Judíos
Nación semítica que en época clásica habitaba Judea, en el interior de Palestina. Eran los supervivientes más numerosos de los israelitas, descendientes de los habitantes del reino del sur, después de la escisión de Israel en dos reinos en época de Jeroboham. Fueron conquistados por los babilonios en el 587 a.C., y su capital, Jerusalén, fue destruida. En aquella época se trasladó a muchos judíos como cautivos a Babilonia por orden del rey Nabucodonosor II. Esto supuso el comienzo de la diáspora, o desmembramiento de la nación. Los persas, bajo Ciro, derribaron el Imperio Babilonio en el 539 a.C. y permitieron a los judíos regresar a Judea. Estos reconstruyeron la ciudad en 24 años y edificaron un segundo templo. Su tierra, conocida como Yehud, estaba regida por un gobernador persa y la principal autoridad judía era el sumo sacerdote. Alejandro III Magno protagonizó una entrada pacífica en Jerusalén en el 332. Tras su muerte, el país fue gobernado por los Ptolomeos de Egipto durante 123 años. Estos nombraron también gobernadores y administraron pacíficamente el país. En el año 200, el rey seléucida Antíoco III arrebató Judea a los egipcios, y su hijo Antíoco IV estaba decidido a reducir la influencia de la religión judía; instaló una guarnición en Jerusalén y dedicó el templo a Zeus. Jasón, el hermano de Menelao, sumo sacerdote oníada, se hizo con el sumo sacerdocio y cooperó con la política helenizante de Antíoco. Esto condujo en el 167 a la rebelión del sacerdote asmoneo Matatías y de sus hijos, los Macabeos (martillos), y al surgimiento de los fariseos, un movimiento que Flavio Josefo comparó con el de los estoicos griegos. Los Macabeos volvieron a conquistar Jerusalén y a consagrar el ultrajado templo en el 164, pero la lucha contra la helenización continuó. En el 161, Judas Macabeo hizo un tratado con el Senado de Roma y, después de su muerte en el 160, su hermano Jonatán dirigió la oposición a los seléucidas. No obstante, el usurpador Alejandro Balas lo nombró sumo sacerdote en el 152 y gobernador de Judea en el 150. En el 143, Diódoto Trifón asesinó a Jonatán y, gracias a su hermano Simón, la guarnición seléucida fue finalmente expulsada de Jerusalén en el 142. Judea floreció durante los siguientes ochenta años; fue independiente bajo el gobierno de los sumos sacerdotes asmoneos, salvo en el período entre el 135 y el 134, cuando Antíoco VII volvió a instaurar el gobierno seléucida. Juan Hircano, hijo de Simón Macabeo, fue sumo sacerdote y gobernador del 135 al 104; hizo un pacto con Antíoco VII y una alianza contra Partia. Extendió el territorio judío tomando Samaria e Idumea, y obligó a los idumeos a adoptar la religión judía. Su hijo Aristóbulo I le sucedió, adoptando el título de rey, pero murió un año después de acceder al trono. Alejandro Jonatás, su hijo menor, reinó entonces hasta el año 76 y adquirió nuevos territorios en Iturea, Galilea, Perea, Transjordania y a lo largo de la costa mediterránea. El rey, sin embargo, se hizo impopular y se encontró con la oposición de los fariseos; cuando Alejandro murió, era inminente una guerra civil. Su viuda, Alejandra Salomé, restableció la situación y reinó en paz hasta el 69. Ver, Alejandría (Egipto).

