Edad de los Metales

La Edad de los Metales es una de las dos grandes etapas tecnológicas en las que tradicionalmente se ha subdividido la Prehistoria euroasiática. Está comprendida aproximadamente entre el V y el I milenio a.C., aunque su fecha de aparición, duración y contexto varía dependiendo de la región estudiada. La era de los Metales sucede a la Edad de Piedra en la evolución de la humanidad, y constituye la etapa final de la Prehistoria. La Edad de los Metales se divide en tres grandes etapas: Edad de Cobre, Edad de Bronce y Edad de Hierro. La evolución tecnológica del ser humano permitió el salto cualitativo de la Edad de la Piedra a la de los Metales, destacándose la producción de objetos de utilidad social. Este período se caracteriza por la introducción de novedades como el arado tirado por animales (bueyes, mulas y caballos), para remover la tierra antes de la plantación y de la siembra; el carro y la rueda, para facilitar el transporte; así como la construcción de diques de contención y canales de agua. Estas innovaciones favorecieron el crecimiento económico de los poblados con el desarrollo de la agricultura, la ganadería, la cerámica y el comercio. El cobre fue el primer metal utilizado por el hombre, debido a su presencia en estado natural en los yacimientos de carbonato, y supuso el abandono de la piedra en la elaboración de útiles. Su nombre (aes cyprium) significa metal de Chipre por la abundancia de minas de cobre existentes en la isla mediterránea. El cobre es un metal rojizo empleado en la elaboración de armas, adornos y monumentos megalíticos. El bronce reemplazó al cobre ante el agotamiento progresivo de los yacimientos de este mineral. El bronce nació de la aleación del cobre y el estaño en un horno de carbón vegetal y permitió la obtención de útiles y armas de mayor dureza y mejor conservación por su resistencia a la corrosión. El hierro dio nombre a la última etapa de la Edad de los Metales. El mineral de hierro sustituyó al bronce por la existencia de abundantes yacimientos en la Tierra, su mayor dureza y el agotamiento del estaño, y dio lugar a la etapa de mayor sofisticación tecnológica de la Prehistoria. La obtención del hierro precisaba de una fusión a temperaturas altas y un proceso de forjado. En esta etapa se desarrollan las primeras civilizaciones que acabarían por inventar la escritura, entrando en la Historia. La existencia de procesos metalúrgicos es indispensable para establecer la adscripción de una cultura arqueológica a esta etapa, ya que los metales nativos eran trabajados por martilleado desde las fases iniciales del Neolítico. Siguiendo este criterio, la Edad de los Metales comenzaría con las primeras evidencias de fundición del cobre, que son del VI milenio a.C. (en Anatolia y los montes Zagros) y acabaría con la progresiva entrada en la Historia de cada región (en Europa esto se produjo durante el I milenio a.C.). En Mesopotamia y Egipto coincide ya con el desarrollo de la escritura y por tanto la metalurgia allí es plenamente histórica. Los primeros indicios de metalurgia en Europa proceden del área de los Balcanes, a mediados del V milenio a.C. y son de origen autóctono. Para el resto del continente las evidencias aparecen durante la segunda mitad del IV milenio a.C., aunque su generalización y el consecuente abandono de la piedra como elemento básico para la fabricación de artefactos sólo se produjo con la llegada del hierro. Aunque en el Egipto faraónico, por la escasez de materia prima, esta sustitución nunca se produjo. )o()o( CONTEXTO DE LA EDAD DE LOS METALES )o( Aunque la metalurgia haya sido ampliamente definida como un gran avance en el proceso civilizador del ser humano, lo cierto es que en sus primeros momentos, durante el Calcolitico, no fue más que una innovación tecnológica relativa. Esta se inscribiría en un conjunto de procesos de cambio que se produjeron a partir del V milenio a.C. en el Mediterráneo oriental y