Alejandro III

Magno (356-323 a.C.) Rey de Macedonia, conquistador del Imperio Persa. Nació en agosto del 356 en Pela y era hijo de Filipo II de Macedonia y de Olimpíade u Olimpia de Epiro. Fue educado por Leónidas y tuvo como su tutor a Aristóteles en el 342, demostrando Alejandro ser un alumno capaz. Se distinguió en el 338 en la batalla de Queronea, en donde condujo a la caballería que estableció la supremacía macedonia en Grecia. Se enfrentó poco después a su padre en lucha por el poder. Es desterrado junto con su madre, tras el segundo matrimonio de Filipo en el 337. Cuando Filipo fue asesinado, en el otoño del 336, se sospechó de la responsabilidad de su hijo en el crimen, pese a lo cual le sucedió en el trono, destruyendo a sus rivales, asesinando a un hermanastro y a dos primos. Tuvo una gran oposición proveniente de varias direcciones, como por ejemplo de Atenas, y Tebas dejó clara su intención de poner fin a la Liga de Corinto, que Filipo había fundado. Alejandro partió hacia el sur, en dirección a Grecia, rompiendo un bloqueo en el paso de Tempe; tuvo también éxito en calmar a la oposición, incluyendo la de Tebas y Atenas, a las que trató con generosidad. En el 335 se fue al norte para aplastar la oposición que existía en los Balcanes y realizó una brillante campaña contra los tracios y los tribalos. Cruzó el Danubio y atacó a los getas, que huyeron, e hizo un tratado con los celtas. A continuación aseguró la frontera occidental de Macedonia en una campaña contra los ilirios. El rumor de que había muerto en esta campaña, junto con el apoyo ateniense al movimiento, provocaron el levantamiento de Tebas en contra de él. Alejandro regresó y atacó la ciudad, asesinando o esclavizando a la mayoría de sus habitantes y destruyendo la mayor parte de la ciudad y de sus murallas; tan solo respetó los templos y la casa del poeta Píndaro. Entonces se preparó para invadir Asia. Organizó su ejército con aproximadamente 40.000 hombres, de los cuales apenas la mitad eran macedonios y menos de una cuarta parte eran contingentes de griegos aliados. Cruzó el Helesponto a comienzos de la primavera del 334 para liberar a las ciudades griegas bajo dominio persa y ganó su primera victoria sobre el rey persa Darío III en el río Gránico (Misia) en el mes de mayo. Avanzó atravesando el oeste de Asia Menor y estableció democracias en diversos lugares en los que había habido oligarquías favorables a Persia. Licenció a su flota y al año siguiente reunió a su ejército en Gordion (Frigia), en donde cortó el famoso "nudo gordiano". Una vez que resolvió las tentativas persas de un contraataque naval en el Egeo y el complot contra su vida, que había instigado el rey Darío, marchó hacia el sureste, hasta Tarso, en donde cayó enfermo y fue curado por un médico del que su amigo Parmenión sospechó que le traicionaba. Redujo Cilicia y luego avanzó contra los efectivos de Darío, que estaban en el noroeste de Siria. Ganó su segunda batalla contra Darío en Isos (333), cerca del golfo de Iskenderun, pese a la superioridad en número y a la mejor posición del enemigo. Darío escapó, pero su madre, su esposa y su hijo cayeron en manos de Alejandro. Llegado a este punto, Alejandro pudo haber marchado hacia el este y atacar las tierras cercanas al Éufrates, pero prefirió eliminar la resistencia que existía en la costa del Mediterráneo y, en ese sentido, derrotar a la flota persa en tierra. Por eso fue hacia el sur aceptando la sumisión de la mayor parte de las ciudades de Fenicia, aunque tuvo que asediar Tiro, lo que le llevó siete meses; terminó con el asalto a la ciudad y la conversión de sus ciudadanos en esclavos. Darío solicitó la paz, ofreciendo la transferencia de Asia Menor a Alejandro, pero este rehusó y mostró su determinación de conquistar el imperio entero. Después de esto partió para Egipto, en donde fue muy bien recibido por el pueblo, que le consideró el libertador del yugo persa. A principios del 331 fundó su nueva capital de Alejandría y visitó la capilla de Amón en Siwah (desierto libio). A continuación, Alejandro ya podía proclamar que era hijo de Zeus Amón. En la primavera marchó de