, según cuentan, se ahogó allí, desesperado de no haber entendido por qué la corriente se invertía de aquella manera, y esas mismas aguas inspirarían a Apollinaire uno de sus más bellos versos: "La vie est variable aussi bien que l'Euripe" ("La vida es variable al igual que el Euripo"). Cuando los estanques llegaron a multiplicarse en las casas de campo, se acometió también la tarea de conectarlos entre sí mediante pequeños canales. En Pompeya, por ejemplo, había en el centro del jardín de los Praedia de Julia Félix un hermoso euripo bordeado por nichos rectangulares o semicirculares donde los peces encontraban refugio; tres puentecillos de mármol permitían atravesarlo. En la casa de Octavio Cuartio, antes llamada de Loreyo Tiburtino, el euripo era de concepción más compleja. Tenía dos metros de ancho y constaba de dos ramales dispuestos en forma de T en el eje de una terraza; el más largo, apenas interrumpido por el pilón de una fuente y coronado por una pérgola, cruzaba todo el jardín; el otro, más corto, decorado con doce estatuillas, corría paralelo al pórtico y la terraza de la casa. En la confluencia de ambos canales, el agua viva salía en cascada de una gruta dispuesta sobre la terraza; en la base de la T había un primoroso biclinium y un altar para las ninfas del que aún quedan dos frescos, uno de los cuales representa a Narciso y el otro a Píramo y Tisbe. Cuando los habitantes de estas suntuosas moradas paseaban al atardecer rodeados de tales ornamentaciónes e inmersos en la sabia armonía de sus jardines, podían sin duda, aunque sólo fuera por un instante, sentirse los sucesores consumados de aquella Grecia cuya elegancia admiraban y de la que habían como conquistado uno de los lugares más célebres. El primer euripo público fue construido en el año 58 a.C. por M. Emilio Scauro, que deseaba ofrecer el espectáculo de sus cocodrilos y probar así que Roma dominaba a la vez las aguas más remotas y quienes las habitaban. Tratábase, sin embargo, de una construcción provisional, un euripus temporarius, cuya forma alargada se había probablemente escogido sólo porque permitía ver mejor los animales que allí se encontraban. El mayor y más hermoso de los euripos fue seguramente el que Agripa, responsable de las aguas de Roma, mandó disponer en sus jardines a la vez que se construían sus termas. Al oeste de la via Lata, en medio de un vasto conjunto sombreado por plátanos y plantado de bosquecillos donde se habían colocado estatuas de animales, rielaba un gran estanque constantemente alimentado por el agua pura del aqua Virgo; el euripo recibía el líquido sobrante y lo llevaba hasta el Tíber atravesando todo el Campo de Marte. A la muerte de Agripa, sus jardines se abrieron al público, que en verano acudía a bañarse en la piscina y pasear a orillas del canal por el que corría un agua sumisa. Entre la isla y el continente griego, el Euripo era además como una frontera cuyo paso dificultaban sus corrientes irregulares. En el año 53 a.C., durante el espectáculo de un combate de elefantes en la pista del Gran Circo, algunos de aquellos animales cargaron repentinamente contra el público llegando casi a romper las verjas de hierro que lo protegían. Así, deseando evitar tales incidentes durante los grandes juegos que ofreció seis años más tarde, César "mandó rodear la arena de fosos llenos de agua", que se abrieron ante las verjas y se llamaron también euripos; anchas y de una profundidad de tres metros, aquellas zanjas merecían bien su nombre, ya que como un limes separaban dos mundos. Posteriormente Nerón las haría cegar y sustituir por un muro de cuatro metros de alto; el espacio así ganado en la pista se utilizaría para ensanchar la explanada central, en medio de la cual se había de construir un nuevo euripo alimentado en cada extremo por fuentes en forma de delfines. Apresado entre esos límites que simbolizaban Oriente y Occidente, el euripo no era ya un simple estrecho, sino el océano mismo: "Esos dos puntos simétricos indican la salida y la puesta del sol. Entre ambos se extiende el euripo, como la vasta superficie de los mares".