que, todos juntos, provocaron la denominada emergencia de las primeras sociedades complejas. Entre ellos estarían. además de la metalurgia, la intensificación de la producción, nuevos modelos de ocupación del territorio, la especialización artesanal, el incremento de los intercambios y la estratificación social. Para algunos, la complejidad social fue el resultado del incremento y diversificación de la producción y los intercambios. Gracias a estos se generalizó el uso de la rueda y del carro por Europa central y occidental. La metalurgia del cobre se extendió a la par que el vaso campaniforme. Así, la uniformidad y extensión de los fenómenos campaniforme, cordado y globular suele ser interpretada como resultado del comercio a larga distancia. Todos estos cambios provocaron el paso del modo de producción doméstico neolítico (autárquico) a una serie de economías integradas (interdependientes), dirigidas por jefes estables, que ejercían la coerción para apropiarse de los excedentes de las comunidades, que en el área mediterránea llegaron a alcanzar niveles considerados como proto-urbanos. A estas sociedades se les ha dado el calificativo de pre-estatales. Asimismo, el carácter transformador de la metalurgia probablemente debió incidir en las mitologías calcolíticas generando divinidades demiúrgicas y la estratificación social se debió reflejar también en unos panteones más jerarquizados, regidos por deidades masculinas y guerreras, que desplazaron a las diosas madre neolíticas. La mayoría de los investigadores admite que la metalurgia pudo haber sido inventada en varios puntos del planeta diferentes y en periodos distintos. La necesidad de materias primas estimuló la exploración del mundo e incrementó el intercambio de mercancías e ideas entre gentes de lugares remotos. Pero esto se produjo a partir de la implantación del bronce, cuando la presión comercial provocó una mayor complejidad y extensión de las redes de intercambio, que incluían el estaño atlántico, el ámbar báltico y la sal centroeuropea. La generalización de comunidades con estructuras altamente jerarquizadas es simultánea a la aparición de armas, elementos específicamente creados para la guerra. A la vez desaparecieron progresivamente el vaso campaniforme y el megalitismo, así como los usos funerarios correspondientes. )o()o( EL COBRE )o( El cobre, junto con el oro y la plata, es de los primeros metales utilizados en la Prehistoria, tal vez porque, a veces, aparece en forma de pepitas de metal nativo. El objeto de cobre más antiguo conocido hasta el momento es un colgante oval procedente de Shanidar (Irán), que ha sido datado en niveles correspondientes al 9.500 a.C., o sea, a principios del Neolítico Sin embargo, esta pieza es un caso aislado, ya que no es hasta 3.000 años más tarde cuando las piezas de cobre martilleado en frío comienzan a ser habituales. En efecto, a partir del año 6.500 a.C., en varios yacimientos se han encontrado piezas ornamentales y alfileres de cobre manufacturado a partir del martilleado en frío del metal nativo, tanto en los Montes Zagros (Ali Kosh, Irán), como en la meseta de Anatolia (Çatal Höyük, Çayönü o Hacilar, en Turquia). Varios siglos después se descubrió que el cobre podía ser extraido de diversos minerales (malaquita, calcopirita. etc.), por medio de la fusion en hornos especiales, en los que se insuflaba oxígeno (soplando por largos tubos o con fuelles) para superar los 1.000 °C de temperatura. El objeto de cobre fundido más antiguo que se conoce procede de los Montes Zagros, concretamente de Tal-i-Blis (Irán), y se data en el 4.100 a.C.; junto a él se hallaron hornos de fundición, crisoles e incluso moldes. La tecnica de fundición del cobre es relativamente sencilla, siempre que los minerales utilizados sean carbonatos de cobre extraidos de algún yacimiento metalífero; la clave está en que el horno alcance la temperatura adecuada, lo cual se conseguía inyectando aire soplando o