Oseas

Profeta. Su vida transcurrió bajo la sombra de la amenaza del poder asirio, cuya ruina final profetizó. En comparación con otros profetas, el tono de Oseas resulta algo más compasivo, aun cuando, al igual que todos los demás, arremetiera enérgicamente contra la idolatría, el lujo, el libertinaje y la irresponsabilidad de los gobernantes que traicionaban la confianza que se había depositado en ellos. Apremió a Israel para que se concentrara en la tarea de la reforma moral y religiosa y pusiera fin a sus escarceos en la alta política internacional, ya fuera cortejando a Asiria o a Egipto. Consideraba que, si bien la tarea de Dios era castigar, también lo era mostrarse compasivo, y que eran los pecados y los padecimientos de Israel los que le orientaban en una u otra dirección. El mismo Oseas no era un hombre feliz y cosa rara entre los profetas hebreos, su vida privada se entrelazaba en ocasiones con sus profecías. Se le ordenó que se casara con Gómer, una prostituta (que le dio tres hijos), y, más adelante, que redimiera a una mujer pecadora que o bien sería la propia Gómer o bien otra adúltera. Estuviera o no al tanto de cual era el pasado de Gómer, lo cierto es que se mostró implacable en la condena de cualquier comportamiento irregular en materia sexual y estableció un paralelismo entre el matrimonio terrenal y la relación (mezcla de apasionamiento y decepción) entre Dios y el pueblo escogido.
 
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