Sulpicio Rufo

Servio (Servius Sulpicius Rufus) (siglo I a.C.). Cicerón admiró considerablemente a este buen orador y la correspondencia entre estos dos hombres se ha conservado (Cicerón, Ad familiares, 4, 5 y 12), incluida la famosa consolación que Sulpicio dirigió a Cicerón tras la muerte de Tulia, la hija de este. Sulpicio fue un experto jurista y en su acusación contra Lucio Murena se opuso a Cicerón, que ridiculizó sus conocimientos. Sulpicio había recibido enseñanzas de Q. Mucio Escévola, el mejor abogado de su época, de quien se convirtió en rival por su pericia. Fracasó en ser elegido cónsul para el 62, cuando Murena obtuvo el cargo, y tuvo que esperar su turno hasta el 51. Durante la guerra civil, Sulpicio fue tímidamente neutral, y César lo nombró gobernador de Acaya en el 46. Un año después fundó la colonia de Sinope. Formó parte del colegio de los pontífices. Es autor de una famosa carta de consolación a Cicerón con motivo de la muerte de su hija. Murió en el 43 en Mutina, mientras participaba en una embajada del Senado a Antonio. Cicerón da fe de su grandeza en su novena Filípica. Sulpicio dejó muchos escritos sobre temas legales, ninguno de los cuales se conserva por completo, pero sus opiniones están bien representadas en el Digesto de Justiniano. Sulpicio enseñó a bastantes discípulos, entre ellos Alfeno Varo.
 
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