con fuelles a traves de largas toberas. Este sistema se denomina "reducción del metal". Se mezclaba el mineral triturado, por ejemplo, malaquita (carbonato de cobre), con carbón de leña. Con el calor las impurezas van liberándose en forma de monóxido y dióxido de carbono, reduciendo el mineral a un cobre relativamente puro; al alcanzar los 1.000 °C, el metal se licúa depositándose en la zona inferior del horno. Un orificio en el fondo del horno permite que el líquido candente fluya hacia el exterior, donde se recoge en moldes; parte de la escoria queda en el horno y las impurezas del mineral flotan en el metal fundido, por lo que es facil eliminarlas con un utensilio llamado escoriador. Como el cobre podía volver a fundirse muchas veces, este solía convertirse en lingotes, a veces con una forma peculiar (como los del Mediterráneo oriental, que recuerdan al pellejo de un animal), para luego fabricar diversos objetos por fusión y colado en moldes. El cobre es muy maleable y dúctil, y podía martillarse en frío o en caliente, con lo que se duplicaba su consistencia y dureza. En cualquier caso, resultaba imposible eliminar todas la impurezas del cobre, pero, mientras que algunas eran perjudiciales, como el bismuto, que lo hace quebradizo, otras eran beneficiosas, como el arsénico, que reduce la formación de burbujas en su fundición. pues impide la absorción de gases a través de los poros del molde, asegurando un producto de mejor calidad. El cobre con alto contenido natural en plomo es mas blando, lo cual puede ser una ventaja para fabricar recipientes por medio del martilleo de una plancha en forma de disco, curvándola en forma cóncava, para elaborar calderos o cuencos; incluso poíia ser repujado. Algunos metalurgistas consideran que estos cobres con impurezas beneficiosas son, en realidad, "bronces naturales". La técnica del cobre no tardó en difundirse por todo el Próximo Oriente. coincidiendo con el nacimiento de las primeras civilizaciones históricas de la zona, principalmente Sumeria y el Antiguo Egipto; pero muchos estudiosos consideran que pudo inventarse en fechas muy parecidas en otras partes del Viejo Mundo. Concretamente en Europa hay un avanzado núcleo calcolítico en los Balcanes que incluye ocasionalmente objetos de cobre fundido entre sus hallazgos del IV milenio a.C. (cultura Gulmenita) y todo parece apuntar hacia una invención local. Durante el siguiente milenio y también con carácter autóctono. se detectan procesos metalúrgicos en poblados fortificados del sur de la península Ibérica, como Los Millares o Vila Nova de Sao Pedro. Estos primeros metales se difundieron por la Europa central y mediterránea durante el III milenio a.C., asociados al vaso campaniforme y a la cerámica cordada. En Asia central u oriental no puede hablarse de una Edad del Cobre con entidad suficiente, dada su corta duracion, ya que el desarrollo de la metalurgia en lugares como la India o China comenzó realmente con el bronce. )o()o( EL BRONCE )o( El bronce es el resultado de la aleación de cobre y estaño en una proporción variable. En la actualidad se le añaden otros metales como el zinc o el plomo, creando los llamados bronces complejos. La cantidad de estaño podía variar desde un 3% en los llamados "bronces blandos", hasta un 25% en los llamados "bronces campaniles" (a mayor cantidad de estaño. más tenacidad, pero también menos maleabilidad): en la Prehistoria la cantidad media suele rondar el 10% de estaño. Se supone que fueron los egipcios los primeros en añadir estaño al cobre, al observar que éste le daba mejores cualidades, como la dureza, un punto más bajo de fusión y la perdurabilidad, ya que el estaño no se oxida fácilmente con el aire y es resistente a la corrosión. Además el bronce es reciclable, pudiéndose fundir varias veces para obtener nuevos objetos de otros ya desechados. La técnica de trabajo del bronce es virtualmente idéntica a la del cobre; la única dificultad reside en