nuevo a enfrentarse con Darío, quien todavía poseía un ejército formidable, que incluía mercenarios griegos de infantería y una excelente caballería. El 1 de octubre del 331, los dos ejércitos se enfrentaron en Gaugamela, cerca de Mosul (Irak), en un terreno que favorecía a los persas. Pese a que sufrió considerables pérdidas, Alejandro ganó, gracias a tácticas inteligentes y a su determinación; destruyó el descomunal ejército de Darío, que escapó a Media. Las principales ciudades del imperio: Babilonia, Susa, Persépolis y Ecbatana, se rindieron a Alejandro. Según Diodoro, en Susa, Alejandro encontró en el tesoro real la suma de 9.000 talentos en monedas de oro (más de 233 Tm), y 40.000 talentos en lingotes de oro (más de 1.030 Tm). Mientras tanto, en Grecia, Esparta, que nunca se había rendido ni a Filipo ni a Alejandro, encabezó en el Peloponeso una rebelión de Estados en contra de los macedonios, pero fue derrotada por Antípatro y obligada a unirse a la Liga Griega. Alejandro perdonó a todos los rebeldes, excepto a los cabecillas. Finalizó su campaña de venganza quemando la antigua capital persa, Persépolis, aunque este hecho pudo haber sido accidental. Después de Gaugamela, Darío huyó y fue capturado por Beso, sátrapa de Bactria. Durante los años 330 y 329, Alejandro hizo campaña en la difícil y montañosa región situada en el norte de su imperio, desde el mar Caspio hasta el Hindu Kush. Se sirvió de sus tropas macedonias y no descansó ni en verano ni en invierno. Cuando llegó hasta Darío, después de una marcha forzada de once días, se encontró con que Bessos lo había apuñalado y reclamaba su trono. Alejandro procesó a Bessos, que, después de ser condenado, fue ejecutado por sus propios compatriotas. Procedió a la conquista de Bactriana y Sogdiana, con las que estuvo ocupado hasta la primavera del 327. Durante esta campaña, Alejandro se casó con Roxana, hija del rey de Sogdiana, Oxiartes, sellando así la reconciliación entre él y estos pueblos del norte. Iban en aumento entre los macedonios, en cambio, los malentendidos acerca de los intentos de Alejandro por ganarse el apoyo de los persas y de otros pueblos de Oriente. En el 330 había condenado a Filotas, hijo de su mano derecha Parmenión, por traición al no revelar un complot, y el mismo Parmenión fue asesinado, siguiendo la costumbre macedonia. Alejandro llevaba vestimenta persa en las celebraciones persas y alentaba a sus súbditos persas a prosternarse ante él, lo que los griegos veían como una forma de culto. Defendió esta práctica incluso entre sus súbditos macedonios, mientras insistía en que era el mismo de siempre entre sus soldados y en contextos macedonios. Esta era una distinción demasiado sutil para la mayoría de sus seguidores macedonios, y condujo al rencor y al asesinato, por mano de Alejandro, de Clito, quien había salvado su vida en Gránico. En la primavera del 327, Alejandro obligó a sus macedonios a prosternarse ante él en presencia de su parentela oriental; pero un griego, Calístenes de Olinto, sobrino de Aristóteles, se negó. Alejandro no volvió a hacer la petición, pero, según una tradición, Calístenes fue más tarde ejecutado por estar involucrado en un complot encabezado por Hermolao, un escudero macedonio que había sido alumno suyo. En el verano del 327, Alejandro se lanzó a la invasión de la India, que extendía sus fronteras hasta el río Indo. Su ejército era mucho más numeroso y mixto en su composición que el que tenía cuando invadió Asia. Ahora había tropas procedentes de todo el Imperio Persa, junto a macedonios y hombres de los Balcanes. Cruzó el Hindu Kush y continuó por el paso Khyber (el más septentrional entre Paquistán y Afganistán) hasta el río Indo. Uno de los reyes locales, Taxiles, ya le había ofrecido su sumisión y había sido confirmado en el poder. Los pueblos de la India no lograron unirse y presentaron a Alejandro poca oposición, hasta que se encontró con Poro y Abisares. Avanzó hasta el río Hidaspes (Jhelum), en donde se encontró con Poro, enfrentándose a él con un gran ejército que incluía muchos elefantes. Manteniendo a su caballería lejos de los elefantes y utilizando