Platón

(Platon) (ca.427-347 a.C.). Dos ciudades se disputan el nacimiento de uno de los filósofos y pensador más original y de mayor importancia de la antigüedad: Atenas y Egina. Era de familia distinguida por ambas partes: su padre, Aristón, murió cuando él era un niño; su madre, Perictione, hermana de Cármides y prima de Critias, volvió a casarse. El padrastro de Platón, Pirilampes, era un hombre de importancia política y estuvo estrechamente asociado con Pericles. Los padres de Platón habían tenido otros tres hijos: Adimanto, Glaucón y Potone. Pirilampes, tío de Perictione, ya tenía un hijo, Demo, y tuvo otro con Perictione, Antifonte. Platón (apodo que significa "rechoncho"; su nombre real era Arístocles) estaba, por tanto, muy al corriente de la política ateniense durante su juventud y recibió una profunda influencia de su amistad con Sócrates, a quien con frecuencia oía discutiendo cuestiones filosóficas durante los años más receptivos de su juventud. Su primer maestro en filosofía fue Cratilo, que era seguidor de Heráclito. Cuando tenía unos veintiocho años asistió al proceso de Sócrates y, tras el veredicto, apremió a su amigo para que aumentara el importe de la multa, que él propuso que ascendiera a treinta minas, y le ofreció su propia seguridad. No pudo estar presente en la muerte de Sócrates por estar enfermo. Aunque en origen deseó entrar en política, se fue desilusionando poco a poco: le disgustó el comportamiento de los oligarcas en el 404-403, sobre todo cuando intentaron implicar a Sócrates haciéndolo cómplice en el arresto de León de Salamina. Después de que la democracia restaurada se llevara la vida de Sócrates, Platón se retiró, junto con otros amigos de Sócrates, a Mégara, en donde vivió con Euclides, y luego, al parecer, viajó mucho. Se dice que visitó Egipto y Cirene. En el 387 estuvo en Italia y en Sicilia, en donde la lujosa vida de sus ciudadanos le repugnó. Sin embargo hizo amigos, entre los que se cuenta el siracusano Dión, yerno del tirano Dionisio I, que se dice, con poca verosimilitud, que secuestró a Platón y lo vendió como esclavo. Asimismo visitó a Arquitas de Tarento, cabeza de la corriente pitagórica de la época, quien, como él, intentaba establecer una escuela. En algún momento después de esto, fundó un centro en Atenas para enseñar e investigar: la Academia, situada en un emplazamiento adyacente a un gimnasio público que estaba en la gruta sagrada del héroe Academo, aproximadamente a un kilómetro y medio a las afueras de la muralla. La Academia de Atenas puede ser considerada como la primera universidad de Europa, pues no sólo se enseñaba filosofía, sino también otras ciencias, como astronomía, ciencias físicas, matemáticas, armonía, investigaciones sobre botánica, etc.. La Academia perduró hasta el año 529, cuando el emperador Justiniano mandó clausurarla. En el 367, después de la muerte de Dionisio, regresó sin ganas a Siracusa, invitado por Dión para instruir al hijo del tirano y prepararlo para gobernar un Estado seriamente amenazado por Cartago. Dionisio II, sin embargo, enseguida se sintió celoso de la amistad entre Platón y Dión, y desterró a este último, pidiendo a Platón que se quedara. Pero Platón regresó a Atenas. Volvió a la corte de Dionisio con su sobrino Espeusipo en el 361, por invitación del tirano, que prometió tomarse en serio las enseñanzas de Platón. Trabajaron en una Constitución para una nueva federación de Estados griegos, pero la oposición al proyecto fue muy fuerte: Platón se encontró con una orden de arresto y pudo escapar a casa sólo después de la intervención de Arquitas. Tras fracasar completamente en su intención de influir en los asuntos de Sicilia, pasó el resto de su vida en Atenas enseñando y escribiendo en la Academia. En esa época, su alumno más distinguido fue Aristóteles. Le sucedió como director de la Academia su sobrino Espeusipo. Platón fue un prolífico escritor de obras filosóficas, todas las cuales, junto con una o dos falsamente atribuidas a él, han llegado hasta nosotros. Su amigo Sócrates se convirtió en la gran inspiración de su pensamiento y, dado que prefirió escribir filosofía en forma de diálogos dramáticos, hizo de Sócrates la figura principal de ellos. No obstante, difiere del Sócrates histórico en tres aspectos: no se casó nunca, dejó por escrito sus argumentos filosóficos, y fundó una escuela. En la Antología Palatina se conserva una pequeña colección de su poesía elegíaca, de la que la pieza más destacada es una breve elegía en honor de Dión; de todas formas, la autenticidad de estos poemas es dudosa. Se le atribuyeron trece cartas, de las que la primera es sin duda una falsificación. El resto puede ser seudónimo (sabemos que hubo una producción floreciente de tal tipo de documentos). Pero también podrían ser auténticas, en cuyo caso suministrarían una interesante información biográfica. La vida y las experiencias de Platón no tienen que ver, no obstante, con la esencia de sus escritos filosóficos: en los diálogos, él pasa completamente