Virgilio Marón
Publio (Publius Vergilius Maro) (70-19 a.C.). Poeta latino nacido el 15 de octubre del 70 en Andes, un pueblo en las cercanías de Mantua, en la Galia Cisalpina. Su padre, de quien se ha dicho a veces que era un alfarero, pertenecía al rango ecuestre y estaba casado con una mujer llamada Magia, que se casó de nuevo tras la muerte de su marido. El padre de Virgilio era lo suficientemente rico como para enviar a su hijo a educarse a Cremona, desde donde marchó a estudiar a una escuela de retórica en Milán. Después de pasar aproximadamente un año allí, a los dieciocho años, Virgilio marchó a Roma y después a Nápoles, donde se unió a la comunidad epicúrea dirigida por Siro. Virgilio estuvo también influido por el poeta griego Partenio, que le introdujo en el ideal calimaqueo de la poesía y en la obra de otros poetas helenísticos. Tras la guerra civil del 42 fueron confiscadas grandes cantidades de tierras en los alrededores de Mantua y Cremona para los veteranos de los líderes victoriosos de la facción cesariana, Antonio y Octavio, y según parece, la propiedad de su padre sufrió esta suerte: fue confiscada por Alfeno Varo y es posible que Virgilio fuera compensado económicamente gracias a la intervención de Octavio. Desde entonces, Virgilio vivió en Roma y Nápoles. Durante esa época, con el apoyo y ánimo de su amigo Asinio Polión, a quien dedicó tres de sus poemas, Virgilio compuso su primera obra poética seria, las Bucólicas o Églogas (Fragmentos, por su costumbre de publicar extractos o poemas individuales antes de publicar la obra completa), poemas pastoriles superficiales al estilo de los Idilios del poeta griego Teócrito. En dos de ellos, sin embargo, las confiscaciones de tierras son un tema serio. Se sabe que tres romanos contemporáneos a Virgilio que aparecen en las Églogas, Varo, Polión y Cornelio Galo, estuvieron involucrados en las confiscaciones de tierras. Su auténtico patrono en esa época debía de ser todavía Octavio, a quien se refiere indirectamente como a un "dios". Las Églogas fueron publicadas ca. 38 (aunque antes de eso ya habían circulado poemas individuales o por parejas) y Virgilio las leyó en voz alta en un teatro ante una audiencia entusiasta pero crítica. Las Églogas atrajeron la atención de Mecenas, que ya era un activo patrono de poetas (bajo la égida de Octavio), a cuyo círculo se unió Virgilio, intimando así con otras personalidades literarias. Aproximadamente en esta época, Virgilio y Varo presentaron a Horacio a Mecenas, y en el 37, los tres poetas acompañaron a este en su viaje a Brundisium, descrito por Horacio en una de sus Sátiras, para negociar con Antonio en Tarento. Virgilio había emprendido ya su segunda gran obra, las Geórgicas, cuatro largos poemas sobre la vida rural en el campo itálico que publicó en el 29 y que leyó ante Octavio, recientemente de vuelta de su campaña contra Cleopatra VII. Octavio recompensó generosamente a Virgilio y lo animó a futuros esfuerzos regalándole una inmensa suma de dinero, 10.000.000 de sestercios. Virgilio era ya famoso y tenía muchos amigos influyentes. En los años siguientes se embarcó en la Eneida o en un tipo de poema épico que se transformaría en ese poema. Augusto, de quien se puede considerar que había encargado dicho poema, pidió ca. 25, según se decía, que le mostrara ejemplos de la obra, pero Virgilio consideró que no tenía nada suficientemente bueno que mostrar a su patrono. En esa época, Propercio, otro de los poetas del círculo de Mecenas, escribió en el libro II de sus Elegías que había nacido un poema mayor que la Ilíada de Homero. Según progresaba su obra, Virgilio leyó ante Augusto y su familia en el 23 algunas partes de los primeros libros: Octavia se desvaneció al oír la mención en el libro 6 de su hijo Marcelo, recientemente fallecido. En la primavera del 19, Virgilio marchó hacia Grecia, tras haber completado una primera versión de su poema épico, planeando pasar allí tres años para