Nicodemo
Fariseo que se acercó a Jesús de noche para hablar con él, pues sus milagros le habían convencido de que se trataba de un maestro enviado por Dios. Jesús le dijo que para ver el Reino de Dios tenía que volver a nacer. Desconcertado por aquellas palabras, Nicodemo quiso saber cómo era posible que un hombre ya viejo volviera a nacer o a entrar de nuevo en el vientre materno. Jesús le explicó la diferencia que había entre el nacimiento de la carne y el del agua y el espíritu (esto es, el nuevo nacimiento que suponía el bautismo), a pesar de lo cual Nicodemo siguió igual de perplejo. En otra ocasión, cuando los sacerdotes y los fariseos debatían sobre la postura a adoptar ante Jesús y sus subversivas enseñanzas, Nicodemo intervino para defender que no se le condenara sin oírle primero. Tras la crucifixión, ayudó a José de Arimatea en el entierro del cuerpo de Jesús, para lo cual, trajo consigo un preparado de mirra y áloe que pesaba cerca de cien libras. La autoría del libro apócrifo Los Hechos de Pilato ha sido atribuida a Nicodemo.