exceder la temperatura adecuada, lo que podría provocar que el mineral se echase a perder por oxidación. El empleo del bronce se inició en Mesopotamia. Coincidiendo con la transición del III milenio a.C. al II en el Próximo Oriente, se implantó la aleación de bronce y se establecieron las bases de las primeras sociedades estatales complejas, que comenzaron a generar una gran demanda de estaño. Los metalúrgicos de estas áreas, para satisfacer ésta y la de otros metales preciosos, debieron de convertirse también en exploradores a la búsqueda de minas y comerciantes que ofrecían sus productos a cambio de las preciadas materias primas. Los sumerios y sus sucesores, por ejemplo, carecían por completo de minerales metálicos y se sospecha que los importaban de los montes Zagros y del Cáucaso, donde abundan la malaquita y la casiterita. Los antiguos egipcios obtenían la mayor parte del cobre de las minas de Timna, en Aravá, junto al desierto del Néguev, aunque sus relaciones comerciales se extendieron por algunas regiones africanas y por todo el Egeo, penetrando en Europa (piezas de procedencia egipcia aparecen por todo este contiente evidenciando algún tipo de intercambio). Los habitantes de Siria, Palestina, Anatolia y el Egeo dirigieron sus expediciones hacia Europa, remontando el Danubio en busca del estaño de Bohemia y Hungría, o bordeando el Mediterráneo hasta el sur de la península Ibérica, donde obtuvieron el cobre argárico. Es posible que siguieran por el Atlántico hasta alcanzar las islas Británicas, en busca del cobre y el estaño de Cornualles y el oro de Irlanda. Así, en el segundo milenio antes de nuestra era, casi toda Europa entró en la Edad del Bronce. El bronce europeo se caracteriza, en un principio, por una gran varidad de culturas, algunas de las cuales comparten denominadores comunes, como la construcción de túmulos funerarios. Sería muy tedioso citarlas todas, pero cabría destacar, en Europa central, los complejos tecnológicos de Unetice, de los Túmulos y de los Campos de Urnas, que, a pesar de sus evidentes diferencias, parecen compartir cierta continuidad cultural. También habría que mencionar la ibérica de El Argar y todas aquéllas que se desarrollaron en la cornisa atlántica, cuya idiosincrasia pervivió hasta épocas históricas. Por lo que respecta a Asia central, se ignora si la metalurgia del bronce fue inventada allí independientemente o fue una importación desde Mesopotamia. En Pakistán, la Edad del Bronce se inició con la cultura del valle del Indo (desde mediados del III milenio hasta mediados del II milenio a.C.), que carecía por completo de fuentes de abastecimiento mineral. De hecho, se sospecha, por la escasez de objetos de bronce y cobre hallados en yacimientos como Harappa o Mohenjo-Daro, y por el retraso en las fechas respecto a otros pueblos del oeste, que, a pesar de su alto grado de desarrollo, dependían de sus contactos con los elamitas del oeste y, a través de ellos, con los mesopotamicos. Así parecen demostrarlo algunos objetos procedentes del Indo encontrados en la región de Diyala, en el valle del Tigris, y varias tablillas escritas de Larsa (datadas en el 1.950 a.C.). No es seguro, pero parece ser que de ellos tomaron técnicas tan desarrolladas como la utilización de moldes bivalvos, los remaches y las soldaduras para fabricar piezas complejas e incluso el moldeo a la cera perdida, antes del 2.000 a.C.. Sin embargo, segun parece, los objetos de bronce chinos estaban reservados a las élites, pues se han encontrado muy pocas herramientas y muchísimas armas y objetos de culto. Esta situación perduró hasta la generalización del hierro. )o()o( EL HIERRO )o( El hierro es el cuarto elemento más abundante la corteza terrestre. Sin embargo, su utilización práctica comenzó 7.000 años más tarde que el cobre y 2.500 años después del bronce. Este retraso no se debe al desconocimiento de éste metal, puesto que los antiguos conocían el hierro y lo consideraban