mejorar su versión. Pero ese verano en Atenas se encontró con Augusto, que estaba a punto de regresar a Roma de un viaje por el este, y cambió sus planes, decidiendo regresar a Roma con el emperador. Virgilio enfermó de fiebres en una excursión a la Megáride, pero continuó el viaje. Cuando llegó a Brundisium, estaba gravemente enfermo y murió allí el 20 de septiembre. Fue enterrado cerca de Nápoles (Parthenope). Su epitafio, compuesto probablemente por un amigo, decía: "Mantua me engendró, Calabria me ha arrebatado, Parthenope ahora me guarda. Canté a los prados, los campos y los caudillos". En su testamento, por lo demás generoso, Virgilio ordenaba que se destruyera la Eneida. Mucha de la información que poseemos sobre Virgilio proviene de una fuente dudosa, La vida de Virgilio de Donato. Según una antigua tradición, Virgilio es descrito como alto, delgado y fuerte. Tenemos retratos que muestran a un hombre de rostro enjuto y moreno, pero desconocemos hasta qué punto podemos confiar en dichas pruebas. Virgilio no se casó nunca y tuvo pocos amigos; Horacio ha dejado testimonio de su afecto por Virgilio. Su producción está formada por tres obras mayores, mencionadas anteriormente; aparte de cuatro epigramas en el Catalepton liber, dedicados a sus amigos, no se sabe con seguridad si Virgilio es el autor de los restantes poemas del Appendix Vergiliana (entre otros: Culex, Ciris, Dirae, Lydia, Copa, dos Elegiae in Maecenatem, Moretum), una colección de poemas posteriores en diversos metros y sobre temas muy amplios que se atribuyó a Virgilio erróneamente. La primera égloga marca el tono de la colección de diez poemas pastoriles: dos pastores se encuentran y hablan del poder invisible que lejos de allí, en Roma, controla sus vidas, de forma desastrosa para uno de ellos, que es expulsado de sus tierras. El poema trata sobre la indefensión del pueblo llano frente al poder y de las injusticias de la vida que sufren los débiles. A continuación, Virgilio cambia a la vena rústica de Teócrito y bajo el disfraz pastoril ilustra una tragedia contemporánea. La égloga 9 retoma el tema de la desposesión: a diferencia de Teócrito, Virgilio dispone sus poemas pastoriles con cuidado meticuloso, de modo que ofrece al lector una clara sucesión de experiencias, y significativamente, los oscuros poemas 1 y 9 inician y finalizan la colección. El orden es todavía más cuidadoso: las églogas 2 y 8 están vinculadas por su tema, las lamentaciones de amantes trágicos, mientras que la 3 y la 7 comparten estructura, siguiendo el modelo de las canciones de pastores, en el que una canción responde a la otra. Las églogas 4 y 6 desarrollan temas y estilos más elevados; la 4, que recuerda al Teseo y Ariadna (64) de Catulo, trata sobre la próxima llegada de un niño y del regreso a la edad de oro, considerado por muchos como una referencia al esperado retoño de Antonio y Octavia; la nueva edad de oro, tema alentado por el triunvirato cesariano, fue simbolizada en sus acuñaciones. La égloga 6 sigue los principios calimaqueos, y en la canción de Sileno (basada en la Canción de Orfeo de Apolonio), Virgilio ofrece a su audiencia una poesía culta, extraña, escandalosa y, en definitiva, sobre la poesía en sí misma: contiene fuertes reminiscencias de la obertura de la Aetia (Causas) de Calímaco. De hecho, los poemas contradicen su apariencia y socavan sutilmente los sueños de los hombres de ciudad sobre los idilios rurales; a diferencia de los modelos de Teócrito, las églogas son obras sofisticadas escritas para un público urbano. La égloga 5, que se encuentra en el centro del esquema, es un poema en honor del dios tradicional del campo, Dafnis, con la forma de dos canciones muy paralelas en su alabanza, cantadas en camaradería por dos poetas rústicos. El poema incide delicadamente en la admiración que sentía Virgilio por Julio César. La égloga 10, el lamento por Galo, queda fuera de la estructura general de la obra y se relaciona