Argos Panoptes
El Argo de más celebridad, designado a veces por la forma latinizada Argus, es el biznieto de su homónimo, el hijo de Zeus y Níobe. Sobre la genealogía de Argos hay varias versiones, que lo hacen hijo de Agenor, de Ínaco, de Arestor y Micene, del rey Argos e Ismene, o de la Tierra, engendrado por ella misma. Algunos autores le atribuyen la paternidad de Iaso, rey de Argos, con la ninfa Ismene, la hija de Asopo. Fue apodado Panoptes, que significa "todo ojos" "el que todo lo ve". Dotado de una fuerza sobrenatural, unas tradiciones lo representan como un gigante y otras como un efebo, aunque todas coinciden en destacar la particularidad de sus ojos. Según unos, sólo tenía un ojo; según otros, poseía cuatro, dos que miraban hacia delante y dos hacia atrás. Otras versiones le atribuyen una infinidad de órganos visuales distribuidos por todo el cuerpo. La tradición más extendida le adjudica cien ojos, la mitad de ellos perpetuamente abiertos. Dotado de prodigiosa fuerza, libró a Arcadia de un toro que asolaba el país. Después lo desolló y se vistió con su piel. También dio muerte a un sátiro que atropellaba a los arcadios y les robaba los ganados. Su gran servicio al panteón olímpico fue matar al monstruo ctónico con cola de serpiente Equidna, monstruosa hija del Tártaro y de Gea (la Tierra), que se apoderaba de los viandantes, cuando ésta dormía en su cueva. Hera le encargó luego la custodia de la vaca Io: "ata esta vaca con cuidado a un olivo en Nemea", de la que estaba celosa. Para ello, Argos ató el animal a un olivo que crecía en un bosque sagrado. Gracias a sus múltiples ojos, podía vigilarla, puesto que sólo "dormían" la mitad: siempre tenía igual número de ojos abiertos que cerrados. Pero Hermes recibió de Zeus la orden de liberar a su amante Io. Las leyendas discrepan acerca de la manera que empleó el dios para hacerlo: ora se dice que mató a Argos de una pedrada disparada desde lejos, ora que lo durmió tocando la flauta de Pan, ora, en fin, que lo sumió en un sueño mágico valiéndose de su varita divina. Sea como fuere, Hermes mató a Argos, y Hera, para inmortalizar al que le había servido, trasladó sus ojos al plumaje del ave que le estaba consagrada: el pavo real. Ha pasado a ser el símbolo de la vigilancia.