más valioso que cualquier otra joya, pero se trataba de "hierro meteórico", es decir, procedente de meteoritos. El hierro meteórico era conocido tanto en Eurasia como en América. Aunque durante milenios no hubo tecnología para trabajar minerales ferrosos, en el III milenio a.C. parece que algunos lo consiguieron: en las ruinas arqueológicas de Alaça Hüyük (Anatolia) aparecieron varias piezas de hierro artificial, entre ellas un alfiler, una especie de cuchilla y una esplendida daga con la empuñadura de oro. En el segundo milenio destacan un hacha de combate descubierta en Ugarit y, de nuevo, una daga con la hoja de hierro y una exquisita empuñadura de oro, que formaba parte del ajuar funerario de la tumba de Tutankamón. Las materias primas de estos primeros herreros debieron ser minerales como el hematites, limonita o magnetita, casi todos óxidos de hierro que ya eran utilizados para otros fines en la Prehistoria. por ejemplo para ayudar a eliminar impurezas de la fundición del cobre o como colorantes. De hecho se sospecha que en los hornos de fundición de cobre y bronce pudieron generarse pequeños residuos de hierro casi puro, a partir de los cuales comenzaría el conocimiento de la verdadera siderurgia. Hay antiguos hallazgos de hierro fundido por el hombre desde Siria a Azerbaiyán. Pero ninguno revela cómo fueron obtenidos ni las técnicas usadas. No se conservan ruinas de talleres, ni herrerías, por lo que se ignora de dónde proceden estos objetos, o dónde "se inventaron". Por textos escritos en tablillas cuneiformes se sabe que los hititas fueron los primeros en controlar e, incluso, monopolizar los productos de hierro fabricados a mediados del II milenio. Enviaban sus objetos a los egipcios, sirios, asirios, fenicios... Pero su producción nunca fue abundante. De hecho, muchos de los envíos eran regalos con finalidad diplomática, pues el hierro era diez veces mas valioso que el oro y cuarenta veces más costoso que la plata. Cuando el Imperio hitita fue destruido por los Pueblos del Mar, hacia el 1200 a.C., los herreros se dispersaron por Oriente Medio. difundiendo su tecnología: de este modo comienza la Edad del Hierro en el Próximo Oriente. Fabricar hierro seguía un procedimiento muy distinto al del cobre y el bronce, primero porque había que conseguir hornos con gran capacidad calórica: el mineral machacado debía estar totalmente rodeado de carbón de leña (que se consumía en enormes cantidades) y numerosos fuelles que, a través de toberas, insuflaban oxígeno continuamente. El mineral debía ser precalentado en un horno y por medio de golpes se eliminaban algunas impurezas; luego se llevaba al estado incandescente, en un segundo horno, hasta obtener una masa denominada hierro esponjoso, altamente impuro, por lo que volvía a ser golpeado en caliente para refinarlo. Después de un largo y repetitivo proceso de martilleo y calentamiento, evitando que el hierro se enfriase, se obtenía una barra forjada, bastante pura, resistente y maleable. Para las armas y ciertas herramientas, el hierro se templaba enfriándolo bruscamente en agua, lo que provocaba cambios de la estructura molecular y una mejor absorción de carbono. Los testimonios más antiguos del proceso de templado del hierro candente se han hallado en Chipre y datan de 1.100 a.C. Evidentemente, las instalaciones y herramientas de los herreros eran muy diferentes a las de los broncistas. El bronce siguió siendo un metal esencial para las antiguas culturas, sirviendo en campos diferentes en los que no se podía o no se sabía aplicar la tecnología del hierro. El hierro es más abundante que el cobre y, por supuesto, que el estaño, y, una vez dominada la técnica, más barato que el bronce. Cuando los hititas desaparecieron y sus artesanos se dispersaron, la producción de este metal aumentó considerablemente en todo el Próximo Oriente y los centros siderúrgicos se extendieron hasta el Egeo, Egipto e incluso Italia por el oeste: hacia