principalmente con la 5, reemplazando la alegría de ese poema con la tristeza y la introspección. Virgilio compuso las Geórgicas entre el 37 y el 29 a.C., cuando fueron publicadas, lo que da una media de un verso por día. Sus modelos son, tanto para la prosa como para el verso, latinos y griegos (aunque no atenienses del siglo V): las Geórgicas de Nicandro, de las que solo se conservan fragmentos; "De los fenómenos y los signos" de Arato, sobre astronomía y meteorología; los cuatro libros de Causas (Aetia) de Calímaco (su influencia más marcada); Los trabajos y los días de Hesíodo; la Ilíada y la Odisea de Homero, y La naturaleza de las cosas de Lucrecio, que había demostrado las posibilidades de un poema didáctico de conmover y transmitir un mensaje de intensidad casi religiosa; pero la influencia de dicho poema en las Geórgicas es superficial y principalmente estilística. El tratado De re rustica de Varrón, publicado justo antes de que Virgilio comenzara a escribir sus Geórgicas, es su principal influencia en prosa, pero el contraste entre ambos es sorprendente: ningún granjero podría utilizar las Geórgicas como libro de referencia. Virgilio se inspiró asimismo en las obras de Teofrasto. Muestra también una multitud de ecos de autores griegos y romanos. El poema está lejos de ser una obra realmente didáctica (su público era urbano y sofisticado) y su tema real es la gloria del campo itálico y la valía de sus habitantes; en el libro 2, Virgilio encomia la belleza y la riqueza de la tierra. Esta obra también transmite duramente la incertidumbre de la situación política, especialmente en los violentos versos finales del libro 1 y en la súplica del verso 500. El final de la obra, sin embargo, escrito tras la victoria de Accio, ve el futuro con una perspectiva más optimista. El libro 1, donde la influencia de Hesíodo es más fuerte, trata del cultivo de los campos y del calendario de las tareas anuales; Virgilio recurre con frecuencia a Arato en la segunda mitad de este libro al tratar las tradiciones sobre el tiempo. Hace también referencia al Hermes de Eratóstenes y a su tratamiento de las cinco zonas climáticas. El tono del libro 1 es pesimista y lúgubre, haciendo hincapié en las inoportunas tormentas que destruyen los cultivos, el fruto de tantos esfuerzos, y en la guerra civil, que a pesar del cuidadoso estudio por parte del hombre de los signos y portentos, destruye las propiedades. El libro 2 muestra un pesimismo similar, describiendo el instinto sexual que lleva a las granjas de animales al desastre, las epidemias que atacan a estas y finalmente la peste que mata a los hombres. El tono del libro 3 es distinto, pero engañoso: el libro examina el trabajo de los viticultores y de los fruticultores, pero sugiere que el proceso de injertos es una forma de pervertir el orden natural; el hombre domina la naturaleza con una fuerza casi militar. Y es un paisaje artificial, hecho por el hombre, que es admirado en la sección que alaba el campo itálico. Esto y la alabanza de la vida rústica al final del libro llevan al lector a un mundo irreal de ilusión y fantasía. En el libro 4, Virgilio trata sobre la apicultura, pero su principal interés sigue siendo el ser humano. La primera parte describe con detalle la naturaleza de las abejas de miel y de su crianza. El personaje mítico Aristeo es introducido por la historia según la cual sus abejas estaban enfermas y morían hasta que él descubrió la naturaleza de su mal y la acción para enmendarlo. Aristeo había causado, sin desearlo, la muerte de Eurídice, la esposa de Orfeo, cuya búsqueda en vano de su esposa en el mundo subterráneo es descrita por el dios marino Proteo con gran dramatismo y belleza. Aristeo utiliza una técnica (inventada por Virgilio) que incluía un buey muerto para recrear su enjambre de abejas. Este episodio de Orfeo y Eurídice está en deuda con Catulo 64, y probablemente con la obra de Galo. El tema es nuevamente el del contraste