Ley sobre los celos

En el Antiguo Testamento (Números 5, 11-31) aparece descrita la "Ley sobre los celos", un tipo de ordalía de origen hebreo que es más conocida como la prueba de las "aguas amargas". Se utilizaba en casos de presunto adulterio y sólo con las mujeres. La acusada debía de injerir un brebaje preparado por el sacerdote y en el que se diluía, en agua consagrada y mezclada con tierra del suelo del Tabernáculo, un papel con estas maldiciones: "si no ha dormido contigo ninguno y si no te has descarriado, contaminándote y siendo infiel a tu marido, indemne seas del agua amarga de la maldición; pero si te descarriaste y fuiste infiel a tu marido, contaminándote y durmiendo con otro, hágate Yhavé maldición y execración en medio de tu pueblo y séquense tus muslos e hínchese tu vientre, entre esta agua de maldición en tus entrañas para hacer que tu vientre se hinche y se pudran tus muslos". En la Edad Media la práctica de las aguas amargas aparece documentada en el mundo cristiano.
 
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