Siria y Mesopotamia por el sur, hacia Armenia y el Cáucaso por el norte, y hacia las grandes civilizaciones asiáticas por el este. )o()o( EUROPA )o( La Edad del Hierro europea comienza poco antes del año 800 a.C. y está protagonizada por pueblos, en su mayoría belicosos, que habitaban poblados fuertemente protegidos por murallas y otros sistemas defensivos. Aunque el hierro fue profusamente empleado para herramientas agrícolas y artesanales, aumentando la productividad y el nivel cultural del continente. Los artesanos de la edad del Hierro europea conocían el hierro carburado: las placas de metal se trabajaban al rojo vivo, pero sin licuar, calentándolas entre carbón de leña para que absorbiese el carbono desprendido en la combustión. También desarrollaron el laminado alternando láminas superpuestas de hierro con más carbono, y que eran más duras, con otras que tenían menos, y eran más maleables, hasta formar un haz que era forjado a unos 200° C, cuando el metal adquiría un color amarillo claro. El calentamiento y martilleo continuo iba eliminando las impurezas y mejorando la calidad del metal hasta que acababa por crear una hoja compacta y muy resistente, al estar compuesto de láminas virtualmente soldadas, microscópicas y de cualidades físicas complementarias. Los europeos también supieron adornar ricamente sus joyas metálicas y sus armas, aprendiendo a engarzar empuñaduras de madera, hueso, marfil y, mejor aún, la técnica del nielado, incrustando barnices o finos hilos de plata formando complicadas filigranas. )o()o( ÁFRICA )o( En África no puede decirse que existieran ni el Calcolítico ni la Edad del Bronce en sentido estricto, a excepción de Egipto y, por influencia de éste, la costa mediterránea, que pudo conocer el bronce en el II milenio a.C.. Se sospecha que la cultura ibérica de El Argar pudo haber influido en la llegada de la metalurgia del bronce a la cordillera del Atlas. Sin embargo, más allá del Sahara estas influencias desaparecen. Así, el África negra conoció un desarrollo muy particular. accediendo a la metalurgia del hierro de manera autóctona hacia el 600 a.C. y sin pasar por las supuestas fases previas. Además de dominar periódicamente las regiones asiáticas de Canaán y el Sinaí, los faraones egipcios controlaban los territorios nubios, situados al sur de la primera catarata del Nilo (Elefantina). Este dominio tuvo especial relevancia al comenzar el I milenio, ya que indujo el nacimiento de un estado independiente, el pais de Kush. Este reino, gobernado por gentes de origen autóctono, fue desplazandose hacia el sur, a medida que la presión de las potencias mediterráneas aumentaba, así, pasó de tener la capital en Kerma (3' catarata del Nilo), a Napata (4' catarata), desde la que, durante un tiempo pudo dominar Egipto (Dinastía XXV, siglos VIII y VII a.C.), brevemente, pues los asirios conquistaron el Delta; por último la capital se trasladó a Meroe (entre la 5ª y la 6° catarata). A diferencia del Egipto faraónico, que siempre careció de materias primas o combustible suficiente, Meroe gozó de una importante industria metalúrgica del hierro, desde antes del 500 a.C.. pues poseía productivos yacimientos metalíferos al norte y abundante madera al sur; de hecho se conservan montañas de escorias de aquella época. Meroe sufrió un continuo aislamiento que le obligó a una economía casi autárquica, hasta que la ciudad fue destruida por los nuba en el 350 d.C.. Cartago, también se asocia a la expansion del hierro por el norte de África, y, aunque tenía relaciones comerciales que se adentraban hacia el corazón del continente, su interés nunca fue el dominio territorial, sino sólo la adquisición de ciertas materias primas y esclavos. Tampoco los romanos tras la conquista se propusieron adentrarse en el desierto, por lo que el resto de África se caracterizaría por un desarrollo cultural singular debido al aislamiento.
 
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