entre el éxito y el fracaso. Las Geórgicas son sin duda el poema más original escrito nunca en latín. Al escribir la Eneida, Virgilio se apartó de los principios calimaqueos de su obra inicial y compuso en hexámetros un poema épico en doce libros, siguiendo el ejemplo, obviamente, de la Odisea de Homero, con la intención de proporcionar a Roma un monumental poema nacional que rivalizara con la épica griega de Romero. Su tema, de hecho, no está sacado de la historia romana; en su lugar, Virgilio acude a la época heroica de los poemas homéricos y convierte su obra en una secuela de la Ilíada, del mismo modo en que lo era la Odisea. La diferencia radicaba en que su historia estaba contada desde el punto de vista troyano, y la conexión entre Troya y los primeros ancestros del pueblo romano (parentesco ficticio que Virgilio tomó prestado de los Annales de Ennio) es asumida como irrefutable para la historia. Al igual que la Odisea, la Eneida se divide en dos mitades: la primera es el viaje errático desde Troya, y la segunda, la llegada a su destino. La técnica de comenzar la narración a la mitad de los sucesos y de volver atrás para narrar lo sucedido anteriormente recuerda también a la Odisea. En la Eneida, Virgilio pone el relato de la caída de Troya y de sus consiguientes vagabundeos en boca de Eneas, en el transcurso de su conversación con la reina Dido de Cartago en un banquete. La hostilidad de la diosa Juno hacia Eneas queda destacada en el primer libro, donde Eneas es arrastrado hasta la costa del norte de África, cerca de Cartago; queda también claro el apoyo de su madre, Venus, que lo ayuda en la forma de una cazadora. El libro finaliza con la bienvenida dispensada a Eneas por parte de Dido, la reina de Cartago, que le concede a él y a su gente su hospitalidad durante el invierno, enamorándose de Eneas y tratando de unir a los troyanos con su pueblo púnico (fenicio), refugiado de la persecución en la fundación de Cartago. En los libros 2 y 3, Eneas relata a Dido y sus cortesanos la historia del saqueo de Troya, sucedida siete años antes; la huida de los supervivientes troyanos bajo su liderazgo y el viaje que emprendieron finalmente en busca de un nuevo lugar para asentarse, dado que Troya estaba destruida y no se les permitía entrar en ella. Anquises, el padre de Eneas, había muerto en Sicilia. El libro 4, que en cierto modo recuerda la historia de amor entre Jasón y Medea de la Argonáutica de Apolonio de Rodas, narra el amor entre Dido y Eneas y su prematuro final cuando Júpiter envía a Mercurio para avisar a Eneas de que debe abandonar Cartago y dirigirse a Italia, su patria destinada. Dido se quita la vida con la espada de Eneas en el lecho de ambos, sobre una pira de madera. El tratamiento que da Virgilio a esta historia de amor ha sido muy criticado por los estudiosos modernos, pero los romanos habrían considerado el matrimonio entre Eneas y Dido como una traición a su sagrada misión. El episodio sirve para aludir a la futura enemistad entre Roma y Cartago. El libro 5 describe el viaje hacia Italia pasando por Sicilia, donde celebran los juegos funerarios en honor de Anquises. La descripción de estos juegos se basa en la de los juegos funerarios de Patroclo que aparece en la Ilíada. En el libro 6, la Sibila de Cumas, una profetisa, conduce a Eneas a los infiernos para visitar a los espíritus de los muertos y de los no nacidos; la resolución de Eneas se ve fortalecida por la revelación del Estado romano que sus descendientes están destinados a fundar y de las hazañas de este. En este libro, Virgilio plasma las ideas y teorías, incluida la transmigración de las almas, tomadas de los pitagóricos, así como de otras fuentes. La segunda parte del poema, que recuerda superficialmente a la Odisea como en cierto modo una vuelta al hogar, también recuerda a la Ilíada en las escenas de guerra y batallas que contiene y en el enfrentamiento entre los dos héroes. A diferencia de la Ilíada, la