inadvertido y lo único que desea es que nos concentremos en los estímulos que nos ofrece para pensar, sin prestar atención alguna a la personalidad o la vida del autor. Junto a los escritos publicados, las enseñanzas "no publicadas" de Platón, de las que tenemos seductores vislumbres en breves notas de los escritos de Aristóteles, fueron conocidas por sus amigos íntimos y sus discípulos, como Aristóteles y Jenócrates, que las escucharon en las clases de Platón. Diógenes Laercio escribió una vida de Platón en la que incluye detalles de su testamento. Sus obras filosóficas están en su mayor parte escritas en forma de diálogo, en el que varios interlocutores expresan distintas aproximaciones al tema desde su propio punto de vista. Su relato del juicio de Sócrates del año 399, la Apología de Sócrates, está presentado como un relato al pie de la letra en primera persona. Sin embargo, Platón nunca figura como personaje en sus propios diálogos. Aunque sus obras son imposibles de fechar, por lo general se las divide en tres períodos principales. El grupo más antiguo es el que tiene a Sócrates como personaje principal (diálogos "socráticos") y representa una auténtica demostración del método filosófico de Sócrates, en el que este pregunta a otras personas acerca de sus puntos de vista, pero raramente argumenta él con los suyos propios. El axioma fundamental de Sócrates de que la virtud es el conocimiento emerge en todos estos debates. El grupo incluye, además de la Apología de Sócrates, Critón, Eutifrón, Ión, Hipias Menor, Hipias Mayor, Laques, Lisis, Menéxeno, Protágoras, Eutidemo, Cármides, Hiparco, Clitofonte y el Primer Alcibíades. El grupo intermedio y el tardío son radicalmente diferentes: son más largos, expresan afirmaciones positivas de teorías filosóficas, y a menudo carecen de la disposición dramática de los primeros diálogos. En estos diálogos tardíos, la figura de Sócrates es empleada por Platón para expresar sus propios puntos de vista. Al grupo intermedio pertenecen Gorgias, Menón, Fedón, el Banquete, la República (aunque el libro I es claramente anterior y ofrece un cuadro del Sócrates histórico) y Fedro. Un grupo de transición está constituido por Timeo, Critias y Teeteto. El último grupo lo forman Crátilo, Parménides, El sofista, El político, Filebo, Las leyes y Epinomis. El empleo que hace Platón del diálogo con matices dramáticos, momentos humorísticos e incluso lenguaje poético es una forma inspirada de edulcorar la píldora de la filosofía. En consecuencia, él es uno de los escritores filosóficos más accesibles e incluso atractivos. Pero el método se convierte a veces en una camisa de fuerza, y en su obra tardía resta valor a la claridad de exposición del argumento. Nunca se compromete con teoría o doctrina alguna, ni construye un sistema jerárquico de dogmas. De hecho, es imposible concluir cuál de los puntos de vista expresados en los diálogos, si es que había alguno, pertenecía realmente a Platón. En el grupo intermedio, sobre todo en la República, su obra más conocida, desarrolla la teoría de las "formas" o las "ideas", que existen por separado en un universo ideal y sobre las que están modelados todos los objetos materiales. Esta teoría está sometida a críticas en los diálogos tardíos. Platón debe mucho a los pitagóricos y a su interés por las matemáticas. También estuvo muy influenciado por Parménides y Zenón, a quienes representa, sin base histórica, en su diálogo Parménides debatiendo con un joven Sócrates. Parece que los diálogos tardíos son el producto de un hombre cuya experiencia al tratar de enseñar filosofía en la Academia le había hecho comprender la necesidad de explorar cuestiones filosóficas en una forma positiva. En estas discusiones, la figura de Sócrates se convierte ya en un anacronismo. En la República, al perseguir la definición de Justicia, Platón explora ideas políticas y describe una interesante analogía entre el Estado y el individuo. En los diálogos tardíos se encuentra una aproximación más realista a la filosofía política, sobre todo en El político, Las leyes y Critias, en los que vuelve a los asuntos de la centuria anterior y a los problemas debatidos por los antiguos filósofos presocráticos. Se le atribuyen también 13 Cartas, de las cuales la VII y la VIII aportan datos estimadísimos para conocer aspectos de su vida y de su doctrina. El valor perdurable de los escritos de Platón reside en la variedad de aproximaciones, la brillantez de su estilo, la profundidad de los temas tratados, y en la originalidad y seriedad con las que trata los asuntos más profundos. Platón es uno de los más grandes genios con que ha contado la humanidad. Recogiendo la semilla de su maestro Sócrates, y oponiéndose al relativismo sofístico, se aplicó, guiado por su intuición prodigiosa, a la búsqueda de la verdad. De este proyecto, puesto en práctica durante toda su vida, nació una filosofía acerca de las ideas, que marcó para siempre el acontecer filosófico de Occidente.
 
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