Pigmé
Prueba de boxeo de los Juegos griegos. El boxeo gozó de gran popularidad entre los griegos; era el más duro y peligroso de los deportes de combate. Ya se conocía en la cultura minoica, como se deduce de las pinturas cretenses, pero alcanzó un gran apogeo en época homérica. Se practicaba sin diferenciar los pesos, sin asaltos y al igual que la lucha, sin límite de tiempo. Al principio se debió de boxear con los puños desnudos, luego los púgiles comenzaron a vendarse los nudillos y muñecas con unas correas de cuero largas y flexibles que servían no sólo para proteger sus manos, sino también para aumentar la potencia de sus golpes e infligir mayores daños al adversario. El peligro que entrañaba el boxeo obligó a sus practicantes a una excelente preparación técnica y de adiestramiento en las palestras a la orden de un cuidador. En los entrenamientos utilizaban guantes acolchados semejantes a los actuales y cubrían su cabeza con cascos de cuero. El púgil más celebrado era el que ganaba sin dejarse golpear la cabeza. Todo gran boxeador se jactaba de conservar un rostro intacto, prueba inconfundible de su habilidad en esquivar los golpes del adversario. No había normas fijas, aunque los árbitros procuraban que guardasen unas distancias convenientes, pero no se ha conservado nada de un posible reglamento pugilístico. Tampoco existía límite de tiempo para los combates, aunque a veces se recurría al clímax, en el cual los adversarios recibían alternativamente un golpe directo de su contrario hasta que uno de los dos se declaraba vencido levantando el dedo índice.