Eneida finaliza con la muerte del perdedor, Turno. En el libro 7, Eneas y sus seguidores desembarcan en la desembocadura del Tíber, en un principio son bien recibidos por Latino, el rey del pueblo latino, con cuya hija Lavinia propone casarse Eneas, pero muy pronto debe enfrentarse a la hostilidad de los pueblos locales itálicos: los rútulos, liderados por Turno, a quien se había prometido Lavinia; los volscos, liderados por Camila, y los etruscos, liderados por Mezencio. En el libro 8, Eneas, ayudado por el dios Tíber, parte para conseguir una alianza con los colonos arcadios griegos liderados por Evandro. Vulcano fabrica para Eneas un nuevo escudo, que es descrito detalladamente (en él están grabadas escenas de la historia romana, incluida la batalla de Accio), semejante al de Aquiles en la Ilíada. El libro 9 describe el asedio al campamento troyano por parte de los rútulos, que es levantado en el libro 10 al regresar Eneas y sus nuevos aliados, incluido el etrusco Tarcón. Turno mata a Palante, el hijo de Evandro, y Eneas mata a Mezencio y a su joven hijo Lauso. En el libro 11 se organiza un combate singular entre Eneas y Turno para decidir la guerra, que tiene lugar en el libro 12, con una interrupción causada por la interferencia de Juturna, la hermana de Turno. Eneas es herido, pero es sanado por Venus; la ciudad de Latino es quemada por los troyanos y finalmente los dos héroes se enfrentan en combate. Eneas hiere a Turno, que suplica clemencia, pero este ve la coraza de Palante que Turno lleva puesta y, al recordar con dolor la pérdida de su amigo, lo asesina. Este poema sutil y conmovedor fue un digno sucesor de la épica de Homero y encontró inmediatamente su lugar en el corazón del canon literario romano. Virgilio hace confluir en el poema el fuerte sentimiento de la tragedia del sufrimiento humano y la grandeza de la fundación de la raza romana. Su Eneas no es en absoluto romántico: recuerda a un esforzado peregrino inseguro de su destino, pero decidido a no apartarse de su búsqueda. Virgilio esboza los acontecimientos futuros y los personajes históricos de modo sutil, como el desfile de las almas en los infiernos y los dibujos en el escudo de Eneas. El poema revela un fuerte sentido del destino, que de algún modo no especificado está conectado con la voluntad de Júpiter. De este modo, Virgilio crea la poderosa impresión de una única hebra de la historia romana hasta el nuevo orden de Augusto y de un patriotismo que abarca Italia como un todo. Virgilio no tuvo siempre éxito al retratar a los personajes distintivos, y su uso del elemento divino resulta banal. Murió insatisfecho con su obra, que consideraba incompleta, y, como ya hemos dicho, parece ser que dejó instrucciones en su testamento para que la Eneida fuera destruida. Augusto encargó a Vario y Plocio Tucca que la prepararan para su publicación, sin añadir nada, pero suprimiendo todo aquello que consideraran que estaba por debajo de la calidad de la mejor obra de Virgilio. Fue el más grande de los poetas de Roma, un hombre de inmenso talento que compuso poesía de una gran diversidad y maravillosa riqueza y sutileza de lenguaje. Tenía un fino oído para la musicalidad de las palabras y una profunda comprensión de los modelos griegos, a los que igualó e incluso llegó a superar, especialmente en el patetismo y en la profundidad de los sentimientos que convergen en su sublime poesía. Ya en el siglo I, Higinio, Remmio Palemón y Valerio Probo comenzaron a comentar su obra. Se conservan los comentarios de Servio, aunque se han perdido los de Donato. Macrobio lo consideró maestro de sapiencia y de vida. Desde el siglo I a.C., y, sobre todo, en la Edad Media, gracias a Dante, Petrarca y Boccaccio, su obra fue muy conocida. Desde los humanistas hasta la Ilustración, Virgilio fue punto de referencia y un estímulo para Tasso y Leopardi. Valèry y Gide sintieron por Virgilio auténtica fascinación. Ver, Alejandrina (poesía latina).