tácticas que no esperaba el enemigo, Alejandro venció a Poro, a quien capturó tras la batalla y situó en una posición de poder, pero a sus órdenes. Aquí fundó la ciudad de Bucéfala, en honor a su caballo Bucéfalo, que había muerto en ese lugar. Siguió marchando en dirección a la India, pero en el río Hifasis (Sutlej) sus hombres se amotinaron y rehusaron ir más allá. Habían oído noticias sobre el poder del gran reino de Magadha, a orillas del Ganges hacia el este, gobernado por Nanda, y tenían razones para temerlo. Alejandro volvió, muy a su pesar, hacia el Hidaspes, y en el 326 zarpó con una nueva flota aguas abajo por el río Pattala, en el delta del Indo. En este viaje tuvo que hacer frente a la gran oposición de los pueblos nativos, encabezada por los brahmanes, y que culminó en la guerra contra los Malli, en la que Alejandro fue herido de gravedad. El viaje de vuelta a Persia iba a ser un viaje de descubrimiento. Alejandro marchó con el grueso del ejército hacia el oeste en dirección hacia Irán, mientras que la flota, dirigida por Nearco, bordeaba la costa, y una sección al mando de Crátero fue enviada por una ruta interior. En su marcha, los hombres de Alejandro tuvieron que enfrentarse al desierto de Gedrosia (actual Beluchistán), en el que sus guías no lograron orientarse adecuadamente. Por fin volvió a encontrarse con Nearco, y a principios del 324 alcanzó Susa, en donde dejó descansar a sus tropas y animó a macedonios y asiáticos a mezclarse. Para ello organizó la boda de ochenta de sus oficiales con mujeres de la aristocracia persa y él mismo tomó a la hija mayor de Darío, Barsine (Parisátide), como segunda esposa (Heracles, el hijo de Roxana, había muerto en la India). En el verano del 324 reunió a su ejército en Opis (Mesopotamia), en donde trató de nuevo de ganarse la fidelidad de los persas creando un ejército mixto; con ello ofendió a los macedonios, que se amotinaron por no estar de acuerdo con el propósito de confraternizar con los bárbaros. Alejandro organizó una fiesta de reconciliación y permitió a 10.000 macedonios regresar a casa con Crátero. En las Olimpíadas de julio del 324 anunció el regreso negociado de los exiliados a las ciudades griegas de la Liga. Los mercenarios iban convirtiéndose cada vez más en un anacronismo dentro del nuevo orden que él vislumbraba. Antípatro, su virrey en Grecia, fue autorizado a usar la fuerza en la aplicación de esta decisión. También pidió a los Estados griegos que le rindieran los honores tributados a un dios, cosa que muchos hicieron. Pasó el invierno en Ecbatana, capital de Media, en donde murió su mejor amigo, Hefestión. En el 323 partió para Babilonia, en donde intentó reorganizar a su ejército y a su armada para planificar la siguiente campaña. Pero enfermó aquí de una fiebre muy grave y murió el 13 de junio. No dejó heredero o sucesor (el segundo hijo de Roxana, Alejandro, aún no había nacido, y Heracles, el único hijo que sobrevivía, era bastardo y no reconocido), pero en su lecho de muerte entregó su anillo a Pérdicas. Sus cenizas fueron sepultadas en la ciudad egipcia de Alejandría, que él había fundado, pero que no había vuelto a visitar. Alejandro, el alumno de Aristóteles que admiraba a Aquiles y a Heracles, tenía ideas sociales y políticas que estaban más allá de su época y que resultaban, en su mayor parte, incomprensibles para sus sencillos soldados macedonios. Está claro que desarrolló una política de unificación de su gran imperio, de tal forma que las diferencias raciales no condicionasen las prioridades o las contribuciones que cada uno podía hacer. Por otra parte, su profundamente asentado helenismo le llevó a introducir las costumbres y el pensamiento griegos en un vasto territorio en el que resultaban nuevos y en el que dejaron honda huella. Su muerte prematura condujo al desmembramiento de su imperio en media docena de Estados la mayoría de los cuales cayeron bajo poder romano en los trescientos años siguientes, que fueron gobernados por los generales de su ejército. En cierto sentido, Roma iba a ser la auténtica heredera de Alejandro.
 
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