Humanidad
La mitología no solo explica el origen del mundo, el de los dioses y el de los animales, sino también el de la humanidad. Según Hesíodo, el creador de los hombres habría sido Prometeo que, después de que su hermano Epimeteo creara a los animales, moldeó a los seres humanos a imagen de los dioses, dándoles la bipedestación. Luego robó el fuego celeste (el del rayo o el del Sol) para ofrecérselo a los hombres con el fin de que pudieran protegerse contra los animales, a los que Epimeteo había otorgado casi todas las cualidades disponibles. Hechos a imagen de los dioses, los hombres tenían muchas semejanzas con ellos tanto físicas como psicológicas, pero carecían del atributo esencial de los seres divinos: la inmortalidad. De este modo, los hombres eran, por excelencia, "los Mortales" (así se les designaba en griego: brotoï), mientras que los dioses eran "los Inmortales". En los primeros tiempos todos los seres humanos eran de sexo masculino. La creación de la mujer fue decisión de Zeus. Celoso de los privilegios que Prometeo había concedido a los hombres, quiso contribuir a obra aportando su propio granito de arena: un ser nocivo y perturbador, tanto más peligroso cuanto que su aspecto sería cautivador. Así nació la primera mujer, Pandora, fabricada por Hefesto a petición de Zeus. La humanidad quedaba definitivamente constituida, pero las condiciones de su aparición sobre la tierra la destinaban a toda suerte de tribulaciones. Este mito antropogónico coexiste en Los trabajos y los días, de Hesíodo, con un relato muy diferente, el "mito de las razas". Ver, Edad de Oro, Animales, Caos, Teogonía.

