Escuela Neoplatónica

La funda Plutarco el Grande quien la dirige hacia 432. La instala en su propio domicilio. Esta es una costumbre muy común en la antigüedad tardía según las noticias aportadas en las Vidas de los Sofistas de Eunapio de Sardes y en el Discurso XVIII de Himerio. Se halla en la denominada impropiamente Casa de Proclo pues este último filósofo sólo es el segundo director de la Escuela tras Siriano. Dos testimonios avalan esa identificación. Uno es el hallazgo de un probable busto de Plutarco el Grande. El otro se debe a Marino de Neápolis quien sucede a Proclo a la cabeza de la Escuela Neoplatónica de Atenas. Marino escribe una biografía de su antecesor, costumbre muy habitual entre los directores de aquella Escuela. Allí se dice que a Proclo le gustaba mucho el emplazamiento de la Escuela por hacerse visible desde la Acrópolis, haber sido la vivienda de Plutarco el Grande y su proximidad al Teatro de Dionisio y al Templo de Asclepios. Ello induce a situar la sede de la Escuela Neoplatónica de Atenas en el camino situado en la ladera meridional de la Acrópolis. Los caracteres de la Escuela Neoplatónica de Atenas son en primer lugar su absoluta oposición al cristianismo. Es necesario citar su cultivo de una mística pagana con supuestas apariciones a sus maestros de los viejos dioses. En tercer término su financiación es privada por medio de subvenciones de particulares llamadas en griego "diadoxika". Sus maestros conceden gran importancia a la Retórica como paso previo a la estricta docencia filosófica. Como toda escuela que se precie sus directores forman una línea sucesoria que recibe el nombre de cadena de oro y a sus miembros se les llama los diádocos. Cada diádoco escribe la vida de su inmediato predecesor. Ya hemos visto como Marino de Neápolis escribe la de Proclo a la vez que Damascio de Siria, diádoco en 529, redacta una Vida de Isidoro. Así la Escuela Neoplatónica de Atenas crea una hagiografía pagana visible en la continua aplicación a Proclo del adjetivo divino. Esa hagiografía pagana se inserta en el mismo espíritu que informa otros escritos importantes del paganismo como la Vida de Apolonio de Tiana por Filóstrato, la Vida de Pitágoras que se debe a Jámblico y las mencionadas Vidas de los Sofistas de Eunapio de Sardes. Hasta 529 la cadena de oro de la Escuela Neoplatónica se halla formada por los siguientes personajes: su mismo fundador Plutarco el Grande; Siriano que florece hacia 450; Proclo quien continúa practicando los Misterios de Eleusis de forma privada y clandestina y al que su biógrafo Marino de Neápolis considera capaz de provocar lluvia en tiempo de sequía dentro de la mejor tradición taumatúrgica pagana iniciada con Apolonio de Tiana; y Marino de Neápolis, recipendiario de supuestas apariciones de Démeter, señal de que continúa practicando los ritos eleusíacos, Pan y Asclepios y defensor en su Comentario al Timeo de Platón de la doctrina de la eternidad del mundo, totalmente inconciliable con la idea cristiana de la creación, por medio de unos argumentos simiIares a los que Macrobio emplea en el Comentario al Sueño de Escipión. Después de Marino de Neápolis el diádoco es Siriano. La cadena de oro se cierra con Damascio de Siria quien acentúa todavía más la idiosincrasia mística de la Escuela en su Tratado de los Principios. El mejor exponente de la ideología anticristiana de la Escuela Neoplatónica de Atenas es Simplicio de Cilicio, contemporáneo de Damascio de Siria. En su Comentario al Enchiridion de Epícteto, Simplicio defiende frente a la doctrina cristiana del perdón de los pecados la idea tomada del Gorgias de Platón del castigo implacable y ejemplar de los daños que pueda sufrir el pecador. También Simplicio de Cilicia enjuicia en forma desfavorable los cultos cristianos de hombres muertos, en concreto de Cristo y los mártires, y los contrapone a la divinidad del cielo que es hostil a cualquier liturgia fúnebre. En este sentido Simplicio recoge una corriente pagana que condena la veneración de las reliquias de los mártires por los cristianos. En los ss. IV y V, esas críticas aparecen en Ammiano Marcelino y todos los discípulos de Jámblico quienes preconizan que el troceamiento de un cadáver a fin de transformar sus partes en objetos de devoción es una profanación siniestra y una impureza repugnante. La Escuela Neoplatónica de Atenas es respetada hasta la subida al trono de Justiniano en 527. Aquel emperador desea extirpar el paganismo pues Procoplo de Cesarea dice que Justiniano desea asegurar a sus súbditos no sólo la seguridad del cuerpo, sino también la salvación del alma. En 527 una constitución imperial veta a los paganos y a sus hijos el ejercicio de cargos públicos y les impone la obligación de aprender la fe ortodoxa (Código de Justiniano I,5,1 2). Dos años más tarde Justiniano promulga otras dos constituciones. Por la primera obliga a los paganos a hacerse instruir en las creencias cristianas so pena de confiscación de bienes (Código de Justiniano I,5,1 8,4). A través de la segunda despoja a los paganos de la facultad de enseñar (Código de Justiniano I,1 1,10,2). A esta medida se refiere la Cronografía de Juan Malalas cuando dice que bajo el consulado de Flavio Decio (529) Justiniano promulga un edicto dirigido a los atenienses por el que prohibe la enseñanza de la Filosofía. Además Justiniano, en aplicación de estas medidas, lanza una persecución en Constantinopla que afecta a altos funcionarios criptopaganos. En torno a 529 se aprecian rastros de cristianización en Escuela de los Sofistas. Se ocultan estatuas intactos en pozos, lo que no se observa en los edificios del entorno. El ocultamiento de las esculturas de los antiguos dioses es una práctica muy común por los paganos en momentos en que se sienten perseguidos por las autoridades cristi anas. Así han aparecido la Venus Capitalina, la Afrodita de Milo, la Minerva de Poitiers y el Hércules Mastaï del Vaticano.
 
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